My way. Carta a Cándida
Estimada Cándida:
No voy a ser más duro de lo que fui el domingo cuando salíamos de Anoeta, pero creo que merece la pena que repitamos el ejercicio. Al salir del partido te noté tan extraña como un viento sur en pleno octubre, pero esas cosas, como que Montanier siga con Cadamuro por la banda derecha, suceden. Conviene aprender a convivir con ellas. Por salud mental.
Entendí tu ilusión de acérrima aficionada de la Real a finales de mayo. Al igual que el cambio llegó a Gipuzkoa (hasta al punto que algunos la denominaron –no sé si despectivamente- Bildulandia), el cambio también llegó a Anoeta. El consejo que preside Jokin Aperribay –ese que en semana escasa se enfrenta a una junta de accionistas- decidió que Martín Lasarte no debía continuar como parecía que iba a hacerlo. Había que darle un salto de calidad al equipo. Un conjunto que acababa de salvarse, más mal que bien, iba a dar un salto de calidad para no pasar tantos apuros como (el final de) la temporada pasada. Dichosos saltos.
En esa recta decisiva estábamos mirando a la UEFA, que si vamos o no vamos, cuando nos embarrancamos. Un marzo horríbilis en el que empatamos contra el Levante –a ver quién no firma el mismo resultado mañana en Valencia- y perdimos contra Deportivo, Málaga, Racing de Santander. Luego, dos derrotas más contra el Hércules y el Atlético de Madrid hasta el punto de poner a Martín Lasarte, que se había descolgado con aquella rueda de prensa en Riazor, al borde del precipicio. La misma persona que semanas atrás parecía abrir las puertas de la UEFA. A la calle tras cosechar, junto a los jugadores, 1 punto de 21 posibles.
No creo que destituyan a Montanier, Cándida, aunque vaya camino de repetir registros con el Levante mañana y el Madrid el sábado en el horizonte. De hecho, no sería justo a estas alturas de la película. Es más, seamos optimistas: no descarto que arranquemos algunos puntos. Pero, sí, habrá que mejorar para conseguirlo. Y mucho.
La vuelta de Illarramendi en alguno de esos dos partidos puede y debe ser fundamental. Me decías el domingo que no te parecía de recibo cargar sobre el chaval semejante responsabilidad. En otra situación te daría la razón, pero entiendo que es algo normal y planificado por la dirección deportiva. De lo contrario y pese a la cantidad de centrocampistas que pueblan la zona central, hubiéramos fichado a otro jugador similar y experimentado para que Illarramendi creciera a su vera. Hubiera sido lo propio de una planificación deportiva, pero se ha apostado por darle galones. El tiempo dirá si triunfa o no vale y lo hemos quemado.
El de Mutriku no ha estado estas semanas y el equipo lo ha notado. No solo su ausencia, sino los cambios que ha provocado en el juego del equipo. Ha habido variantes tácticas que no han acabado de convencer ni, lo más importante, han servido para llevarse a la boca un tercer plato de tres puntos. Obviaré que estáis quienes veis detallitos para la esperanza. Quizá tengáis razón y, lo que es más importante, ojalá el tiempo os dé toda la razón de manera irrefutable. Hasta después del partido contra el Espanyol en casa –jornada 13 que en realidad será 12- no hablaremos de estas cuestiones.
El domingo te lo comenté cuando bajábamos las escaleras de Anoeta: el míster, tras ver el partido que vimos contra el Getafe, se iba a agarrar a que lo importante era romper la racha de derrotas consecutivas. Aunque fuera con un punto en casa. En efecto, el bueno de Montanier eso contó a esos periodistas que la Real-LFP-madresuperiora dejó entrar en Anoeta. Seguimos echando en falta a los de las radios, para que nos trasladen las explicaciones de los entrenadores en directo.
En la línea de lo anterior, incluso, añado, evitamos que Güiza, que no había marcado, estrenara su cuenta goleadora contra nosotros. El bueno de Philippe es previsible en la sala de prensa y habla con más tapujos que su predecesor. Tendrá, estoy seguro, otras virtudes y, también estoy seguro, se las veremos. Es importante romper rachas negativas, pero es más hacerlo ganando. Todo llegará.
Claro que no vamos a cargar todas las culpas en el pobre Philippe. La mediapunta –cuando salimos con ella- y el centro del campo en general están que asustan. Han firmado partidos como los que hacían contra el Castellón o el Poli Ejido. Esos que en Segunda nos dieron un baño de realidad nada más asomar. Algo realmente espantoso que no tiene justificación bajo la cortina del "equipo en construcción" para dar un "salto cualitativo". ¿O sí?
