My way. Carta al Flaco
Estimado Flaco:
Si fueras de la Real, en días como hoy volverías a fumar. Como una cuadrilla de carreteros, además. No apagarías un pitillo sin sacar el siguiente de la cajetilla. Sin ir a la máquina: “Su tabaco, gracias”. Consumiendo cajetillas, pack-to-pack, box-to-box. En días como hoy recuerdo esa frase que dijiste en una de tus últimas entrevistas a la desgraciadamente extinta Don Balón. Hablabas sobre Rijkaard y el entonces poderoso –su evolución actual es todopoderoso- Barcelona: “Hay pilotos de aire claro y pilotos de tormenta. En aire claro cualquier pelotudo se sube a un avión y lo maneja; cuando viene tormenta ahí te quiero ver”.
El temporal que nos ha bañado este fin de semana ha sido de órdago. En agosto echamos a volar con lo puesto. Un nuevo comandante al que le faltaron algunos slats y flaps hasta que los recibió cuando enfilaba la pista de despegue. Entonces, hacía sol. La gente creía que lo hacía. Se convencieron de ello. Fue despegar, guardar el tren de aterrizaje, cruzar esas montañas y nublarse. Luego se puso a llover. Y, ahora, a soplar unos vientos que el presidente, torpe, avivó el jueves con aquel “si quieren, voten en contra de la ratificación”. Como quien decide meter al avión en zona de turbulencias. A ver qué pasa. Dicen que el paraguas que abrió sobre Loren y Montanier es muy grande y robusto. Pero como todos los paraguas, vale solo cuando llueve, no ya cuando el viento sopla con ganas.
No te voy a aburrir, Flaco. Las cosas por aquí, somos vecinos del Loco, no van bien y buena parte de la afición –la que no tiene acciones de la sociedad- quiere fulminar al entrenador. Montanier es en teoría el Guardiola francés, en la práctica el Clemente normando y, según desveló en la sala de prensa el viernes pasado, el Bilardo resultadista de Vernon. El problema no creo que sea él.
Juanma Lillo era malo. Martín Lasarte, también. Philippe Montanier es malo y ni un triunvirato Bielsa-Guardiola-Michels (lo resucitamos) nos valdría. Cuando eso ocurre, el problema está en otro lado. O no solo está en el banco, también en el césped. Y cuando eso ocurre una y otra vez, hay que preguntar por el responsable. Sí, Flaco, ese que ya no está autorizado para dar más veces al botón de eject, disparar al entrenador de su silla y traer a otro.
Sí, le pondré nombre. Sería incoherente que Loren impulsara la decisión de destituir a Montanier y siguiera en su cargo. Sería incoherente que el consejo fuera quien decidiera motu proprio relevar a Montanier pero dejara a Loren en el cargo. Sería incoherente, desarrollo el primer escenario, que Loren aconsejara cambiar de entrenador, el consejo lo aceptara y le encargara, incluso, que busque un relevo que igual no hace falta ni buscarlo (¡ay!). A la destitución de Lasarte, a la posible de Montanier (aunque haya una rescisión de mutuo acuerdo, como se especula) y a la indemnización pagada al Valenciennes, tendrías que sumarle otra destitución.
La salida de la situación es fácil -otra vez- pero cara. Pocos clubes serios pueden aguantar dos destituciones y sus consiguientes indemnizaciones en seis meses. Y pagar otra tercera compensación a otro club por dejarle sin entrenador. Y un cuarto resarcimiento, al exdirector deportivo. La llegada de los flaps y los slats, esos dos jugadores que -ha quedado demostrado- tienen unas características que no sirven para cubrir las carencias del equipo, lejos de ayudar, hunde más los recursos del club. Y las carencias, como el agua, Flaco, siguen ahí. Con cubrir esas carencias (lateral y delantero) y apuntalar alguna otra posición, bastaba y basta. Incluso con el malo de Montanier en el banquillo.
Uno de sus mayores errores desde que se sienta en Anoeta fue poner a Prieto por la izquierda contra el Real Madrid. Quizás el más grueso. Hubo un día en el que Mikel Alonso y Dalibor Stevanovic cubrieron el centro, Álvaro Novo se fue a la derecha y Prieto, a la siniestra. Luego vino alguna jornada igual de gloriosa que aquella, pero pocos tuvieron la feliz idea de repetir estos experimentos. Montanier situó a Prieto por la izquierda, Flaco, y será su propia experiencia –y no porque alguien del propio club le recomendara no hacerlo- la que le invite a no repetir.
Liga aparte, tenemos dos partidos de Copa que pueden ser más una bomba de relojería que una oportunidad, pero mientras sigamos así, estamos obligados a pensar que es lo segundo. Una cosa es perder perdiendo y, otra, perder haciendo el ridículo. Como quien sale con los despojos de otros equipos y gana (a la Real). Como quien se viste con cuatro harapos puestos lo mejor posible, pero harapos, al fin y al cabo. “Cuando eres pobre, con una chaqueta azul y un pantalón gris vas bien vestido; el problema es cuando tienes mucho dinero y mucha ropa donde escoger: entonces te pones una chaqueta roja y un pantalón verde y es un desastre. Vestirse bien no es un problema de dinero sino de gusto”. Como la mentalidad de un club, que se tiene o no. O como el fichar con tino o sin él, entonces, Flaco.
Con Dios.
Si fueras de la Real, en días como hoy volverías a fumar. Como una cuadrilla de carreteros, además. No apagarías un pitillo sin sacar el siguiente de la cajetilla. Sin ir a la máquina: “Su tabaco, gracias”. Consumiendo cajetillas, pack-to-pack, box-to-box. En días como hoy recuerdo esa frase que dijiste en una de tus últimas entrevistas a la desgraciadamente extinta Don Balón. Hablabas sobre Rijkaard y el entonces poderoso –su evolución actual es todopoderoso- Barcelona: “Hay pilotos de aire claro y pilotos de tormenta. En aire claro cualquier pelotudo se sube a un avión y lo maneja; cuando viene tormenta ahí te quiero ver”.
El temporal que nos ha bañado este fin de semana ha sido de órdago. En agosto echamos a volar con lo puesto. Un nuevo comandante al que le faltaron algunos slats y flaps hasta que los recibió cuando enfilaba la pista de despegue. Entonces, hacía sol. La gente creía que lo hacía. Se convencieron de ello. Fue despegar, guardar el tren de aterrizaje, cruzar esas montañas y nublarse. Luego se puso a llover. Y, ahora, a soplar unos vientos que el presidente, torpe, avivó el jueves con aquel “si quieren, voten en contra de la ratificación”. Como quien decide meter al avión en zona de turbulencias. A ver qué pasa. Dicen que el paraguas que abrió sobre Loren y Montanier es muy grande y robusto. Pero como todos los paraguas, vale solo cuando llueve, no ya cuando el viento sopla con ganas.
No te voy a aburrir, Flaco. Las cosas por aquí, somos vecinos del Loco, no van bien y buena parte de la afición –la que no tiene acciones de la sociedad- quiere fulminar al entrenador. Montanier es en teoría el Guardiola francés, en la práctica el Clemente normando y, según desveló en la sala de prensa el viernes pasado, el Bilardo resultadista de Vernon. El problema no creo que sea él.
Juanma Lillo era malo. Martín Lasarte, también. Philippe Montanier es malo y ni un triunvirato Bielsa-Guardiola-Michels (lo resucitamos) nos valdría. Cuando eso ocurre, el problema está en otro lado. O no solo está en el banco, también en el césped. Y cuando eso ocurre una y otra vez, hay que preguntar por el responsable. Sí, Flaco, ese que ya no está autorizado para dar más veces al botón de eject, disparar al entrenador de su silla y traer a otro.
Sí, le pondré nombre. Sería incoherente que Loren impulsara la decisión de destituir a Montanier y siguiera en su cargo. Sería incoherente que el consejo fuera quien decidiera motu proprio relevar a Montanier pero dejara a Loren en el cargo. Sería incoherente, desarrollo el primer escenario, que Loren aconsejara cambiar de entrenador, el consejo lo aceptara y le encargara, incluso, que busque un relevo que igual no hace falta ni buscarlo (¡ay!). A la destitución de Lasarte, a la posible de Montanier (aunque haya una rescisión de mutuo acuerdo, como se especula) y a la indemnización pagada al Valenciennes, tendrías que sumarle otra destitución.
La salida de la situación es fácil -otra vez- pero cara. Pocos clubes serios pueden aguantar dos destituciones y sus consiguientes indemnizaciones en seis meses. Y pagar otra tercera compensación a otro club por dejarle sin entrenador. Y un cuarto resarcimiento, al exdirector deportivo. La llegada de los flaps y los slats, esos dos jugadores que -ha quedado demostrado- tienen unas características que no sirven para cubrir las carencias del equipo, lejos de ayudar, hunde más los recursos del club. Y las carencias, como el agua, Flaco, siguen ahí. Con cubrir esas carencias (lateral y delantero) y apuntalar alguna otra posición, bastaba y basta. Incluso con el malo de Montanier en el banquillo.
Uno de sus mayores errores desde que se sienta en Anoeta fue poner a Prieto por la izquierda contra el Real Madrid. Quizás el más grueso. Hubo un día en el que Mikel Alonso y Dalibor Stevanovic cubrieron el centro, Álvaro Novo se fue a la derecha y Prieto, a la siniestra. Luego vino alguna jornada igual de gloriosa que aquella, pero pocos tuvieron la feliz idea de repetir estos experimentos. Montanier situó a Prieto por la izquierda, Flaco, y será su propia experiencia –y no porque alguien del propio club le recomendara no hacerlo- la que le invite a no repetir.
Liga aparte, tenemos dos partidos de Copa que pueden ser más una bomba de relojería que una oportunidad, pero mientras sigamos así, estamos obligados a pensar que es lo segundo. Una cosa es perder perdiendo y, otra, perder haciendo el ridículo. Como quien sale con los despojos de otros equipos y gana (a la Real). Como quien se viste con cuatro harapos puestos lo mejor posible, pero harapos, al fin y al cabo. “Cuando eres pobre, con una chaqueta azul y un pantalón gris vas bien vestido; el problema es cuando tienes mucho dinero y mucha ropa donde escoger: entonces te pones una chaqueta roja y un pantalón verde y es un desastre. Vestirse bien no es un problema de dinero sino de gusto”. Como la mentalidad de un club, que se tiene o no. O como el fichar con tino o sin él, entonces, Flaco.
Con Dios.
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