06/01/11

En caliente, por Diego Carasusán*

Buenos propósitos

Quién me iba a decir que uno de los propósitos hechos tras engullir las uvas de Nochevieja iba a morir tan sólo tres días después. Y es que eso de intentar no decir tacos, palabrotas o exabruptos varios se terminó cuando en La Romareda nos volvieron a endosar por el trasero un nuevo gol en el minuto 90. Ya son demasiadas las veces en las que nuestros jugadores dejan escapar puntos en la recta final de los partidos. Esto es algo que viene de lejos, con lo que no es casualidad y, por lo tanto, alguien tendrá que tomar cartas en el asunto.

Otro de los propósitos que hice ante José Mota y Anne Igartiburu fue intentar ser menos pesimista. Por eso, y una vez digerida la mala leche del partido de Zaragoza, toca de nuevo mirar al futuro más inmediato que pasa por la visita del Sevilla, uno de los ‘grandes’ de los últimos años que parece venido a menos. En cualquier caso, y atendiendo a nuestra ‘solidaridad’ con los equipos moribundos, no descarten ustedes que Anoeta sea escenario el sábado de una nueva resurrección de cadáveres. Además, entre los visitantes estará el ‘niñico’ Jesús (Navas), que el otro día renació en su particular pesebre del Pizjuán; y un negro de dos metros conocido como Kanouté que bien podría pasar por el mismísimo Rey Baltasar. Sólo pido que ninguno de los dos nos ‘ablande’ de nuevo el corazón.

El tercer propósito que realice es intentar no hablar mal de nadie, por eso me reservo mi opinión sobre el apoyo de ocho de nuestros jugadores a la manifestación que se celebrará el sábado en Bilbao en favor del traslado de los presos de ETA a cárceles vascas.

Considero que cada uno es libre de apoyar lo que sea siempre que se haga a través de medios pacíficos de acuerdo con el Estado de Derecho en el que vivimos. Pero, como seguidor y socio realista, considero que la toma de estas posturas públicas no hacen ningún bien ni a los jugadores, que tienen que salir al campo y soportar todo tipo de improperios además de la animadversión de más que un árbitro; ni a los aficionados, que se la ‘juegan’ cada vez que van a ver a la Real lejos de Anoeta; ni al club como institución, que volverá a ser víctima de los estigmas que muchos cortos de mente siguen imponiéndole.


*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.

04/01/11

Jornada 17: Real Zaragoza 2-1 Real Sociedad

Puntapié



¿Quién se esperaba que el árbitro hubiera anulado un gol al Zaragoza en el minuto 89 y hubiera pitado un penalty a Tamudo en el minuto 92? Alguien que confía en la pureza de la competición, en la limpieza de la Liga, en que el partido llegaría al final resuelto para un lado u otro o, si ese no era el caso, en la inviolabilidad de la voluntad de un tipo como Fernando Teixeira Vitienes.

Un mal árbitro -y más si viene sospechosamente resacoso, tal y como se ha visto en otros partidos de esta jornada- es capaz de hacer descalabrar un encuentro que va hacia el empate. Más lo puede descuajeringar si su conciencia -sí, la tiene, aunque solo se inquieta cuando hacen pupa a un lado- y todo el equipo blanquillo le dicen que por pésima colocación, ha facilitado un gol de la Real. "Eso no puede ser".

La Real no arrancó mal, le aguantó el tanteo inicial al conjunto de Javier Aguirre, pero se deshizo con rapidez. Y más que se desharía cuando un mal Mikel González era superado una y otra vez por la velocidad de un ariete como Sinama Pongolle, descartado en dos ocasiones por la secretaría técnica de Zubieta. Todo aquello de jugar con la imperiosa necesidad de ganar que tenía el colista se iba al traste en apenas diez minutos. Nadie en Anoeta necesitaba que se lo recordaran, pero el zaragocista Bertolo lo hacía: "Han perdido bastantes partidos y encajan bastantes goles, por eso es un enfrentamiento en el que debemos ser protagonistas".

Dicho y hecho. Los locales llegaban por oleadas a la meta de un Bravo mejor que en tardes anteriores, pero lejos del estelar de otras. El Zaragoza se merecía un segundo tanto que, vistas sus prisas y agobios, no era capaz de atinar. Menos lo haría tras el 32', cuando salía desde atrás, con sus jugadores cambiando de chip, y un Teixeira Vitienes, mal colocado, cortaba un pase que habilitaba a Llorente, que ve que Zurutuza ve a Prieto para que el donostiarra empate. Visto y no visto, la Real igualaba un partido que hasta entonces merecía perder.

Y la situación era tan mala porque el doble pivote Markel-Elustondo no funcionaba más por culpa del segundo que del primero, porque Estrada no es Martínez y porque Llorente estaba tan desaparecido en combate que entre él y los tres de arriba no fueron capaces de forzar un heroico saque de esquina hasta la segunda parte. Porque atrás, De la Bella sigue sin ser ese De la Bella al que la Real quería renovar, Estrada no es Martínez ni lleva su rodaje ni tampoco González al comienzo del choque era el González de siempre. La consecuencia, una de tantas, era que los balones divididos tenían poco de partidos: todos caían del mismo lado. Y ponían rumbo a Bravo. Y la ponía en juego. Y vuelta a perder. Nuevo balón dividido. Y... Un despropósito tras otro hasta el más grande de todos: el de Teixeira Vitienes.

