My way. Carta a Cándida (III)
Estimada Cándida:
¿Qué, Cándida, respiras mejor? Pues no estamos como para echar cohetes. A dos puntos del descenso, en el último vagón de la clasificación, con un promedio de 40 puntos raspados a final de temporada –que se antojan insuficientes este año- y con Mestalla, Atlético de Madrid, Sporting y el Camp Nou en el horizonte no es como para estar tranquilos. Menos si le añadimos que tenemos, como mínimo, un partido extra, el de hoy en Mallorca, hasta donde espero sea maravilloso viajar. Y si va según lo previsto o si, en otras palabras, Montanier sigue haciendo "cosas lógicas", habrá otros dos de cuartos.
Todo era mucho más sencillo de lo que nos proponíamos la última vez que te escribí, Cándida. Incluso de lo que pensaba Jokin Aperribay a comienzos de noviembre. En esa aciaga noche en la que, con el grueso de las acciones bajo el brazo, desafió torpemente a votar en contra de la ratificación del consejo a aquellos detractores de Montanier.
Digo que todo era mucho más sencillo. La Real, como cualquier club de elite, tiene a su alrededor una serie de pesos pesados que trata de marcar el paso. Normal. Si el iraní Ahmadineyad cuenta con la Guardia Revolucionaria Islámica, el técnico realista tiene encima a la Guardia Conservadora de la Lógica-y-Coherencia. Esos que en estas últimas semanas se han puesto a repartir credenciales de lógica-y-coherencia "porque Montanier ha entrado en razón". En la razón de ellos, añado.
Recuerda el mes pasado, Cándida: se pusieron a repartir lógica-y-coherencia como quien en la entrada de la iglesia reparte los cuadernillos de las canciones. Los mismos que pasaron en dos tardes del "vade retro, Montanier" al, de nuevo, "alabaré, alabaré, alabaré, alabaré, alabaré a Montanier". Un francés muy de Francia que, pese a las críticas, sigue adelante como si nada con las líneas maestras de su propuesta.
La mejora de juego (y resultados) no es casual, aunque los detractores del galo, hoy aduladores, mañana detractores, en nada hayan contribuido. Noviembre fue un mes duro, en el que algunos, con tal de salvar su cabeza, fueron capaces de agitar una bestia que de tanto devorar entrenadores ya se fue a Segunda en 2007. Desde algunos columnistas desesperados en la segunda curva de la larga Liga hasta agentes de la masa social que estaban llamados a papeles más serios, muchos se sumaban a esa microhisteria colectiva del relevo en el banquillo y la dirección deportiva. Anoeta, sorpresa, fue más sensata. Abucheó a Loren (se ve que no lo suficiente) y silbó decisiones, sustituciones, concretas del francés. No fue más allá de los comentarios de extrañeza (y pavor) que provocaban algunas de esas determinaciones, difíciles de entender en un primer momento.
Esas mismas decisiones que le han ayudado a remontar el vuelo. Las que la Guardia Conservadora de la Lógica-y-Coherencia aplaude con las orejas. Similares a las que Coleman, por ejemplo, llevó a cabo una vez tomó contacto en sus primeros meses en la Real. Así, Cándida, fíjate en el campo, donde se meten y se evitan los goles. Coherencia aparte, la mejor incorporación ha sido la de la continuidad, no tanto del once, sino de la idea de un juego cuyo máximo estandarte ha vuelto a ser el gran capitán. La recuperación de Mikel Aranburu, además del regreso de gente como Griezmann o Elustondo, es la mejor nota positiva que deja la remontada de la Real.
Porque con Mallorca, Valencia, (Athletic/Albacete,) Atlético de Madrid, Sporting y Barcelona en el horizonte, figuras como la del capitán de la Guardia del Campo, la única que habla en el campo y vale de verdad, tranquilizan a cualquiera. Aunque los de la Guardia de la Lógica-y-Coherencia permanecen como el cocodrilo que descansa en las mansas aguas acechando su merienda. Sin desaparecer. "Es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza", dijo Machado, y parece que unos pocos de esos que decían no entender nunca a Montanier se han empeñado en fundar una ganadería para correr en sanfermines. Jugamos mejor y hemos enlazado seis partidos sin perder, Cándida, pero no esperes que todos los domingos hasta mayo sean de picnic.
