My way. Carta a Chris
Dear Chris,
llevamos tiempo sin hablar y ahora que estás en el Larissa griego, miro a Montanier y me acuerdo de ti. Por estas fechas llevabas tiempo en el candelero. ¿Recuerdas? Iñaki Badiola, que hacía poco que había presentado su powerpoint en el María Cristina, decía que el equipo necesitaba unos cinco refuerzos y tú, que no, que con un par de ajustes a lo sumo, bastaba.
La situación se iría enconando hasta tal punto que Steve Kean (al que le sacan avionetas por Blackburn) y tú dijisteis “agur” en perfecto euskera el 16 de enero de 2007. Antes de eso, en tus habituales Postales desde San Sebastián, ya advertiste de que el consejo de María de la Peña “brought me in and I'd feel a sense of duty. I wouldn't be able to stay. I don't work like that" (que eran ellos los que te habían traído y que tendrías "una deuda con ellos", que no serías "capaz de continuar", de "trabajar así").
Entremedias, no te olvides, tuviste tu salida nocturna "hasta tarde a un lugar en el que no debería haber estado". Y contaste al personal la excusa de la lavadora. Aquel domingo no se solucionó el tema y no le ganamos al Celta, no. La semana siguiente la espadita de Damocles la tuviste en Tarragona, donde un gol de Delibasic en la primera parte salvó tu cuello.
Permíteme detenerme en aquel partido de sábado por la tarde en ETB1. Víctor López complicó las cosas al ser expulsado al borde del descanso. Aprovechaste la cuestión para sentar a un mediapunta como Larrea y sacar a Ansotegi. Acabamos, sí, 0-1, y pidiendo la hora. Con Carlos Martínez, Mikel Gonzalez, Ansotegi, Gerardo (vaya, en aquellas también un diestro por la izquierda), Estrada, Elustondo, Garitano, Aranburu y Gari Uranga. Solo te faltaba Demidov, Chris.
En aquellos pocos meses que contamos con tu presencia te dio tiempo a muchas cosas. Nos pusiste a Xabi Prieto fuera de sitio tanto, sobre todo por la izquierda, que hasta llegó a protestar en un verano en el que Salva Iriarte llegó a espetarle que "o renueva o se marcha ya". Nos recibiste en Anoeta (rival: Castellón, 0-2) con un lateral izquierdo como Sarasola al que le hiciste debutar y del que poco más hemos sabido y un centro del campo formado por el doble pivote Aranburu-Garitano y una línea de tres compuesta por Díaz de Cerio por la derecha, Xabi Prieto por el centro y Gari Uranga por la izquierda.
Cuando nadie daba un duro por ti, pese a ganar en Tarragona, recibiste a aquel Málaga imbatido de comienzo imparable (¿cuántos triunfos consecutivos?) dándoles la manija del equipo a Elustondo y Markel en una nublada noche de domingo. Aquel partido llegó tras una semana de polémica con el presidente de entonces, Juan Larzabal. De ahí a marcharte, volviste a ganar tres veces y empataste otras dos, dejando al equipo cuarto, a un punto del ascenso. Insuficiente para algunos.
Vale que aquello era Segunda y esto es Primera, pero quiero que la Real gane igual, en una u otra categoría. Apadrinado por Toshack, arribaste para construir el famoso proyecto del ascenso a tres años. Montanier llegó en verano para el salto de calidad, pero su situación solo invita a saltar por la ventana. La semana pasada lo desquiciaron con su segura destitución. El francés andaría box-to-box, de caja en caja, preparando el camión de la mudanza. Tanto que el domingo llegó la vergonzosa, insólita e intolerable situación en la que importaba más el postpartido que el propio choque. Que daba igual lo que pasara en el campo. ¿Cómo que "igual"?
Pero el remate vino cuando Loren traía cara de pocos amigos al volver a casa. Y no era el único. Quizá con la misma cara se quedó Manolo Jiménez en Sevilla. O donde estuviera. El de destituir a un entrenador después de ganar, y ganar bien pese a esos diez minutos que hay que analizar a fondo y grabarlos a fuego (ya hicimos algo parecido el año pasado en Pamplona, donde nos adelantó Tamudo y perdimos 3-1), será una de las pocas marcas que nos faltan por romper.
