15/11/11

My way. Carta a Sandro

Estimado Sandro:

Sorprendiste la semana pasada a propios y a extraños con tu propuesta de reducir la Liga a 16 equipos. Nosotros estábamos en plena resaca crítica del 4-0 de Vallecas. No te hicimos caso. De hecho, el club como tal no se posicionó ante tu globo-sonda. No es nuevo. El sábado inauguramos la tienda de la plaza Gipuzkoa (cerca de la calle Churruca y tal) y hoy deberíamos inaugurar lo que viene a ser la nueva web. Estamos que lo tiramos. En todos los lados, claro, menos en el campo.

Te sobran, repetiste ayer en Al Jazeera, los equipos cuyos números son más irregulares que la orografía del Himalaya y aquellos comprados por extranjeros peligrosos. Que ya no sé si es cuestión de xenofobia gratuita o un simple y lógico miedo a que un richachón del otro lado del mundo desmonte tu chiringuito de United con la aparición de un City cualquiera por Cornellà-El Prat. Que todo puede ser.

Es normal, y te apoyó Pep, que no podáis jugar como si nada las cerca de cinco docenas de partidos por temporada. Un espectáculo que no hace más que hacer sonar el clin-clin de la caja registradora, eso sí. Añadiste que eso de jugar a la hora del Ángelus, nones de nones: “"Nunca jugaría a las 12 a menos que nos obliguen. Mientras yo sea presidente del Barça, si la decisión es mía, no jugaremos a las 12 porque nuestra tradición es comer en familia y luego, ir juntos al fútbol”. En Anoeta es al revés, de hecho, llevamos décadas fastidiados por no poder hacer el plan este que nos gusta de ir al fútbol y comer. Con resignación y porque sois “democráticos” aceptaste, eso sí, “si la LFP decide que tenemos que jugar a las 12, lo tendremos que hacer”.

Con lo que se ahorra en luz, Sandro, jugando al mediodía. Son todo ventajas, salvo para quien sale el sábado por la noche, claro. Con la liga de 16 equipos, intuyo, habría más presupuesto para todos. Más cuando prometes un reparto (más) equitativo de los ingresos procedentes de la venta de los derechos de televisión. Tras tiempo dándole de comer a la diferencia estructural, nos avenimos a una venta conjunta de derechos. Bienvenido, Sandro, pero las gracias no te daremos por algo con lo que a la larga saldréis ganando, como todos.

Más llama la atención lo de los inversores extranjeros. No te atrae la idea de que el Glazer de turno saque su fajo de billetes en la Liga. A mí, tampoco. Desde pequeñito me contaron que la Real es un club del pequeño accionista y tal y tal y, puestos a elegir, más vale malo conocido. Porque el jeque de turno puede ser bueno, aplicar la pasta con un sentido y una gestión empresarial compatible (¿?) con el respeto al aficionado bufandero. O puede ser un propietario que tiene dinero por castigo pero que tiene tan poca idea de empresa y de fútbol como muchos de los presidentes de la Liga puestos a dedo tras ganar un concurso de incompetencia. Que los hay, Sandro, créeme, los hay.

Una entrada bárbara de capital puede alterar el mapa de la competición hasta límites insospechados. Romper con el mapa de dominación de las dos superpotencias y que emerja un mapa multilateral. Adiós, URSS; adiós, EEUU. Hola, China; hola, India, hola, Brasil; y tal y tal. Existe el riesgo de que estos megapropietarios –que no quiero para la Real- estén un año y, si la cosa se pone fea, se marchen por donde han venido, dejando tras de sí el cadáver de un club con sus decenas de años de historia y a su afición, rota. “Mi pregunta es hacia dónde vamos y qué pasa cuando estos clubes pueden incrementar capital sin límites”, cuestionaste a los asistentes al International Football Arena de Zurich.

Ahora bien, de los petrodólares de Qatar Foundation no hablaremos, supongo, aunque sean un patrocinio, sí. Tienes razón, pero no hablaremos de ello como también pasaremos de puntillas de hacer la Copa del Rey una competición a partido único hasta la mismísima final. Antes de dejar el torneo doméstico en 16, empezar a reducir partidos por la vía rápida, sin enfrentamientos de ida y vuelta. O que la Liga de Campeones sea, de verdad y como antaño, la de los campeones. Entonces, y cuando haya más bases para repartir toda la pasta como debe hacerse, hablamos de tocar la Liga, Sandro.

Con Dios.