En caliente, por Diego Carasusán*
Culpables
Después de una derrota tan sangrante como la del domingo es necesario buscar culpables, pero no para despotricar por despotricar, sino con el ánimo de encontrar soluciones y no repetir errores.
El encuentro me dejó varios nombres propios que tuvieron una repercusión transcendental en el resultado final.
El primero de estos nombres propios es el de Montanier. Este hombre sigue sin convencerme lo más mínimo y, lo siento, pero no me cuadran muchas de las cosas que hace. La Real jugó contra el Sevilla un encuentro más que aceptable. Se mostró firme en defensa, creativa en el centro del campo y contundente de cara al gol. El equipo funcionó y, como se suele decir, algo que funciona no conviene tocarlo. Pues nuestro mister no sólo lo tocó, sino que además, y sin motivo aparente, dejó en el banquillo, curiosamente, a los dos goleadores de aquel encuentro: Vela y Pardo. Incomprensible.
El segundo nombre es el del árbitro Teixeira Vitienes, que nos dejó sin un jugador toda la segunda parte. Hasta ese momento, la Real estaba siendo superada por el Granada, pero tenía sus opciones. Tras la roja a Illarra, eso se terminó. La derrota en la segunda parte era cuestión de tiempo y solo tardó en llegar 11 minutos, cuando el Granada subió al marcador el 2-1.
Pero toda queja al árbitro se desmonta cuando se ve a un jugador de la calidad de Carlos Vela hacer lo que hizo en la recta final del partido. Teixeira acababa de expulsar a un jugador local, con lo que las fuerzas volvían a estar igualadas sobre el terreno de juego. El partido ya iba 3-1, pero, con cinco minutos por delante más los cuatro del descuento, a los realistas nos pasó por la cabeza que se podía repetir algún milagro de última hora para empatar el encuentro o, al menos, salvar el goal-average con un rival directo por el descenso. Todo pasaba por sacar algo positivo del lanzamiento de falta posterior a la citada expulsión. El balón estaba ubicado en la banda derecha de nuestro ataque. Los centrales de la Real subieron al área rival. Más de medio equipo esperaba el balón cerrado al área para intentar el gol. Todo podía pasar…, pero Vela estrelló el balón en el jugador que se había puesto de barrera. El Granada montó una rápida contra con todo nuestro equipo en campo contrario y la defensa partida por el eje. Del supuesto 3-2 se pasó en cinco segundos al sonrojante 4-1. Desesperante.
Quedan muchas cosas por corregir en mi querida Real. De un partido a otro se ven genialidades y torpezas del mismo calibre, y eso es lo peor que le puede ocurrir a un equipo que busca su equilibrio.
El encuentro me dejó varios nombres propios que tuvieron una repercusión transcendental en el resultado final.
El primero de estos nombres propios es el de Montanier. Este hombre sigue sin convencerme lo más mínimo y, lo siento, pero no me cuadran muchas de las cosas que hace. La Real jugó contra el Sevilla un encuentro más que aceptable. Se mostró firme en defensa, creativa en el centro del campo y contundente de cara al gol. El equipo funcionó y, como se suele decir, algo que funciona no conviene tocarlo. Pues nuestro mister no sólo lo tocó, sino que además, y sin motivo aparente, dejó en el banquillo, curiosamente, a los dos goleadores de aquel encuentro: Vela y Pardo. Incomprensible.
El segundo nombre es el del árbitro Teixeira Vitienes, que nos dejó sin un jugador toda la segunda parte. Hasta ese momento, la Real estaba siendo superada por el Granada, pero tenía sus opciones. Tras la roja a Illarra, eso se terminó. La derrota en la segunda parte era cuestión de tiempo y solo tardó en llegar 11 minutos, cuando el Granada subió al marcador el 2-1.
Pero toda queja al árbitro se desmonta cuando se ve a un jugador de la calidad de Carlos Vela hacer lo que hizo en la recta final del partido. Teixeira acababa de expulsar a un jugador local, con lo que las fuerzas volvían a estar igualadas sobre el terreno de juego. El partido ya iba 3-1, pero, con cinco minutos por delante más los cuatro del descuento, a los realistas nos pasó por la cabeza que se podía repetir algún milagro de última hora para empatar el encuentro o, al menos, salvar el goal-average con un rival directo por el descenso. Todo pasaba por sacar algo positivo del lanzamiento de falta posterior a la citada expulsión. El balón estaba ubicado en la banda derecha de nuestro ataque. Los centrales de la Real subieron al área rival. Más de medio equipo esperaba el balón cerrado al área para intentar el gol. Todo podía pasar…, pero Vela estrelló el balón en el jugador que se había puesto de barrera. El Granada montó una rápida contra con todo nuestro equipo en campo contrario y la defensa partida por el eje. Del supuesto 3-2 se pasó en cinco segundos al sonrojante 4-1. Desesperante.
Quedan muchas cosas por corregir en mi querida Real. De un partido a otro se ven genialidades y torpezas del mismo calibre, y eso es lo peor que le puede ocurrir a un equipo que busca su equilibrio.
*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.

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