20/09/11

My way. Carta a Pep y José

Estimados José y Pep:

Una pregunta me asalta: ¿seríais capaces de decirme cuál es la frase más conocida de San José? Me lo cuestiono porque, es indudable, habéis centrado la atención del fin de semana. Allá donde vais, llenáis las salas de prensa. Más incluso que vuestros equipos los campos que visitáis. En este espectáculo rodante, que rueda cuesta abajo y sin frenos, ya se presta más atención a lo que decís ante los medios que a la lista de convocados que soléis publicar después.

Si uno dice “probablemente no ganaremos nada este año”, el otro, en cuyo dedo Vilanova inserta su ojo –qué maleducado el tal Pito -, sale y comenta que aspira a “pelear la temporada por no ganar nada”, por “tratar de hacer 40 puntos y quedarnos en Primera”. Esto, antes de los partidos. Después, el lunes, hay radios que, con el picante del 1-0 del Real Madrid en Valencia, preguntan si la permanencia será el objetivo real de los tuyos, José. Por bocas.

Supongo que este tipo de declaraciones son lo normal en esa, vuestra galaxia. La misma que genera tantos millones que siempre hace que quieras más. Esa que os permite meter los goles de cinco en cinco –cuidado, que rima-, echar la culpa al árbitro semana tras semana con el apoyo de algunos palmeros periodistas (oficialmente, palmeros; periodistas, en su tiempo libre) y jugar miércoles sí y domingo también como si nada pasara.

Hasta que pasa. Yo, José, Pep, ando preocupado por los míos. Jugamos el sábado en Sevilla –qué calor-, jugamos hoy (espero no dejarme el bocata de tortilla en casa) y el domingo a la hora del Ángelus –“El ángel del Señor anunció a María”- jugaremos en Mallorca. Con lo malo que es despertarse de resaca en las Baleares. Que te dan ganas de todo menos de escuchar la Palabra del Señor.

Mientras tanto, andamos a medias. El partido del sábado me gustó tanto como me disgustó. Montanier, Felipe, volvió a ejecutar el dichoso cambio de Cadamuro con el que te apagó los plomos hace dos sábados, Pep. Una vez sí; dos, no. Ifrán peleó lo que pudo, pero esto es Primera y con solo luchar no basta. Mira San Mamés. Mira allí porque si buscaste a Griezmann el sábado en el Pizjuán, no lo verías por mucho que te empeñaras. No parece consciente todavía de que, si quiere ir a un grande, Anoeta le exigirá como tal. Él, como otros muchos, deberán espabilar.

Pero por vuestra culpa, hoy aquí ando, dedicando media carta a vuestro último rifirrafe. En lugar de estar contento (y contarlo) de la posible vuelta de Joseba Llorente, tener miedo de que los herederos de Boabdil nos pinten la cara o, lo que es peor, temer terroríficamente que algunos colegas puedan echar mano de alguna película del Festival de Cine para titular su crónica. Incluso más peor: una cinta que no sea del certamen, como Sonrisas y lágrimas, El bueno, el feo y el malo, El tercer hombre, Con la muerte en los talones o Historia de una monja. Todos lo hemos hecho en algún momento de nuestras vidas. No sería ni la primera ni la última vez que leyéramos algo así. Horrendo.

En vez de esto, decía, salgo al paso de vuestra última ocurrencia, elevada al grado de titular por esos palmeros de los que hablaba en el segundo párrafo. Estas felices frases vuestras son señal de que estáis en otra galaxia diferente a la nuestra, la de los 18 equipos que conformamos la Liga. Otra esfera que no existiría si no existiera esta, la nuestra, quede claro.

Esa a la que se le intentó convencer de jugar los domingos a mediodía –“El ángel del Señor anunció a María”- y a las cuatro de la tarde para que en China se viera ese fútbol español en el que abundan los extranjeros que hasta anteayer tributaban menos que cualquier hijo de Antonio y Paca. Ese campeonato al que le prometieron la lluvia del maná que ayudó a sobrevivir al pueblo israelí durante el éxodo del desierto. Millones de espectadores y millones de euros que se quedaron por el camino.

De aquellas promesas vienen estos lodos. Y ya que estamos religiosos, José, Pep, más caso deberíais hacer a vuestro tocayo, santo él y padre putativo de Jesús. Os lo he preguntado: ¿recordáis alguna frase suya de la Biblia? De vosotros, cualquiera que lea el presente es capaz de decir tres expresiones en lo que tarda en chascar los dedos. Entre ellas, la última boutade elevada al grado de titular periodístico.

San José dio vueltas hasta encontrar –sin Google- el portal en el que María dio a luz, vio crecer a Jesús y aguantó que en la Marimorena el gracioso marido de Paca le identificara con el viejo que hacía botas, se le escapaba la cuchilla y se cortaba las pelotas. La callada por respuesta. Pep, José, si siguierais el ejemplo de San José, pongámonos serios, nos haríais un favor. Al menos, hasta que los demás nos salvemos.

Con Dios.