My way
Cerrar la mano
Yo también lo he escuchado: todo está hablado, pactado y cerrado. Osasuna, Deportivo y Zaragoza ganarán sus partidos, con lo que quien pierda en Anoeta bajará a Segunda División. Puede ser. Si lo oído es cierto, es así.
El enfrentamiento que en poco más de veinticuatro horas disputarán Real Sociedad y Getafe será el definitivo. Y a los primeros, como en Gijón en abril de 1981, les vale el empate. Ahí reside la gran trampa: en salir a empatar. La presión es máxima. Como lo fue contra el Sporting de Gijón. "Como no ganemos...". ¿Recuerdan cómo entraron a Anoeta tras el triunfo del Zaragoza en el Santiago Bernabéu y con el Fútbol Club Barcelona calentando en el campo? Quizá la situación no era tan dramática como cuando los maños visitaron Donostia hace semana y media.
Nueve puntos de nueve. Doce si se cuenta con los tres puntos de Cádiz, donde la Real no debía fallar, no erró y volvió en un vuelo chárter que ya parecía de Primera. Conviene no olvidar que este equipo que también ha realizado actuaciones que han rayado lo vergonzoso sí ha dado la cara cuando ha tenido que hacerlo, a diferencia del equipo que rozó el ridículo en aquel derbi en el que Xabi Prieto falló el único penalti de su carrera.
A diferencia de aquel equipo timoratísimo que Miguel Ángel Lotina armó en un 4-5-1 con Germán Herrera en punta en Barcelona ante el Espanyol justo la tarde -como en Getafe- en la que la Real podía salir del descenso si ganaba. O a diferencia de aquel grupo que amargó al personal la anterior tarde electoral municipal, la de 2007, con una derrota ante Osasuna de las que hoy todavía duelen. Y mucho. O a diferencia del conjunto que no dio el callo como debía ante un Racing de Santander que no se jugaba más que una suculenta prima por siquiera empatar.
Doce puntos de doce. Eso no es garantía suficiente de que el equipo, en apenas veinticuatro horas, no vaya a fallar. Pero son más argumentos que favorecen pensar que no va a hacerlo que pensar en que va a hincar las rodillas. Aún así, la afición ve al equipo débil, sin fondo físico, sin entereza mental ni argumentos futbolísticos. Más allá de discrepar en estos puntos -en algunos más que en otros-, las anteriores son razones suficientes para apoyar más, si cabe, a los de Martín Lasarte cuando apenas faltan noventa minutos para conseguir un objetivo que está en la mano.
No es hora de lamentarnos por los pésimos resultados a domicilio. Tampoco de censurar con dureza lo malísimamente mal que defienden los jugadores que saltan al campo. El verano es largo. Tampoco conviene comparar los aspectos anteriores con el ridículo que suponen en los 102 años de historia de este club. ¿Ayuda a ganarle al Getafe?
No. Como tampoco ayudará hablar de primas a las abuelas y primas a terceros. El mejor incentivo es que, de conseguir el triunfo, la Real será de Primera sí o sí. Y el resto, que arree. Porque el error mayúsculo de Sevilla -a diferencia de lo que hizo cuatro días antes, sí, en Pamplona Osasuna- estuvo en confiarlo todo a lo que dijera la radio.
Mirar de reojo -o de frente- lo que pase con Zaragoza, Mallorca o Deportivo denota una falta de confianza absoluta en un equipo que cuando ha tenido que dar la talla, la ha dado. El miedo es libre, pero los números no: la Real bajaría en 8 de las 243 combinaciones posibles. El 3,3% de las opciones. ¿Que no todas las opciones pesan lo mismo? No, pero maldita la gracia del aficionado que si tiene que pensar en un escenario es siempre el negativo. Al final, tanto va el cántaro a la fuente...
Que ni el entrenador uruguayo podría recomponerlo. Un técnico que, como Raúl Tamudo o Diego Rivas, mañana se despedirá de esta casa. Club al que le han dado más de lo que se han llevado. Pese a los criticados cambios tardíos y erróneos, en el caso de Lasarte. Pero el día del Barcelona, su planteamiento fue el acertado. Basta ver el resultado. Como dijo Billy Wilder, "eres tan bueno como lo mejor que hayas hecho en tu vida". Llegados a este punto, el charrúa merece un último crédito de noventa minutos. El que desde algún despacho de Zubieta no quisieron darle pero recularon. A fondo perdido. Lo merece.
Que la Real es capaz. Y lo será más si cuenta con el respaldo de una afición enchufada desde el minuto uno. Una afición que no resople, que no se queje, que no proteste porque Carlos Martínez ha enviado un pase fuera de banda o porque Griezmann no ha sido capaz de culminar una galopada porque en el último instante se ha dormido. Son los momentos de más desesperación en la grada y en los que más hacen falta los aplausos y los ánimos. Basta recordar cómo se perdió la Liga de 2003 contra un Valencia que jugó con uno menos durante la media hora final. No se encontró manera. La había.
La misma que mañana. Quien no sea capaz de llevar esto a cabo, será preferible que, radio, valeriana y manzanilla en mano, se quede en casa. La salvación está ahí. El miedo es libre. Además, no vale para nada porque si valiera, lo guardarían los bancos suizos. La salvación está ahí. Cinco años después ya apreciamos el tacto de la permanencia. Solo falta cerrar la mano.
