01/09/11

Mano involuntaria, por Mikel Otaegi*

Se busca héroe


Atocha antes, Anoeta hasta hace no tanto: ambos han visto tardes gloriosas con hombres excepcionales, jugadores que arrancaban aplausos y gritos de las gradas con solo un gesto de su mano, una mirada desafiante, un detalle técnico. Quizás exagero. Pero si tal cosa fue alguna vez cierta, se acabó. Al parecer, el carisma no es una virtud propiamente guipuzcoana y, últimamente, las importaciones tampoco han ayudado. Admitámoslo sin miedo: falta personalidad.

Necesitamos un héroe, al menos uno. Un jugador que, acompañado de una calidad incuestionable y un compromiso férreo, sea capaz de encender el estadio con su sola presencia. Y no es cuestión de calidad, porque la Real Sociedad cuenta con media docena de jugadores cuyas habilidades técnicas están fuera de toda discusión. La cantera sigue siendo una fuente constante que surte al primer equipo de personal competente. A veces, hasta de auténticas estrellas.

Tampoco hablo de jugadores que sirvan de ejemplo. El héroe no es, necesariamente, un dechado de virtudes. Más bien al contrario. Tenemos en el equipo suficientes futbolistas que sirven de modelo para los chavales, de sueño platónico para las adolescentes. De yernos perfectos vamos sobrados.

Diego Armando Maradona. Él es el héroe, por excelencia, del balompié. No se le idolatra “pese” a sus excesos con la farlopa. Se le venera precisamente por aquello que lo convierte en una persona muy poco recomendable. Por eso y por ser un genio. Ya lo cantó Bonnie Tyler: “I need a hero, (…). 
He's gotta be strong.
And he's gotta be fast
. And he's gotta be fresh from the fight”.

Lo golfo ayuda, y bastante, a que el héroe se deje querer y admirar por su hinchada, y a que sea profundamente odiado por el resto de aficiones. Ahora bien, la picardía hay que ajustarla a una convivencia saludable dentro del vestuario, un respeto por las órdenes del entrenador y del club, y alguna que otra sanción de la UEFA.

Antoine Griezmann. Era, no lo neguemos, el candidato ideal. Brillaba en el campo, tenía desparpajo, descaro, atrevimiento y cierta excentricidad aún inmadura en sus actuaciones. De pronto, aconsejado por quien sea, movido por su poca cabeza (denominada también como “juventud”), decidió montarla este verano con una ristra de declaraciones entre obscenas y lamentables. Se acabó lo que se daba.

A Griezmann se le olvidó una de las virtudes fundamentales del héroe: que siempre lucha bajo una bandera. Y la nuestra, Antoine, es la de la Real Sociedad. Ojalá nos des lo mejor que tienes. Mientras, seguimos buscando héroe.


*Periodista.