El francés, como tú con Steve, está más solo que la una. A ti te pilló un consejo que lo mismo le daba arre que so porque el 3 de enero estaba en su casa. A Montanier, un consejo y una dirección deportiva superados por los acontecimientos y que ni intentan disimularlo. Ahora mismo, el consejo se debate entre hacer uno o dos ridículos. El primero, aguantar a ver si escampa y el jaleo en el que entró el club desde que Aperribay dijo lo que dijo en la junta de accionistas acaba por evaporarse. El segundo, ojalá no se dé, el de anunciar la destitución de Philippe Montanier.
En otras palabras, lo que quiere una grada de Anoeta quemada y frustrada, de gatillo tan fácil como en 2006. Lo que supondría el reconocimiento público del caro fracaso de haber tomado un cambio de rumbo absurdo y de la manera que no había que tomarlo. Y con el descrédito que conlleva desde la dirección deportiva hacia abajo (más, sí, es posible perder más credibilidad). Y también hacia arriba.
Porque de no ganarle al Málaga (tú otra vez en nuestro camino, costasoleño) y de confirmarse el cambio de técnico, a la afición le van a sobrar objetivos y a faltar dianas en las que ponerlos. A ti, querido Chris, te dejamos tranquilo la tarde del choque contra unos andaluces que ya habían sido testigos de una pitada monumental a Astiazarán tres años antes, que derivó en el despido de otro francés y la llegada de Amorrortu. Con ese Markel-Elustondo, solo te miramos raro como quien mira a un gato, a ver qué iba a pasar con ese once que nos ponías, Chris. Claro que a Anoeta íbamos 16.000 sabiendo lo que había. Hoy, 25.000 de paladar sibarita, barceloneo fino y silbido fácil que se pueden dar por satisfechos si les sirven cabeza de entrenador a la francesa. Como si eso lo solucionara todo. Como si ya no pasara nada.
Con Dios, Chris, y que viva Larissa, sí, Larissa Riquelme.
llevamos tiempo sin hablar y ahora que estás en el Larissa griego, miro a Montanier y me acuerdo de ti. Por estas fechas llevabas tiempo en el candelero. ¿Recuerdas? Iñaki Badiola, que hacía poco que había presentado su powerpoint en el María Cristina, decía que el equipo necesitaba unos cinco refuerzos y tú, que no, que con un par de ajustes a lo sumo, bastaba.
La situación se iría enconando hasta tal punto que Steve Kean (al que le sacan avionetas por Blackburn) y tú dijisteis “agur” en perfecto euskera el 16 de enero de 2007. Antes de eso, en tus habituales Postales desde San Sebastián, ya advertiste de que el consejo de María de la Peña “brought me in and I'd feel a sense of duty. I wouldn't be able to stay. I don't work like that" (que eran ellos los que te habían traído y que tendrías "una deuda con ellos", que no serías "capaz de continuar", de "trabajar así").
Entremedias, no te olvides, tuviste tu salida nocturna "hasta tarde a un lugar en el que no debería haber estado". Y contaste al personal la excusa de la lavadora. Aquel domingo no se solucionó el tema y no le ganamos al Celta, no. La semana siguiente la espadita de Damocles la tuviste en Tarragona, donde un gol de Delibasic en la primera parte salvó tu cuello.
Permíteme detenerme en aquel partido de sábado por la tarde en ETB1. Víctor López complicó las cosas al ser expulsado al borde del descanso. Aprovechaste la cuestión para sentar a un mediapunta como Larrea y sacar a Ansotegi. Acabamos, sí, 0-1, y pidiendo la hora. Con Carlos Martínez, Mikel Gonzalez, Ansotegi, Gerardo (vaya, en aquellas también un diestro por la izquierda), Estrada, Elustondo, Garitano, Aranburu y Gari Uranga. Solo te faltaba Demidov, Chris.