Comprendo, como me dijiste el domingo, que me digas que en el fondo es contradictorio, pero Philippe Montanier tiene a día de hoy más crédito que el que tienen algunos de sus mandados y algunos de los que mandan sobre él. Si a algo no estoy dispuesto este año es a romper la cadena por el eslabón más débil, aunque siga sacando a Cadamuro por Prieto. Conviene reforzar la figura del entrenador. Sin que sea el todopoderoso Mourinho del Madrid, dotarle de la credibilidad y el respeto que alguien acabó por quitar a Martín Lasarte al final de la temporada pasada. Y si hay que buscarle un relevo, que sea con todos los argumentos y todas las consecuencias.
Solo así daremos ese salto cualitativo hacia la estabilidad deseada. Con un timón firme y flexible y una tripulación competente para llevar el barco al puerto de la permanencia. En un ejercicio de irrealismo mágico de una noche de verano –para la que todavía no habían llegado los fichajes- hubo quien te engatusó y te convenció de que daríamos un salto de calidad tal que iríamos a Europa, de que el resto de la Liga está pasando penurias, de que el Levante huele a viejo y de que nosotros, con Montanier y un bloque con un año más experto y las incorporaciones de Iñigo Martínez y Asier Illarramendi, nos saldríamos del mapa. El papel y el verano lo aguantan todo. La defensa de la Real, parece que, por ahora, no.
Conclusión: las aguas bajan revueltas en torno al entrenador. Te repito que dentro de una semana hay una junta de accionistas en la que para más inri el Consejo se enfrenta a una ratificación para la que no se topará con problemas. Pero puede presentarse ante el micrófono el bufandero de las cinco acciones que no entiende bastantes cosas de las que están pasando y hacer las preguntas del barquero. Tú y yo, el sábado, contra el Madrid, seguiremos a lo nuestro. Grita, anima y aprieta los dientes. Nuestro aliento, nuestra regañina y nuestro cariño les va a hacer mucha falta. A Monti y a los jugadores. Y no olvides, nunca, nunca, que Disneyland París está en Francia. Y para ir a saltos, aunque sean de calidad, queda lejos.
Con Dios.
No voy a ser más duro de lo que fui el domingo cuando salíamos de Anoeta, pero creo que merece la pena que repitamos el ejercicio. Al salir del partido te noté tan extraña como un viento sur en pleno octubre, pero esas cosas, como que Montanier siga con Cadamuro por la banda derecha, suceden. Conviene aprender a convivir con ellas. Por salud mental.
Entendí tu ilusión de acérrima aficionada de la Real a finales de mayo. Al igual que el cambio llegó a Gipuzkoa (hasta al punto que algunos la denominaron –no sé si despectivamente- Bildulandia), el cambio también llegó a Anoeta. El consejo que preside Jokin Aperribay –ese que en semana escasa se enfrenta a una junta de accionistas- decidió que Martín Lasarte no debía continuar como parecía que iba a hacerlo. Había que darle un salto de calidad al equipo. Un conjunto que acababa de salvarse, más mal que bien, iba a dar un salto de calidad para no pasar tantos apuros como (el final de) la temporada pasada. Dichosos saltos.
En esa recta decisiva estábamos mirando a la UEFA, que si vamos o no vamos, cuando nos embarrancamos. Un marzo horríbilis en el que empatamos contra el Levante –a ver quién no firma el mismo resultado mañana en Valencia- y perdimos contra Deportivo, Málaga, Racing de Santander. Luego, dos derrotas más contra el Hércules y el Atlético de Madrid hasta el punto de poner a Martín Lasarte, que se había descolgado con aquella rueda de prensa en Riazor, al borde del precipicio. La misma persona que semanas atrás parecía abrir las puertas de la UEFA. A la calle tras cosechar, junto a los jugadores, 1 punto de 21 posibles.
No creo que destituyan a Montanier, Cándida, aunque vaya camino de repetir registros con el Levante mañana y el Madrid el sábado en el horizonte. De hecho, no sería justo a estas alturas de la película. Es más, seamos optimistas: no descarto que arranquemos algunos puntos. Pero, sí, habrá que mejorar para conseguirlo. Y mucho.