La Romareda no perdonó. Los futbolistas de Aguirre protestaron más que lo que Noé protestó ante Dios por el Diluvio Universal que le trastocaba los planes del domingo. Aquel al menos se guardó la ropa y se apañó un barco. 1-1: parecía inamovible. Tan solo parecía.

En la segunda parte, otra distinta, con poco que ver con la anterior respecto al juego, la Real llegó a sacar córners, aunque concedió tres faltas en contra -la última acarreó una amarilla para un Griezmann que no estará ante el Sevilla- desde el mismo vértice del área que Paredes no acertó a marcar, gracias a Bravo. El partido cada vez se agitaba más, más ida y vuelta. Más.

El Zaragoza necesitaba los tres puntos. ¿La Real? Bien, gracias. Su técnico, Martín Lasarte, ejecutó el clásico cambio Tamudo-Llorente y esperó. Veinte minutos. Para entonces, su oponente había puesto sobre el campo a Lafita -antes que Tamudo- y a Marco Pérez. Para entonces, Elustondo, Griezmann y el propio atacante catalán de la Real habían dispuesto del 1-2. De hecho, Zurutuza llegó a marcar pero cometiendo falta en ataque para Teixeira Vitienes. Para entonces, Ponzio, a quien Aguirre sentó el primero (59'), se libró de una tarjeta roja clamorosa tras agredir a Zurutuza (51'). Teixeira, la Expo del Agua y la virgen del Pilar.

El Zaragoza disponía de sus aproximaciones, pero carecía de la puntería que Ponzio había tenido. Lasarte, ya del 85' en adelante, no tenía mayor historia que hacer. Y así lo reconoció en sala de prensa. "Faltaban pocos minutos para arriesgar". Estaba dispuesto a cambiar, no tanto porque su equipo tuviera carencias en defensa o en ataque -las tenía- sino porque la cuestión era perder tiempo. Daba igual Sarpong, vestido de bonito en la banda para salir, que Labaka, que se preparó cuando al cuadro técnico realista se le adelantaba el maño dando entrada a Braulio a la desesperada.

La Real, lejos de proponer, se veía obligada a cambiar rápido sus planes y perdía la iniciativa hasta con los cambios, aunque Aguirre hubiera sacado a Braulio de todas maneras. Daba igual todo porque "faltaban pocos minutos para arriesgar". Exacto: al Zaragoza, cuyos únicos argumentos sólidos eran un público protestón hasta decir "basta" y una necesidad imperiosa de ganar, le quedaban los mismos minutos. Lasarte se quedó con un pie en la opción de sacar a Sarpong, otro en la de Labaka y Braulio le metió el puntapié en la entrepierna.

Y aquí vuelve a aparecer Teixeira Vitienes. Sin ningún tinte racista, la jugada del segundo tanto zaragocista es negro de las camisetas de la Real sobre el blanco local. Fácil de ver, casi imposible de pitar con un público tan protestón y de gatillo fácil. La imagen congelada de la televisión no deja lugar a dudas sobre la posición del colombiano Marco Pérez. Luego habría tiempo para olvidarse de un penalty de Contini a Tamudo. Todo muy intenso, como el golpe en la entrepierna.

Una patada de las que corta la respiración. Porque el mayor daño que puede provocar un árbitro no es la anulación de goles, el envío de penalties al limbo, la validación de tantos irregulares o la pérdida de puntos en última instancia, sino que tape las críticas al juego de un equipo. El mayor perjuicio de un colegiado como este Teixeira Vitienes -o aquel Bernabé García tras aquel partido contra el Zaragoza en Anoeta (en movimiento, que duele más)- no es lo que ocurre en el campo, sino el halo revuelto que deja en una opinión pública centrada solo en censurar a un colegiado cuyo apellido, como cualquier dinastía de culebrón, no ha hecho más que perjudicar a la Real. Aquel equipo de Lillo, que aspiraba al ascenso y no podía fallar, entró en una racha de cuatro consecutivos sin sumar tres puntos de golpe. Aunque fuera en la entrepierna.


Ficha técnica
Real Zaragoza: Leo Franco, Diogo, Contini, Jarosik, Paredes, Gabi (cap.), Ponzio (Lafita, min. 60), Jorge López (Marco Pérez. min. 67), Ander, Bertolo (Braulio, min. 87), Sinama Pongolle.

Real Sociedad: Bravo, Dani Estrada, Ansotegi, Mikel González, De la Bella, Markel, Elustondo, Xabi Prieto, Zurutuza (Aranburu, min. 82), Griezmann y Llorente (Tamudo, min. 63).

Goles: 1-0 Sinama, min. 9; 1-1 Xabi Priieto, min. 32; 2-1 Braulio, min. 89.

Árbitro: Teixeira Vitienes (colegio cántabro). Amonestaciones a Paredes, Ponzio, Gabi; y Griezmann.


- Crónica EFE.
- Crónica web Real Sociedad.
- Crónica de Juan Rodríguez Millán.
- Acta RFEF.