En caliente, por Diego Carasusán*
Victoria agónica
Muchas veces los detalles son más importantes que toda la obra en sí. Por eso, me encanta quedarme con esos pequeños retazos, chispazos geniales que, más allá del hecho del que forman parte, son los que quedan en el recuerdo para siempre.
De la victoria del domingo se me quedaron grabados dos pequeños pedacitos que me alegraron la jornada. Además de los tres puntos balsámicos y cicatrizantes obtenidos ante el Sporting, me encantó una foto que al día siguiente ilustró algunas portadas y crónicas. Se trata de una instantánea en la que los jugadores de la Real celebran un tanto. Si se fijan bien, y se ponen a contar, en ella están todos, excepto Bravo al que la celebración le caía bastante lejos. Todos, los 10 jugadores, unidos en una piña. Ese es el mejor síntoma de que el grupo está unido y comprometido. Y eso no es un detalle menor. Además, si todavía afinan más la vista, comprobarán que de esos 10 jugadores, 9 son canteranos. Todo un lujo y un motivo de orgullo para la familia txuriurdin.
Pero el detalle que me dibujó una sonrisa en el rostro llegó por la noche, tras ver en ETB la repetición del partido. Como es habitual, los periodistas se colocaron en la salida de los espectadores más cercana al Atano e interrumpieron el paso de algunos para preguntarles su opinión sobre el encuentro. Esta vez (y ya era hora) la alegría ganó a la tristeza en las caras de los realistas…, pero ante el micrófono se colocó uno que me llegó al corazón. El periodista le preguntó que qué tal había visto el encuentro y el seguidor le contestó: “Victoria agónica”. “¿Victoria agónica…, con 5-1?”, le volvió a preguntar el reportero. “Sí señor, victoria agónica”, reafirmó el hombre.
Y es así. Quien es realista, y ha reído y llorado con este equipo, sabe que no se puede estar tranquilo nunca. Que nuestra querida Real es capaz de lo mejor y de lo peor, incluso en el mismo partido, en una sola parte, o en unos pocos minutos. Si no, cómo se explica de modo razonable que un mismo jugador marque dos goles en dos minutos y dos minutos después tenga que salir derechito al hospital con la nariz rota. Estoy convencido de que Anoeta está construido sobre un cementerio indio, porque lo que allí pasa no se ve ni en las películas de Steven Spielberg.
Yo era de los realistas que, cuando Griezmann marcó el 5-1, miré el reloj para ver cuánto quedaba…, y no las tenía todas conmigo. Puede sonarles a chiste, pero ya no me fío de nada ni de nadie. Soy de la Real. ¡Qué se le va a hacer!
De la victoria del domingo se me quedaron grabados dos pequeños pedacitos que me alegraron la jornada. Además de los tres puntos balsámicos y cicatrizantes obtenidos ante el Sporting, me encantó una foto que al día siguiente ilustró algunas portadas y crónicas. Se trata de una instantánea en la que los jugadores de la Real celebran un tanto. Si se fijan bien, y se ponen a contar, en ella están todos, excepto Bravo al que la celebración le caía bastante lejos. Todos, los 10 jugadores, unidos en una piña. Ese es el mejor síntoma de que el grupo está unido y comprometido. Y eso no es un detalle menor. Además, si todavía afinan más la vista, comprobarán que de esos 10 jugadores, 9 son canteranos. Todo un lujo y un motivo de orgullo para la familia txuriurdin.
Pero el detalle que me dibujó una sonrisa en el rostro llegó por la noche, tras ver en ETB la repetición del partido. Como es habitual, los periodistas se colocaron en la salida de los espectadores más cercana al Atano e interrumpieron el paso de algunos para preguntarles su opinión sobre el encuentro. Esta vez (y ya era hora) la alegría ganó a la tristeza en las caras de los realistas…, pero ante el micrófono se colocó uno que me llegó al corazón. El periodista le preguntó que qué tal había visto el encuentro y el seguidor le contestó: “Victoria agónica”. “¿Victoria agónica…, con 5-1?”, le volvió a preguntar el reportero. “Sí señor, victoria agónica”, reafirmó el hombre.
Y es así. Quien es realista, y ha reído y llorado con este equipo, sabe que no se puede estar tranquilo nunca. Que nuestra querida Real es capaz de lo mejor y de lo peor, incluso en el mismo partido, en una sola parte, o en unos pocos minutos. Si no, cómo se explica de modo razonable que un mismo jugador marque dos goles en dos minutos y dos minutos después tenga que salir derechito al hospital con la nariz rota. Estoy convencido de que Anoeta está construido sobre un cementerio indio, porque lo que allí pasa no se ve ni en las películas de Steven Spielberg.
Yo era de los realistas que, cuando Griezmann marcó el 5-1, miré el reloj para ver cuánto quedaba…, y no las tenía todas conmigo. Puede sonarles a chiste, pero ya no me fío de nada ni de nadie. Soy de la Real. ¡Qué se le va a hacer!
*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.

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