01/05/11

Jornada 34: Real Sociedad 2-1 FC Barcelona

Tres puntos de nuestra liga



Con 2-1, los minutos finales corrían en tiempo bala. Ultralentos. Anoeta jaleaba lo que podía, gritaba al viento el himno. En unas escaleras de la Tribuna Principal, mientras Prieto intentaba retardar un saque de falta del conjunto rival, un aitona que sufrió con el gol de Petete Bertoni y gozó con el Zamora en Gijón, agarró de la mano a su nieto -que miraba al campo subido un par de escalones más arriba- y, con la otra, dedo índice levantado, le marcaba el compás a la criatura, feliz de no entender nada entre tanta algarabía. El aitona tarareaba al son del eco de Anoeta: "Be-ti, be-ti mai-te, maite-maiteaaa"...

La Real creyó en sí misma. Creyó en su capacidad y creyó en lo que hacía. Esto no fue óbice para impedir que el equipo visitante se adelantara en una jugada aislada entre tan insulso e insultante dominio del balón. Casi todo lo el conjunto catalán tocó de esférico fue como tocar a la novia vestida. En la primera mitad y en la segunda.

Los locales facilitaron tanto toque de mareo. El equipo de Martín Lasarte -con un arranque genial de la rueda de prensa- hizo de salida un raquítico planteamiento que, con el pitido final, resultó brillante. No hubo balón en la primera mitad, solo telas de araña aquí y allá. Ni la salida de Dani Alves en el lateral derecho por el lesionado Montoya (13') dinamizó el ataque catalán. Martínez y Estrada, sufridores en tardes anteriores, trabajaron sin tantos agobios ante posesiones intranscendentes.

Porque el gol barcelonista llegó de un pase largo de Xavi por el centro, que peinó Messi para Thiago y el hijo de Mazinho chutó a un Bravo que, pese a tocar el balón, no pudo evitar que el disparo fuerte diera en la parte interna del larguero. Media hora y Tamudo, a pase de Griezmann, pudo marcar en la que fue la gran ocasión de la primera parte. La Real, aun sin balón, recogía el ganado blaugrana en el área de Pinto con cierta rapidez.

Descanso. Los problemas se los generaba muchas veces la Real a sí misma, con salidas poco claras de balón y regalos inoportunos a los que el equipo de Pep Guardiola les acababa por quitar fuerza a base de tanto pase lateral. Como a una cocacola que lleva días abierta. Los seguidores se reconfortaban al ver que su equipo caía de una manera más digna que el Real Madrid el miércoles. Conformismo de pobre con el que el 0-1 al descanso "no está mal". O que "oye, igual en la segunda parte, quién sabe". En las entrañas de Anoeta, había un entrenador que, pese al 0-1, les decía a sus jugadores que todo iba según lo previsto. Que quince minutos más de resistencia tejiendo telarañas y pasarían a la ofensiva de Normandía. Como lo tenían planeado.

Algunos destellos de la vuelta de los vestuarios mostraron a una Real que empezó a apretar, en jugadas sueltas, más arriba. El Barcelona, que si algo no estaba, era suelto, aflojaba y perdía el balón en campo propio. La Real, como en la última jugada de la primera mitad, no era capaz de atinar de la línea de tres cuartos hacia adelante.

La escuadra visitante llegaba de vez en cuando al área de un Bravo que volvió a mostrarse seguro en el poco trabajo que tuvo. Mientras tanto, los de Guardiola no apretaban el paso y perdían el tiempo que podían. También protestaron todas las faltas que había -y las que no había- en el campo. La segunda parte avanzaba, seguía el 0-1 y la lentísima retirada de Piqué por Mascherano hizo que Anoeta, por fin, estallara -con respeto, claro- contra el exhermano blaugrana. This is not Nou Camp II. Ya era hora de despertar.

El planteamiento plácido del Barcelona era propio de cualquiera de los equipos que rondan la zona media de la tabla. También de algunos de la baja. Más tras adelantarse 0-1. Los culés, con la mente puesta en la Liga de Campeones y con muchas novedades con respecto a su alineación habitual, cumplían en Donostia la misma hoja de servicios que firmaron el Málaga o el Hércules. No se veían diferencias entre aquellos colistas y el todopoderoso Barcelona que había anunciado su intención de a igualar el récord de imbatibilidad del grupo que comandó Alberto Ormaetxea.

El Barça C que algunos veían sobre el campo era, con Messi, Xavi o Piqué, irreal, pese a las circunstancias. La Real, sin partido europeo el miércoles, introdujo dos cambios en el 68': Zurutuza sustituyó a Rivas e Ifrán, a Tamudo. El penúltimo ya marcaba dos minutos después. Antes, Aranburu con una gran volea y el propio atacante catalán habían dispuesto del 1-1. Tuvo que ser el uruguayo quien lo consiguiera tras un rechace suelto de Griezmann. Poco estético.