El enfrentamiento que en poco más de veinticuatro horas disputarán Real Sociedad y Getafe será el definitivo. Y a los primeros, como en Gijón en abril de 1981, les vale el empate. Ahí reside la gran trampa: en salir a empatar. La presión es máxima. Como lo fue contra el Sporting de Gijón. "Como no ganemos...". ¿Recuerdan cómo entraron a Anoeta tras el triunfo del Zaragoza en el Santiago Bernabéu y con el Fútbol Club Barcelona calentando en el campo? Quizá la situación no era tan dramática como cuando los maños visitaron Donostia hace semana y media.
Nueve puntos de nueve. Doce si se cuenta con los tres puntos de Cádiz, donde la Real no debía fallar, no erró y volvió en un vuelo chárter que ya parecía de Primera. Conviene no olvidar que este equipo que también ha realizado actuaciones que han rayado lo vergonzoso sí ha dado la cara cuando ha tenido que hacerlo, a diferencia del equipo que rozó el ridículo en aquel derbi en el que Xabi Prieto falló el único penalti de su carrera.
A diferencia de aquel equipo timoratísimo que Miguel Ángel Lotina armó en un 4-5-1 con Germán Herrera en punta en Barcelona ante el Espanyol justo la tarde -como en Getafe- en la que la Real podía salir del descenso si ganaba. O a diferencia de aquel grupo que amargó al personal la anterior tarde electoral municipal, la de 2007, con una derrota ante Osasuna de las que hoy todavía duelen. Y mucho. O a diferencia del conjunto que no dio el callo como debía ante un Racing de Santander que no se jugaba más que una suculenta prima por siquiera empatar.
Doce puntos de doce. Eso no es garantía suficiente de que el equipo, en apenas veinticuatro horas, no vaya a fallar. Pero son más argumentos que favorecen pensar que no va a hacerlo que pensar en que va a hincar las rodillas. Aún así, la afición ve al equipo débil, sin fondo físico, sin entereza mental ni argumentos futbolísticos. Más allá de discrepar en estos puntos -en algunos más que en otros-, las anteriores son razones suficientes para apoyar más, si cabe, a los de Martín Lasarte cuando apenas faltan noventa minutos para conseguir un objetivo que está en la mano.
No es hora de lamentarnos por los pésimos resultados a domicilio. Tampoco de censurar con dureza lo malísimamente mal que defienden los jugadores que saltan al campo. El verano es largo. Tampoco conviene comparar los aspectos anteriores con el ridículo que suponen en los 102 años de historia de este club. ¿Ayuda a ganarle al Getafe?
No. Como tampoco ayudará hablar de primas a las abuelas y primas a terceros. El mejor incentivo es que, de conseguir el triunfo, la Real será de Primera sí o sí. Y el resto, que arree. Porque el error mayúsculo de Sevilla -a diferencia de lo que hizo cuatro días antes, sí, en Pamplona Osasuna- estuvo en confiarlo todo a lo que dijera la radio.
Mirar de reojo -o de frente- lo que pase con Zaragoza, Mallorca o Deportivo denota una falta de confianza absoluta en un equipo que cuando ha tenido que dar la talla, la ha dado. El miedo es libre, pero los números no: la Real bajaría en 8 de las 243 combinaciones posibles. El 3,3% de las opciones. ¿Que no todas las opciones pesan lo mismo? No, pero maldita la gracia del aficionado que si tiene que pensar en un escenario es siempre el negativo. Al final, tanto va el cántaro a la fuente...
Que ni el entrenador uruguayo podría recomponerlo. Un técnico que, como Raúl Tamudo o Diego Rivas, mañana se despedirá de esta casa. Club al que le han dado más de lo que se han llevado. Pese a los criticados cambios tardíos y erróneos, en el caso de Lasarte. Pero el día del Barcelona, su planteamiento fue el acertado. Basta ver el resultado. Como dijo Billy Wilder, "eres tan bueno como lo mejor que hayas hecho en tu vida". Llegados a este punto, el charrúa merece un último crédito de noventa minutos. El que desde algún despacho de Zubieta no quisieron darle pero recularon. A fondo perdido. Lo merece.
Que la Real es capaz. Y lo será más si cuenta con el respaldo de una afición enchufada desde el minuto uno. Una afición que no resople, que no se queje, que no proteste porque Carlos Martínez ha enviado un pase fuera de banda o porque Griezmann no ha sido capaz de culminar una galopada porque en el último instante se ha dormido. Son los momentos de más desesperación en la grada y en los que más hacen falta los aplausos y los ánimos. Basta recordar cómo se perdió la Liga de 2003 contra un Valencia que jugó con uno menos durante la media hora final. No se encontró manera. La había.
La misma que mañana. Quien no sea capaz de llevar esto a cabo, será preferible que, radio, valeriana y manzanilla en mano, se quede en casa. La salvación está ahí. El miedo es libre. Además, no vale para nada porque si valiera, lo guardarían los bancos suizos. La salvación está ahí. Cinco años después ya apreciamos el tacto de la permanencia. Solo falta cerrar la mano.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada