My way. Carta a Lorenzo
Estimado Lorenzo:
Tenía muchas ganas de escribirte. Las decisiones deportivas de la última primavera y el verano que todavía dura son las que han sido y los resultados serán los que darán y quitarán las razones. Era la razón principal por la que me contenía de escribirte. Que hayan aparecido Carles, Pep, Alain, Anxo o José Luis antes ha ayudado a retrasar esta carta hasta hoy.
El verano que nos disteis los moradores de los despachos de Anoeta fue de órdago, Lorenzo. El final de la temporada pasada la marcó la destitución de un Martín Lasarte que, como otros que están fuera de la Real Sociedad hoy, se marchó -como mínimo- molesto con la situación. Y no precisamente por ser apartado de un proyecto que resucitó y condujo más bien que mal. Recordar la agónica semana previa del partido contra el Sporting de Gijón en Anoeta igual resulta útil para entender algunas claves de lo que ocurriría más tarde.
Al terminar la temporada (en Primera División), con Marcelo Bielsa hubo más que palabras, aunque al final del baile -alguien algún día explicará en algún lado aquellas conversaciones- Bielsa dijera que no. Mientras tanto, remontémonos a aquellos días, Jose Javier Barkero, que estaba de camino a Donostia tras su fichaje frustrado de un año atrás, vio cómo se truncaba su incorporación. ¿Por qué?
Vuelvo al partido contra el Sporting y vuelvo a mayo para acordarme del baile que tuvimos, así como las cábalas del posible nuevo entrenador. Jokin Aperribay y tú viajasteis a Francia para reuniros con el que días después sería el nuevo técnico de la Real. Por vuestra parte no había mayor problema, la Liga había terminado, pero la suya, la del Valenciennes, terminaba el domingo siguiente. Si fuera seguidor del equipo francés, no me haría mayor gracia que mi entrenador, en vísperas de un choque como el que tuvimos nosotros contra el Getafe, estuviera hablando con otros equipos. Cuestión de estilos.
Una vez el ‘arquitecto del Barcelona del Norte’ llegó a Donostia, tocaba hablar de fichajes. Los mismos que nos traeríais a finales de agosto. Todo apunta a que la improvisación reinó en vuestros despachos. Y sin conocer la versión real de los hechos, nunca creo que la sepamos tampoco por mucha nueva web que estrenemos algún siglo de estos, voy con los indicios que me hacen pensar en una hipótesis antes que en la otra.
La tardanza en lanzarnos a la operación Montanier y en cerrarla apunta a que el galo no era la primera opción. Que lo teníais en esa recámara que tenéis los fichadores, pero que no era el que queríais traer sí o sí. Esto pasa mucho en el fútbol, pero el 95% de las ocasiones, la calle no se entera. Y no pasa nada. Pero para cuando cerramos la llegada de don Philippe –desde aquí mi máximo respeto-, algún fichaje había volado (véase tres párrafos más arriba) y se habían tomado decisiones polémicas sobre no renovar a determinados jugadores. El tiempo dirá si errasteis o acertasteis al respecto.
Respecto a la puerta de llegadas, los aficionados veían que aquella no se abría. Y les tocaría esperar. Comparto contigo que la precipitación es la peor compañera en un bazar de fichajes. Que hay que esperar para pescar lo que quieres. Lo que no comparto, Lorenzo, es que esperar sea bueno per se y haya que hacerlo sí o sí. Pongo por caso el fichaje de David Villa por el Fútbol Club Barcelona. Fue en mayo de 2010, antes del buen Mundial que hizo el asturiano. El Levante, que hoy sorprende a unos y a otros, fichó a Farinós y a Aranda también este mayo pasado, como el Espanyol a Albín. ¡Claro que fichar cuanto antes no es garantía de nada!, pero, imagino que compartirás, ayuda a la integración, la asimilación del estilo de juego, compenetración con los compañeros y esas cosas que nosotros no hemos tenido este año.
Lo anterior, lo de alargar la espera todo lo que sea necesario, sigo hablando del discurso del club, choca de pleno con la historia del rendimiento inmediato. Pero había que esperar a que Montanier se hiciera la idea del equipo que tenía, y esa declaración inicial que inquietó a la opinión pública y que se trató de suavizar después, se terminó por cumplirse: hasta el 30 de julio, como mínimo, no habría movimiento en el mercado de fichajes. Y todavía quedarían tres semanas más hasta que Carlos Vela y McDonald Mariga llegaran.
¿No tenía la dirección deportiva un listado de jugadores interesantes que terminaban contrato por toda Europa? ¿O de otros que los clubes quisieran quitárselos de encima sí o sí? Primero iban a ser cuatro los puestos en los que habría fichajes y terminaron por ser dos. Llegaron en agosto y su rendimiento inmediato, salvo Vela en Gijón, brilla por su ausencia, Lorenzo, más cuando en mayo de 2012 se marcharán.
La afición de la Real lo tiene claro: solo va a esperar a los jugadores de Zubieta; con el resto, poco margen. Con esta máxima será juzgado Montanier, pero también tú y el consejo de administración. Empieza a impacientarse Y, no nos vamos a engañar, la falta de resultados inquieta. Que el cambio de patrón de juego que postulabais desde la dirección no se implanta de la noche a la mañana es muy cierto, pero que el equipo da cada vez menos sensación de equipo que lo que dio durante minutos del partido de El Molinón o contra el Barcelona es igual de cierto.
Y ya por ir terminando en la línea de lo anterior, punto y aparte me merece la incorporación de McDonald Mariga. Parece que la Real no ha aprendido del error del fichaje de Diego Rivas –omitimos cómo salió, como Lasarte o como Tamudo y sus declaraciones (las de ellos) y las tuyas- y este año lo hemos vuelto a repetir. Entonces, nos gastamos con el Toro blanco una cantidad similar a la que nos hemos gastado en la cesión del jugador del Inter. Mucha presión de salida para el futbolista. Pero, como hay que mejorar siempre, la de Mariga es, en este caso, una llegada con billete de vuelta y el rendimiento inmediato que buscabais desde la dirección deportiva con su incorporación ya no va a ser tal en los seis partidos que ha jugado. En uno porque solo medioconvenció y los otros eran sus primeros minutos con la Real, no sacamos rendimiento con el hombre. Rivas necesitó marcharse a Cádiz para volver a Anoeta y ganarse a una afición que lo miraba con malos, muy malos ojos y lanzaba la peor frase que puede lanzar un realista sobre un foráneo: “¿De verdad que no hay nadie mejor que este en Zubieta?”.
Lorenzo, tú bien sabes, recuerda cómo fuiste a Bilbao y cómo volviste de Burgos, que los que un día te reciben con loas y alabanzas (sin tener ni idea de quién eras), al siguiente intentan salvar su trasero pegándote con el mismo palio con el que en la víspera te cubrieron. Por eso, también me hace gracia oírte cuando te preguntan por las fugas a Lezama o a San Mamés. Esbozo una media sonrisa. Una parecida a cuando veo que algunos, que tienen idea de todo menos de fútbol y de la Real, ya empiezan a cargar contra el pobre Montanier.
Sin ánimo de haberte inquietado,
con Dios.
Tenía muchas ganas de escribirte. Las decisiones deportivas de la última primavera y el verano que todavía dura son las que han sido y los resultados serán los que darán y quitarán las razones. Era la razón principal por la que me contenía de escribirte. Que hayan aparecido Carles, Pep, Alain, Anxo o José Luis antes ha ayudado a retrasar esta carta hasta hoy.
El verano que nos disteis los moradores de los despachos de Anoeta fue de órdago, Lorenzo. El final de la temporada pasada la marcó la destitución de un Martín Lasarte que, como otros que están fuera de la Real Sociedad hoy, se marchó -como mínimo- molesto con la situación. Y no precisamente por ser apartado de un proyecto que resucitó y condujo más bien que mal. Recordar la agónica semana previa del partido contra el Sporting de Gijón en Anoeta igual resulta útil para entender algunas claves de lo que ocurriría más tarde.
Al terminar la temporada (en Primera División), con Marcelo Bielsa hubo más que palabras, aunque al final del baile -alguien algún día explicará en algún lado aquellas conversaciones- Bielsa dijera que no. Mientras tanto, remontémonos a aquellos días, Jose Javier Barkero, que estaba de camino a Donostia tras su fichaje frustrado de un año atrás, vio cómo se truncaba su incorporación. ¿Por qué?
Vuelvo al partido contra el Sporting y vuelvo a mayo para acordarme del baile que tuvimos, así como las cábalas del posible nuevo entrenador. Jokin Aperribay y tú viajasteis a Francia para reuniros con el que días después sería el nuevo técnico de la Real. Por vuestra parte no había mayor problema, la Liga había terminado, pero la suya, la del Valenciennes, terminaba el domingo siguiente. Si fuera seguidor del equipo francés, no me haría mayor gracia que mi entrenador, en vísperas de un choque como el que tuvimos nosotros contra el Getafe, estuviera hablando con otros equipos. Cuestión de estilos.
Una vez el ‘arquitecto del Barcelona del Norte’ llegó a Donostia, tocaba hablar de fichajes. Los mismos que nos traeríais a finales de agosto. Todo apunta a que la improvisación reinó en vuestros despachos. Y sin conocer la versión real de los hechos, nunca creo que la sepamos tampoco por mucha nueva web que estrenemos algún siglo de estos, voy con los indicios que me hacen pensar en una hipótesis antes que en la otra.
La tardanza en lanzarnos a la operación Montanier y en cerrarla apunta a que el galo no era la primera opción. Que lo teníais en esa recámara que tenéis los fichadores, pero que no era el que queríais traer sí o sí. Esto pasa mucho en el fútbol, pero el 95% de las ocasiones, la calle no se entera. Y no pasa nada. Pero para cuando cerramos la llegada de don Philippe –desde aquí mi máximo respeto-, algún fichaje había volado (véase tres párrafos más arriba) y se habían tomado decisiones polémicas sobre no renovar a determinados jugadores. El tiempo dirá si errasteis o acertasteis al respecto.
Respecto a la puerta de llegadas, los aficionados veían que aquella no se abría. Y les tocaría esperar. Comparto contigo que la precipitación es la peor compañera en un bazar de fichajes. Que hay que esperar para pescar lo que quieres. Lo que no comparto, Lorenzo, es que esperar sea bueno per se y haya que hacerlo sí o sí. Pongo por caso el fichaje de David Villa por el Fútbol Club Barcelona. Fue en mayo de 2010, antes del buen Mundial que hizo el asturiano. El Levante, que hoy sorprende a unos y a otros, fichó a Farinós y a Aranda también este mayo pasado, como el Espanyol a Albín. ¡Claro que fichar cuanto antes no es garantía de nada!, pero, imagino que compartirás, ayuda a la integración, la asimilación del estilo de juego, compenetración con los compañeros y esas cosas que nosotros no hemos tenido este año.
Lo anterior, lo de alargar la espera todo lo que sea necesario, sigo hablando del discurso del club, choca de pleno con la historia del rendimiento inmediato. Pero había que esperar a que Montanier se hiciera la idea del equipo que tenía, y esa declaración inicial que inquietó a la opinión pública y que se trató de suavizar después, se terminó por cumplirse: hasta el 30 de julio, como mínimo, no habría movimiento en el mercado de fichajes. Y todavía quedarían tres semanas más hasta que Carlos Vela y McDonald Mariga llegaran.
¿No tenía la dirección deportiva un listado de jugadores interesantes que terminaban contrato por toda Europa? ¿O de otros que los clubes quisieran quitárselos de encima sí o sí? Primero iban a ser cuatro los puestos en los que habría fichajes y terminaron por ser dos. Llegaron en agosto y su rendimiento inmediato, salvo Vela en Gijón, brilla por su ausencia, Lorenzo, más cuando en mayo de 2012 se marcharán.
La afición de la Real lo tiene claro: solo va a esperar a los jugadores de Zubieta; con el resto, poco margen. Con esta máxima será juzgado Montanier, pero también tú y el consejo de administración. Empieza a impacientarse Y, no nos vamos a engañar, la falta de resultados inquieta. Que el cambio de patrón de juego que postulabais desde la dirección no se implanta de la noche a la mañana es muy cierto, pero que el equipo da cada vez menos sensación de equipo que lo que dio durante minutos del partido de El Molinón o contra el Barcelona es igual de cierto.
Y ya por ir terminando en la línea de lo anterior, punto y aparte me merece la incorporación de McDonald Mariga. Parece que la Real no ha aprendido del error del fichaje de Diego Rivas –omitimos cómo salió, como Lasarte o como Tamudo y sus declaraciones (las de ellos) y las tuyas- y este año lo hemos vuelto a repetir. Entonces, nos gastamos con el Toro blanco una cantidad similar a la que nos hemos gastado en la cesión del jugador del Inter. Mucha presión de salida para el futbolista. Pero, como hay que mejorar siempre, la de Mariga es, en este caso, una llegada con billete de vuelta y el rendimiento inmediato que buscabais desde la dirección deportiva con su incorporación ya no va a ser tal en los seis partidos que ha jugado. En uno porque solo medioconvenció y los otros eran sus primeros minutos con la Real, no sacamos rendimiento con el hombre. Rivas necesitó marcharse a Cádiz para volver a Anoeta y ganarse a una afición que lo miraba con malos, muy malos ojos y lanzaba la peor frase que puede lanzar un realista sobre un foráneo: “¿De verdad que no hay nadie mejor que este en Zubieta?”.
Lorenzo, tú bien sabes, recuerda cómo fuiste a Bilbao y cómo volviste de Burgos, que los que un día te reciben con loas y alabanzas (sin tener ni idea de quién eras), al siguiente intentan salvar su trasero pegándote con el mismo palio con el que en la víspera te cubrieron. Por eso, también me hace gracia oírte cuando te preguntan por las fugas a Lezama o a San Mamés. Esbozo una media sonrisa. Una parecida a cuando veo que algunos, que tienen idea de todo menos de fútbol y de la Real, ya empiezan a cargar contra el pobre Montanier.
Sin ánimo de haberte inquietado,
con Dios.

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