05/11/11

My way

Es lo que hay


El consejo de administración de la Real sacó adelante casi por unanimidad en la junta del jueves todo lo que se propuso. Solo 1.589 acciones de las 131.551 que componen la sociedad se opusieron a la ratificación de los 13 consejeros, el punto que más atención atraía de la cita del jueves. A ella acudieron 47.825 acciones entre presentes y delegadas. El resto se quedó en casa, donde no pudieron tener cumplida cuenta de lo ocurrido en directo. Ni siquiera por la web del club. No se perdieron nada.

El jueves por la mañana lo dije: llevar varios años en un sitio es sinónimo de respaldar primero unos planteamientos y luego otros, según el momento. También respecto a los entrenadores. El presidente de la Real, Jokin Aperribay, muy vehemente el jueves y quizá fruto de un calentón, lanzó en la junta la frase que le perseguirá hasta que deje la presidencia: “Montanier no se va a ir mientras estemos en el Consejo”.

Incluso quien se sabía respaldado por un gran número de acciones pero suplicaba apoyo y unidad cuando las cosas venían mal dadas desafió a los discrepantes: “Si no están de acuerdo, voten en contra de nuestra ratificación”. Luego, ante la prensa, vino la matización: “Los resultados mandan y un consejo no puede vincular su futuro a un entrenador. Pero es verdad que si no tuviéramos confianza en él, ya estaría cesado”.

Iluso, uno esperaba por parte de unos y de otros menos numantinismos y más proyectos y argumentos, réplicas y contrarréplicas. Uno de los propósitos estrella del consejo fue uno que ya tuvo un apoyo explícito en la junta de diciembre de 2010. Once meses después, solo sabemos que Andoni Iraola será el que coordine los trabajos de la fundación. Para octubre de 2012 quizá haya alguna otra novedad.

La remodelación de Anoeta, “el mejor fichaje que podemos hacer”, tiene muchos interrogantes encima. El club apuesta por ella, pero primero está el obstáculo del propietario del estadio y, luego, la manera en la que se ejecutaría semejante obra. La pasta. La Real necesita un campo de fútbol para, como bien dijo Aperribay, explotarlo como tal. Y, luego, solo después de los nuevos recursos, que los aficionados estén más cerca del césped. El consejo hace bien en convertirlo en su piedra angular, pero vistos los tiempos en los que está el proyecto (conversaciones con el Ayuntamiento, etc.) no suelta más prenda de cómo y qué quiere hacer. A día de hoy suena como quien dijera que “Messi sería el mejor fichaje”. Bien, vale, ¿cómo?

Una y otra vez se habla de los abonos del resto de la Liga y se intenta concienciar a la masa social –más importante que la accionarial- de que para competir en igualdad de condiciones, hay que subir las cuotas. Como si la igualdad de esas condiciones fuera solo ingresar lo mismo por abonados, como si tuviéramos detrás una diputación como la de Bizkaia o como si detrás del club hubiera ese accionista mayoritario que si hace falta, apoquina de su bolsillo. ¿Cuánto dinero pone la Diputación de Gipuzkoa en la Real? Ni un euro debería. ¿O ponen los grandes propietarios dinero de su bolsillo más allá del que pusieron en su día para comprar las acciones como ocurre en otros clubes?

Hace apenas un mes reconocía Aperribay que él se fija “muy poco en el Athletic, ni para lo bueno ni para lo malo”. El Athletic ingresa unos 20 millones de euros por este concepto, mientras que la Real, 7,7, pero se plantea subir los abonos un 5%. ¿Y la diferencia cómo se va a seguir reduciendo?

Conviene tener memoria: el consejo de Miguel Fuentes planteó en diciembre de 2005 (anteayer) incrementar el precio de los abonos un 25% de media para que el seguidor viera lo que vio. “Si no subimos las cuotas, no podremos mejorar el espectáculo”, dijeron entonces y los consejeros actuales también dirán. Es posible, pero eso no depende tanto de las cuotas, sino del ojo clínico de la dirección deportiva. Quizá cuanto más recursos tenga, la probabilidad de acertar debería aumentar. Pero no por sacar cinco delanteros, dicen los técnicos, se ataca mejor. Con los fichajes, lo mismo: no por tener más dinero... Los fichajes más multimillonarios de la Real –salvo la locura de los 18 millones por Westerveld, Nihat y Kovacevic- han sido los mayores fiascos de la historia de este club. Ya que tanto se mira a Bilbao, no estamos para reírnos de la de Roberto Ríos.