Muy valioso. Volver a empezar cuando faltaba un mundo y cuando todos pensaban que, pese a parecerlo ayer, el Barcelona tiene algo muy distinguido que le diferencia del Hércules o el Málaga: esa capacidad de, en la jugada siguiente, volver a cerrar las aguas de un Mar Rojo que Ifrán había abierto para que pasara su tropa hacia el triunfo final.

No lo consiguieron. O sí. Milito marcó un gol en el 77' que debió subir al marcador. Carlos Martínez rompía -por muy poco- la línea del fuera de juego que su zaga pretendía tirar. Cuando los aficionados que poblaban las gradas se preguntaban si el empate se debía a la siesta del Barcelona o del ímpetu realista o si la Real amarraría el empate como mandaba la lógica o iría a por el segundo tanto -¿el de la salvación?-, aparecía Zurutuza para hacer lo que sabe y más peligro genera: entrar en el área rival con el balón controlado.

Mascherano cometió un penalti. Al menos así lo vio Teixeira Vitienes. Xabi Prieto se dirigió al punto de los once metros con su ceremonial habitual. Anoeta, repleta de camisetas blanquiazules, vibraba y recordaba el 0-1 de veinte minutos atrás. Hacía memoria y se acordaba de cómo los de Lasarte habían dado vida en Donostia a Levante, Málaga o Hércules. Sin que casi lo pidieran. También les venía a la mente ese récord que desde Barcelona se habían encargado de refrescar. Si el conjunto de Guardiola sumaba esa victoria segura, igualaba la gesta que Petete Bertoni frenó con su gol, el mismo que retrasó doce meses la llegada de una Liga a Donostia.

La marca de 32 partidos no era tal, sino que había que añadir otros seis partidos de la Liga anterior para hablar del récord completo. Martín Lasarte, el mismo al que algunos despidieron antes de jugar contra el Sporting y otros tras oírle en San Mamés pedir que se cuidara un ambiente tan fantástico entre aficiones que él viviría "como observador en un futuro", lo recordó en la rueda de prensa antes de que ningún periodista le preguntara nada.

Con permiso. Antes de cualquier pregunta, fundamentalmente por miedo a olvidarme, quiero hacer referencia a un grupo de jugadores que en la década de los ochenta tuvieron la mala fortuna en el último partido de perderlo y no haber ganado un campeonato que hubiera sido muy justo en aquella época. Pero lograron una imbatibilidad que se mantenía hasta hoy. Más allá del esfuerzo de los muchachos hoy, me alegro por el récord obtenido por aquella gente que hoy va a permanecer por un tiempo más, así que enhorabuena para esa gente.


El uruguayo cerró con una nueva declaración a petición propia el paréntesis tormentoso que se abrió tras su alocución motu proprio tras el bochorno de Riazor. Lasarte clausuró con un triunfo ante el Barcelona y una "llamada internacional" posterior otro paréntesis nefasto: el que comenzó tras la manita encajada en un partido que no pocos tildaron sin vergüenza como "de otra liga". ¿Qué liga? ¿La escocesa? ¿La alemana? ¿La montenegrina? ¿La inglesa? ¿La yemení?

Xabi Prieto retrasaba que el Barcelona pusiera en juego una falta desde su campo. Un aitona, allá por la Tribuna Principal, marcaba el compás del Txuri-Urdin con el dedo índice de una mano; con la otra, agarraba a su nieto, que miraba al verde entre atónito y feliz sin entender qué pasaba. El de ayer era un partido de la misma liga que hace treinta años esta semana ganaron Arconada, López Ufarte, Zamora, Kortabarria, Uralde, Celayeta u Ormaetxea. Que salgan hoy los que decían que este tipo de partidos no son de la Liga de la Real, pidan perdón a Los Imbatibles y que se tiren de La Concha hacia abajo. Con pleamar (a las 16:35 horas), por supuesto.



Ficha técnica
Real Sociedad: Bravo, Carlos Martínez, Mikel González, Demidov, Dani Estrada, Rivas (Zurutuza, min. 68), Markel, Xabi Prieto, Aranburu, Griezmann y Tamudo (Ifrán, min. 68).

FC Barcelona: Pinto, Montoya (Alves, min. 12), Piqué (Mascherano, min. 61), Milito (Busquets, min. 78), Fontas, Xavi, Thiago, Keita, Jeffren, Messi y Afellay.

Goles: 0-1, min. 28: Thiago. 1-1, min. 70: Ifrán. 2-1, min. 81: Prieto (p).

Árbitro: Teixeira Vitienes (colegio cántabro). Amarillas Tamudo, Estrada; Mascherano.


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