En aquellos pocos meses que contamos con tu presencia te dio tiempo a muchas cosas. Nos pusiste a Xabi Prieto fuera de sitio tanto, sobre todo por la izquierda, que hasta llegó a protestar en un verano en el que Salva Iriarte llegó a espetarle que "o renueva o se marcha ya". Nos recibiste en Anoeta (rival: Castellón, 0-2) con un lateral izquierdo como Sarasola al que le hiciste debutar y del que poco más hemos sabido y un centro del campo formado por el doble pivote Aranburu-Garitano y una línea de tres compuesta por Díaz de Cerio por la derecha, Xabi Prieto por el centro y Gari Uranga por la izquierda.
Cuando nadie daba un duro por ti, pese a ganar en Tarragona, recibiste a aquel Málaga imbatido de comienzo imparable (¿cuántos triunfos consecutivos?) dándoles la manija del equipo a Elustondo y Markel en una nublada noche de domingo. Aquel partido llegó tras una semana de polémica con el presidente de entonces, Juan Larzabal. De ahí a marcharte, volviste a ganar tres veces y empataste otras dos, dejando al equipo cuarto, a un punto del ascenso. Insuficiente para algunos.
Vale que aquello era Segunda y esto es Primera, pero quiero que la Real gane igual, en una u otra categoría. Apadrinado por Toshack, arribaste para construir el famoso proyecto del ascenso a tres años. Montanier llegó en verano para el salto de calidad, pero su situación solo invita a saltar por la ventana. La semana pasada lo desquiciaron con su segura destitución. El francés andaría box-to-box, de caja en caja, preparando el camión de la mudanza. Tanto que el domingo llegó la vergonzosa, insólita e intolerable situación en la que importaba más el postpartido que el propio choque. Que daba igual lo que pasara en el campo. ¿Cómo que "igual"?
Pero el remate vino cuando Loren traía cara de pocos amigos al volver a casa. Y no era el único. Quizá con la misma cara se quedó Manolo Jiménez en Sevilla. O donde estuviera. El de destituir a un entrenador después de ganar, y ganar bien pese a esos diez minutos que hay que analizar a fondo y grabarlos a fuego (ya hicimos algo parecido el año pasado en Pamplona, donde nos adelantó Tamudo y perdimos 3-1), será una de las pocas marcas que nos faltan por romper.
El francés, como tú con Steve, está más solo que la una. A ti te pilló un consejo que lo mismo le daba arre que so porque el 3 de enero estaba en su casa. A Montanier, un consejo y una dirección deportiva superados por los acontecimientos y que ni intentan disimularlo. Ahora mismo, el consejo se debate entre hacer uno o dos ridículos. El primero, aguantar a ver si escampa y el jaleo en el que entró el club desde que Aperribay dijo lo que dijo en la junta de accionistas acaba por evaporarse. El segundo, ojalá no se dé, el de anunciar la destitución de Philippe Montanier.
En otras palabras, lo que quiere una grada de Anoeta quemada y frustrada, de gatillo tan fácil como en 2006. Lo que supondría el reconocimiento público del caro fracaso de haber tomado un cambio de rumbo absurdo y de la manera que no había que tomarlo. Y con el descrédito que conlleva desde la dirección deportiva hacia abajo (más, sí, es posible perder más credibilidad). Y también hacia arriba.
Porque de no ganarle al Málaga (tú otra vez en nuestro camino, costasoleño) y de confirmarse el cambio de técnico, a la afición le van a sobrar objetivos y a faltar dianas en las que ponerlos. A ti, querido Chris, te dejamos tranquilo la tarde del choque contra unos andaluces que ya habían sido testigos de una pitada monumental a Astiazarán tres años antes, que derivó en el despido de otro francés y la llegada de Amorrortu. Con ese Markel-Elustondo, solo te miramos raro como quien mira a un gato, a ver qué iba a pasar con ese once que nos ponías, Chris. Claro que a Anoeta íbamos 16.000 sabiendo lo que había. Hoy, 25.000 de paladar sibarita, barceloneo fino y silbido fácil que se pueden dar por satisfechos si les sirven cabeza de entrenador a la francesa. Como si eso lo solucionara todo. Como si ya no pasara nada.
Con Dios, Chris, y que viva Larissa, sí, Larissa Riquelme.

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