Recursos comerciales y abonos aparte, el tercer tercio de los ingresos con los que debe contar un club equilibrado es la televisión donde, a la vista del nuevo contrato, la gestión positiva ha sido tan incuestionable que solo cabe felicitar. Entre las retransmisiones no entrará, claro, emitir unas juntas de accionistas que cada día más pobres, decepcionantes y con menos interés.

No hay debate, no hay preocupación por parte de la mayoría de los accionistas y los consejos abren el turno de ruegos y preguntas por obligación. Dejan los micrófonos a unos pocos accionistas y luego acaban por despachar las cuestiones (menos incómodas, por lo general) de golpe. En aras de la operatividad y la agilidad, defienden, de un encuentro que se convoca en días que no fomentan la asistencia.

No es excusa, ojo: las acciones se pueden delegar. Pero la conciencia de pertenencia al club –a la espera de la fundación- cada día está más difuminada. Se exige a los jugadores sentir unos colores que, a la hora de la verdad, la mayoría de los aficionados se limita –que no es poco- a acudir cada dos domingos a Anoeta. O al bar.

Más allá de los accionistas, ¿hay un sentimiento de pertenencia? ¿Qué le hubiese dicho su aitona, del Athletic, de la Real o del Real Unión, si le hubiera visto de pequeño con la camiseta del Real Madrid o el Barcelona? La Real hoy existe mientras el balón está en juego. A partir de ahí, cada uno en su casa y Dios en la de todos. Aunque haya palcos nuevos que permitan multiplicar los ingresos por el estadio. ¿Qué es ser de la Real, qué supone ser de la Real?

De esta manera, la esperpéntica masa que obligó a la Ertzaintza a escoltar al nuevo consejo en 2008 no ha evolucionado a algo serio y respetable, con argumentos y capacidad de debate. Tampoco las asociaciones que se han creado en la última década en torno al accionista minoritario o a los aficionados han cuajado. Algunos desaparecieron y otros siguen, desconocidos para la gran mayoría de los aficionados.

Así, resulta complicado hallar una masa crítica que acuda e intervenga en las juntas cuyo valor sea alto. Que protagonice intervenciones fáciles de coger, con planteamientos apegados a la realidad de una SAD -que no es una democracia- o incluso que partan de un diagnóstico aproximado de la situación actual del fútbol. Peticiones sabiendo qué es lo que hay.

Se echaron en falta el jueves. Por un lado, al telespectador que quería ver la junta le evitaron por un lado escuchar preguntas extrañas y alguna estrambótica y, por el otro, enfadarse con dos cuestiones. Una, ver cómo las preguntas de los distintos accionistas se hicieron todas seguidas y luego el presidente las despachó a su antojo. Y, la segunda e importante, retroalimentar el enfado deportivo que existe en el ambiente. La mayoría de los accionistas (seguro que ninguno tenía 2.000) se quejó del fútbol que ve en Anoeta, muy diferente al pregonado en los meses de verano. Cada uno es dueño de sus palabras. Porque esto es lo que importa, que el balón entre una vez más en la portería del Rayo que en la nuestra. Lo económico y lo institucional, Montanier mediante, da para lo que da. Al que no le guste, que espabile, porque esto es lo que hay.

1 comentarios:

Oier dijo...

Acabamos de asistir a la respuesta de la primera plantilla sobre las palabras del presidente. Me gustaría saber (dando por cierta la frase) quién(es) fue el jugador que afirmó lo de 'con tiempo, Montanier puede marcar época en la Real'. Si le damos una temporada, bajamos a 2ª en menos jornadas que aquel mítico Logroñés de los '90.