La vuelta de Illarramendi en alguno de esos dos partidos puede y debe ser fundamental. Me decías el domingo que no te parecía de recibo cargar sobre el chaval semejante responsabilidad. En otra situación te daría la razón, pero entiendo que es algo normal y planificado por la dirección deportiva. De lo contrario y pese a la cantidad de centrocampistas que pueblan la zona central, hubiéramos fichado a otro jugador similar y experimentado para que Illarramendi creciera a su vera. Hubiera sido lo propio de una planificación deportiva, pero se ha apostado por darle galones. El tiempo dirá si triunfa o no vale y lo hemos quemado.
El de Mutriku no ha estado estas semanas y el equipo lo ha notado. No solo su ausencia, sino los cambios que ha provocado en el juego del equipo. Ha habido variantes tácticas que no han acabado de convencer ni, lo más importante, han servido para llevarse a la boca un tercer plato de tres puntos. Obviaré que estáis quienes veis detallitos para la esperanza. Quizá tengáis razón y, lo que es más importante, ojalá el tiempo os dé toda la razón de manera irrefutable. Hasta después del partido contra el Espanyol en casa –jornada 13 que en realidad será 12- no hablaremos de estas cuestiones.
El domingo te lo comenté cuando bajábamos las escaleras de Anoeta: el míster, tras ver el partido que vimos contra el Getafe, se iba a agarrar a que lo importante era romper la racha de derrotas consecutivas. Aunque fuera con un punto en casa. En efecto, el bueno de Montanier eso contó a esos periodistas que la Real-LFP-madresuperiora dejó entrar en Anoeta. Seguimos echando en falta a los de las radios, para que nos trasladen las explicaciones de los entrenadores en directo.
En la línea de lo anterior, incluso, añado, evitamos que Güiza, que no había marcado, estrenara su cuenta goleadora contra nosotros. El bueno de Philippe es previsible en la sala de prensa y habla con más tapujos que su predecesor. Tendrá, estoy seguro, otras virtudes y, también estoy seguro, se las veremos. Es importante romper rachas negativas, pero es más hacerlo ganando. Todo llegará.
Claro que no vamos a cargar todas las culpas en el pobre Philippe. La mediapunta –cuando salimos con ella- y el centro del campo en general están que asustan. Han firmado partidos como los que hacían contra el Castellón o el Poli Ejido. Esos que en Segunda nos dieron un baño de realidad nada más asomar. Algo realmente espantoso que no tiene justificación bajo la cortina del "equipo en construcción" para dar un "salto cualitativo". ¿O sí?
Comprendo, como me dijiste el domingo, que me digas que en el fondo es contradictorio, pero Philippe Montanier tiene a día de hoy más crédito que el que tienen algunos de sus mandados y algunos de los que mandan sobre él. Si a algo no estoy dispuesto este año es a romper la cadena por el eslabón más débil, aunque siga sacando a Cadamuro por Prieto. Conviene reforzar la figura del entrenador. Sin que sea el todopoderoso Mourinho del Madrid, dotarle de la credibilidad y el respeto que alguien acabó por quitar a Martín Lasarte al final de la temporada pasada. Y si hay que buscarle un relevo, que sea con todos los argumentos y todas las consecuencias.
Solo así daremos ese salto cualitativo hacia la estabilidad deseada. Con un timón firme y flexible y una tripulación competente para llevar el barco al puerto de la permanencia. En un ejercicio de irrealismo mágico de una noche de verano –para la que todavía no habían llegado los fichajes- hubo quien te engatusó y te convenció de que daríamos un salto de calidad tal que iríamos a Europa, de que el resto de la Liga está pasando penurias, de que el Levante huele a viejo y de que nosotros, con Montanier y un bloque con un año más experto y las incorporaciones de Iñigo Martínez y Asier Illarramendi, nos saldríamos del mapa. El papel y el verano lo aguantan todo. La defensa de la Real, parece que, por ahora, no.
Conclusión: las aguas bajan revueltas en torno al entrenador. Te repito que dentro de una semana hay una junta de accionistas en la que para más inri el Consejo se enfrenta a una ratificación para la que no se topará con problemas. Pero puede presentarse ante el micrófono el bufandero de las cinco acciones que no entiende bastantes cosas de las que están pasando y hacer las preguntas del barquero. Tú y yo, el sábado, contra el Madrid, seguiremos a lo nuestro. Grita, anima y aprieta los dientes. Nuestro aliento, nuestra regañina y nuestro cariño les va a hacer mucha falta. A Monti y a los jugadores. Y no olvides, nunca, nunca, que Disneyland París está en Francia. Y para ir a saltos, aunque sean de calidad, queda lejos.
Con Dios.