Con Dios.
¿Qué, Cándida, respiras mejor? Pues no estamos como para echar cohetes. A dos puntos del descenso, en el último vagón de la clasificación, con un promedio de 40 puntos raspados a final de temporada –que se antojan insuficientes este año- y con Mestalla, Atlético de Madrid, Sporting y el Camp Nou en el horizonte no es como para estar tranquilos. Menos si le añadimos que tenemos, como mínimo, un partido extra, el de hoy en Mallorca, hasta donde espero sea maravilloso viajar. Y si va según lo previsto o si, en otras palabras, Montanier sigue haciendo "cosas lógicas", habrá otros dos de cuartos.
Todo era mucho más sencillo de lo que nos proponíamos la última vez que te escribí, Cándida. Incluso de lo que pensaba Jokin Aperribay a comienzos de noviembre. En esa aciaga noche en la que, con el grueso de las acciones bajo el brazo, desafió torpemente a votar en contra de la ratificación del consejo a aquellos detractores de Montanier.
Digo que todo era mucho más sencillo. La Real, como cualquier club de elite, tiene a su alrededor una serie de pesos pesados que trata de marcar el paso. Normal. Si el iraní Ahmadineyad cuenta con la Guardia Revolucionaria Islámica, el técnico realista tiene encima a la Guardia Conservadora de la Lógica-y-Coherencia. Esos que en estas últimas semanas se han puesto a repartir credenciales de lógica-y-coherencia "porque Montanier ha entrado en razón". En la razón de ellos, añado.
Recuerda el mes pasado, Cándida: se pusieron a repartir lógica-y-coherencia como quien en la entrada de la iglesia reparte los cuadernillos de las canciones. Los mismos que pasaron en dos tardes del "vade retro, Montanier" al, de nuevo, "alabaré, alabaré, alabaré, alabaré, alabaré a Montanier". Un francés muy de Francia que, pese a las críticas, sigue adelante como si nada con las líneas maestras de su propuesta.
La mejora de juego (y resultados) no es casual, aunque los detractores del galo, hoy aduladores, mañana detractores, en nada hayan contribuido. Noviembre fue un mes duro, en el que algunos, con tal de salvar su cabeza, fueron capaces de agitar una bestia que de tanto devorar entrenadores ya se fue a Segunda en 2007. Desde algunos columnistas desesperados en la segunda curva de la larga Liga hasta agentes de la masa social que estaban llamados a papeles más serios, muchos se sumaban a esa microhisteria colectiva del relevo en el banquillo y la dirección deportiva. Anoeta, sorpresa, fue más sensata. Abucheó a Loren (se ve que no lo suficiente) y silbó decisiones, sustituciones, concretas del francés. No fue más allá de los comentarios de extrañeza (y pavor) que provocaban algunas de esas determinaciones, difíciles de entender en un primer momento.
Esas mismas decisiones que le han ayudado a remontar el vuelo. Las que la Guardia Conservadora de la Lógica-y-Coherencia aplaude con las orejas. Similares a las que Coleman, por ejemplo, llevó a cabo una vez tomó contacto en sus primeros meses en la Real. Así, Cándida, fíjate en el campo, donde se meten y se evitan los goles. Coherencia aparte, la mejor incorporación ha sido la de la continuidad, no tanto del once, sino de la idea de un juego cuyo máximo estandarte ha vuelto a ser el gran capitán. La recuperación de Mikel Aranburu, además del regreso de gente como Griezmann o Elustondo, es la mejor nota positiva que deja la remontada de la Real.
Porque con Mallorca, Valencia, (Athletic/Albacete,) Atlético de Madrid, Sporting y Barcelona en el horizonte, figuras como la del capitán de la Guardia del Campo, la única que habla en el campo y vale de verdad, tranquilizan a cualquiera. Aunque los de la Guardia de la Lógica-y-Coherencia permanecen como el cocodrilo que descansa en las mansas aguas acechando su merienda. Sin desaparecer. "Es propio de hombres de cabezas medianas embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza", dijo Machado, y parece que unos pocos de esos que decían no entender nunca a Montanier se han empeñado en fundar una ganadería para correr en sanfermines. Jugamos mejor y hemos enlazado seis partidos sin perder, Cándida, pero no esperes que todos los domingos hasta mayo sean de picnic.
Con Dios.

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