En caliente, por Diego Carasusán*
¿Se me pasará?
Dicen que después será distinto. Dicen que cuando tenga unos pocos años más ya no me sucederá. Dicen que esto que me ocurre caduca conforme se madura. Dicen que es algo normal, que a mucha gente le pasa, pero que desaparecerá. Dicen que no me preocupe, que se me pasará…, ¡pero es que voy a peor!
Los síntomas son siempre los mismos, pero se agudizan con el paso de los años. Primero llega el hormigueo en el estómago; luego el corazón se acelera a la vez que la boca se seca; y, finalmente, un continuo tembleque de piernas pone ritmo a un preocupante cuadro clínico. Pero hay más. En un corto periodo de tiempo, y en función de la evolución de las variables -o mejor dicho, del marcador-, puedo sufrir sudores fríos y calientes, agarrotamiento de músculos, subidas y bajadas de tensión, cambios repentinos de humor, entumecimiento de extremidades y, sobre todo, taquicardias hasta en el dedo gordo del pie.
Todo esto me ocurre, créanme, en las dos horas de suplicio semanal a las que me somete mi querida Real desde que tengo uso de razón. Y se volvió a repetir el pasado sábado. Lo malo es que cuando el partido en cuestión me pilla currando en la oficina o en algún lugar público tipo bar uno intenta guardar las formas y retener. Pero cuando tengo la ocasión de ver a esos de blanco y azul en la intimidad de mi hogar…, ¡no se pueden ni imaginar en la bestia parda que me transformo!
Los de La Sexta están buscando al Tano Pasmán español. Ya saben, la versión castellanizada del argentino aquel que juraba en arameo viendo en la televisión cómo su River Plate bajaba a segunda. Les puedo asegurar que ese tío, comparado con un servidor viendo a la Real, es como Candy Candy. De hecho, mi mujer ya ha tomado nota y sé que está buscando el lugar más apropiado para camuflar la videocámara entre los libros de la estantería del salón.
Dicen que no me preocupe. Que dentro de unos años se me pasara y seguiré los partidos de la Real más tranquilo, con menos pasión, con mayor frialdad…
De cumplirse estos augurios, mi salud ganará mucho…, pero yo perderé más. Si esta ‘enfermedad’ que cada fin de semana me atormenta desaparece alguna vez, será cuando me pondré malo de verdad. Porque como rezaba aquella pancarta, yo seré de la Real hasta que me muera…, o hasta que me mate.
Gora Erreala!
*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.
Los síntomas son siempre los mismos, pero se agudizan con el paso de los años. Primero llega el hormigueo en el estómago; luego el corazón se acelera a la vez que la boca se seca; y, finalmente, un continuo tembleque de piernas pone ritmo a un preocupante cuadro clínico. Pero hay más. En un corto periodo de tiempo, y en función de la evolución de las variables -o mejor dicho, del marcador-, puedo sufrir sudores fríos y calientes, agarrotamiento de músculos, subidas y bajadas de tensión, cambios repentinos de humor, entumecimiento de extremidades y, sobre todo, taquicardias hasta en el dedo gordo del pie.
Todo esto me ocurre, créanme, en las dos horas de suplicio semanal a las que me somete mi querida Real desde que tengo uso de razón. Y se volvió a repetir el pasado sábado. Lo malo es que cuando el partido en cuestión me pilla currando en la oficina o en algún lugar público tipo bar uno intenta guardar las formas y retener. Pero cuando tengo la ocasión de ver a esos de blanco y azul en la intimidad de mi hogar…, ¡no se pueden ni imaginar en la bestia parda que me transformo!
Los de La Sexta están buscando al Tano Pasmán español. Ya saben, la versión castellanizada del argentino aquel que juraba en arameo viendo en la televisión cómo su River Plate bajaba a segunda. Les puedo asegurar que ese tío, comparado con un servidor viendo a la Real, es como Candy Candy. De hecho, mi mujer ya ha tomado nota y sé que está buscando el lugar más apropiado para camuflar la videocámara entre los libros de la estantería del salón.
Dicen que no me preocupe. Que dentro de unos años se me pasara y seguiré los partidos de la Real más tranquilo, con menos pasión, con mayor frialdad…
De cumplirse estos augurios, mi salud ganará mucho…, pero yo perderé más. Si esta ‘enfermedad’ que cada fin de semana me atormenta desaparece alguna vez, será cuando me pondré malo de verdad. Porque como rezaba aquella pancarta, yo seré de la Real hasta que me muera…, o hasta que me mate.
Gora Erreala!
*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.

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