En caliente, por Diego Carasusán*
Un problema de actitud
Tras digerir el sapo que supone perder contra el Bilbao en casa, y analizando en frío el juego del equipo, sigo pensando que esta Real tiene un problema de actitud galopante.
Además, lo que más escuece es que estos mismos chicos han demostrado sobradamente tener casta y arrestos suficientes para afrontar cualquier reto. Ahí está como ejemplo la remontada ante el Barcelona. Por eso no entiendo cómo narices nuestros jugadores no salieron a comerse al Bilbao en los primeros minutos, un rival -el rival- que llegaba en los huesos y con más dudas que certezas. Cuando el contrario está moribundo, lo que hay que hacer es hostigarle. Salir a jugar con el cuchillo entre los dientes. Morder en todas las esquinas para amedrentar desde el principio. Marcar el territorio a bocados. Demostrar que ellos son los extraños en tu casa. Hacerles sufrir.
Pero no. Nuestros jugadores hicieron lo contrario. Permitieron dos remates peligrosísimos en menos de cinco minutos y, en lugar de meter una velocidad más al partido para tomar el mando, retrasaban los saques de puerta y banda como si quisieran perder tiempo, dejando al Bilbao que se acomodara en el terreno de juego.
Además, Agirretxe no presionó nunca la salida del balón del Bilbao, y la línea de centrocampistas se situó siempre más atrás del centro del campo. En resumen: más aire a los visitantes y facilidad absoluta para llegar con un solo pase a Llorente. Así llegó el segundo gol. Amorebieta, libre de marca, cruza el centro del campo sin que nadie le siga y, sin oposición, cuelga un balón al área para que el ariete riojano del Bilbao nos clave el segundo. Imperdonable.
Estoy convencido de que los de la Ría no tienen mejor equipo que nosotros. O, por lo menos, no hay tanta diferencia como la que pudimos ver sobre el césped. Pero la actitud es la que marca. Mientras Muniáin -otra vez duda hasta última hora y otra vez clave en la victoria botxa- se comía hasta las rayas de cal cada vez que tenía el balón en sus pies, Zurutuza dormitaba sobre el campo dejándose comer el pan por los defensores rojiblancos una y otra vez.
Tras la derrota ante el Mallorca, los realistas esperábamos algo distinto a lo que vimos el domingo al mediodía. Por eso, la decepción por la derrota fue doble. Sin actitud, un equipo no tiene alma. Y sin alma, la Real no tiene nada que hacer. Ni contra el Bilbao, ni contra nadie.
*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.
Además, lo que más escuece es que estos mismos chicos han demostrado sobradamente tener casta y arrestos suficientes para afrontar cualquier reto. Ahí está como ejemplo la remontada ante el Barcelona. Por eso no entiendo cómo narices nuestros jugadores no salieron a comerse al Bilbao en los primeros minutos, un rival -el rival- que llegaba en los huesos y con más dudas que certezas. Cuando el contrario está moribundo, lo que hay que hacer es hostigarle. Salir a jugar con el cuchillo entre los dientes. Morder en todas las esquinas para amedrentar desde el principio. Marcar el territorio a bocados. Demostrar que ellos son los extraños en tu casa. Hacerles sufrir.
Pero no. Nuestros jugadores hicieron lo contrario. Permitieron dos remates peligrosísimos en menos de cinco minutos y, en lugar de meter una velocidad más al partido para tomar el mando, retrasaban los saques de puerta y banda como si quisieran perder tiempo, dejando al Bilbao que se acomodara en el terreno de juego.
Además, Agirretxe no presionó nunca la salida del balón del Bilbao, y la línea de centrocampistas se situó siempre más atrás del centro del campo. En resumen: más aire a los visitantes y facilidad absoluta para llegar con un solo pase a Llorente. Así llegó el segundo gol. Amorebieta, libre de marca, cruza el centro del campo sin que nadie le siga y, sin oposición, cuelga un balón al área para que el ariete riojano del Bilbao nos clave el segundo. Imperdonable.
Estoy convencido de que los de la Ría no tienen mejor equipo que nosotros. O, por lo menos, no hay tanta diferencia como la que pudimos ver sobre el césped. Pero la actitud es la que marca. Mientras Muniáin -otra vez duda hasta última hora y otra vez clave en la victoria botxa- se comía hasta las rayas de cal cada vez que tenía el balón en sus pies, Zurutuza dormitaba sobre el campo dejándose comer el pan por los defensores rojiblancos una y otra vez.
Tras la derrota ante el Mallorca, los realistas esperábamos algo distinto a lo que vimos el domingo al mediodía. Por eso, la decepción por la derrota fue doble. Sin actitud, un equipo no tiene alma. Y sin alma, la Real no tiene nada que hacer. Ni contra el Bilbao, ni contra nadie.
*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.

2 comentarios:
¿El Bilbao? ¿Esos quienes son?
Vamos carapan!! Un tio que ha escrito un libro, escribe esta mierda?? Lo proximo un libro a medias con belen esteban???
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