06/12/11

My way. Carta a David

Estimado David:

Seré breve. Seguimos de frenopático, pero hay estabilidad. Por un lado están esos a los que no les convencía la idea de destituir a Martín Lasarte y quieren relevar a Philippe Montanier y, por el otro, esos -como un servidor- a los que no les convencía cambiar a Martín Lasarte y tampoco les va la idea de cesar al galo. Una idea con cada vez menos predicamento entre una afición que blandía cuchillos hace pocos días. La Real ha encadenado siete puntos de nueve (sí, tras una racha precedente de echarse a llorar y no parar hasta 2012) y eso da aire, pero no es la única razón.

La defensa de Montanier ha crecido en algunos casos hasta la categoría de peligroso dogma por todos y cada uno de los palos exagerados que ha recibido. Claro que no es excusa, David: el técnico realista ha cometido errores, y de bulto y hay que señalarlos, pero hay quien ha tomado al entrenador como el pimpampum con el que desfogarse de cualquier insatisfacción vital. Quizá porque sean nostálgicos incorregibles de entrenadores pasados, que siempre fueron mejores. O igual cargan contra el francés, el fichaje estrella del pasado verano, como forma de protestar contra la dirección deportiva.

A saber, pero se empieza por confundir la opinión publicada con la opinión pública y se termina mezclando la ficción y la realidad. Acabamos por asumir como natural aquel discurso que un domingo descalifica a Montanier por haber dejado escapar un 0-2 que debía ser 0-4 y la semana siguiente, cuando quien remonta es su equipo, dice que el galo se aprovecha de la flor que tiene ahí y que Pepe Mel jamás hubiese tenido. Se le pidió que hiciera un once coherente. Cuando ganó con él en el campo (en realidad, venció el equipo), la petición fue la de repetir la alineación. Cuando lo hizo y marcó Diego Ifrán, los insatisfechos bramaron por qué el uruguayo no era titular.

No les falta razón, David, pero hablan como si solo ellos la tuvieran. La grada que pide la dimisión de Loren en función de si Mikel Gonzalez falla y la Real encaja un gol tiene el consejo de administración que se merece. El que quiso fichar a Marcelo Bielsa y trajo a Montanier. El consejo que no decapita al entrenador francés si Iñigo Martinez hace su aparición mariana y marca en Sevilla. El consejo que a las 17.40 horas del domingo podía sopesar si comunicar el despido de Montanier esa misma tarde o esperaba al día siguiente y diez minutos después se envainaba la espada. El consejo del rumbo impeturbable y el salto de calidad.

En la semana en la que se cumplirán trece años desde que Aitor Zabaleta fuera asesinado en las puertas del Vicente Calderón, el primer salto vino por el gol del empate y el segundo, por el de la victoria. Y gracias. El de calidad, llegará, pero no será cosa de dos meses ni de alimentar la pasión por los cambios compulsivos de entrenador. Tampoco les falta razón a aquellos que critican con el absurdo argumento de que la Real no mereció ganar al Málaga (los goles, dijo Di Stéfano, no se merecen, sino que se marcan), pero son los mismos que callaron cuando en Sevilla los realistas (últimos) pusieron los méritos en una balanza que cayó del lado visitante.

Hay quien, como tú, pide la destitución de Montanier convencido que será beneficiosa para la Real. E incluso dais razones futbolísticas. Respeto total. Otros detractores del galo (quizá la mayoría), en cambio, se ha movido al paso que han marcado cuatro que lo mismo les ha importado dudar de la profesionalidad del francés como de la de sus jugadores y la cama que se estaba haciendo. Los mismos a los que una victoria (¿de su equipo?) en Sevilla les desencajó la cara.

Los que anteayer apaleaban al entrenador (¿de su equipo?) y ahora viven como desconcertados. Por mucho que fuera fácil emocionarse con el gol de Ifrán pensando en ese uruguayo que pelea por jugar siquiera un minuto, en ese Montanier decapitado en vida que huía otra vez del cadalso o trayendo a la mente a la propia piña de jugadores. Porque lo más vibrante del tanto del charrúa, repasa las imágenes, David, no es cuando el balón rebasa la línea de gol sino cuando, en plena carrera, Diego, en vez de chutar, hace coincidir uno de sus pasos de la diestra para empujar el balón al fondo de la portería con un sutil toque engañoso. Ese par de metros en los que el balón no es de nadie, solo del gol.

Con todo esto, hay dos cosas claras. La primera es que el sector hostelero puede vivir tranquilo pese a la pérdida de El Sol. Por mucho que el festival publicitario se haya mudado a Bilbao, el ritmo de entrenadores que han hablado con el consejo y se han hospedado en Donostia puede ser suficiente para aguantar el tirón.

Y te diré la segunda, que llega Turienzo y tenemos que terminar. Que con un equipo entrenado por Philippe Montanier podemos llegar a cualquier sitio. Desde a bajar a Segunda hasta a salvarnos con solvencia, buen juego y aguante físico. Y sin que pueda ser el pan nuestro de cada día, hay veces que toca acabar con cuatro delanteros y a lo loco como el domingo. A toque de corneta y tentetieso. Pero ganando. No como, por ejemplo, el Betis hace una semana.

Con Dios.