J. 38: Real Sociedad 1-1 Getafe
Ni tan mal
Lo vamos a dejar estar. Lograr la permanencia a la vuelta de Segunda es un éxito. Conseguirlo con la base de jugadores canteranos que hace poco jugaban en Motril o Cádiz, más. Pero la manera de renovar plaza en Primera vista la trayectoria de la temporada realista resulta un fiasco.
El que pierda en Anoeta será el que baje. Se daba por sentado que en Donostia habría un derrotado. Y un ganador. Al final, ni lo uno ni lo otro. Mirando lo que pasaba en Mallorca o A Coruña había cada vez más razones para la tranquilidad. Porque la Real anoche no estuvo ni un minuto en Segunda División. Por mucho que el Getafe se adelantara. Que el Valencia fuera por delante en Riazor o que el Atlético de Madrid intentara evitar comenzar la Europa League quince días antes de lo previsto ayudó tanto a los de Lasarte como a los de Míchel.
En un partido malo y nervioso de solemnidad -pregunten por Zurutuza o por Griezmann-, Real Sociedad y Getafe se dedicaron a hacer un rondo agarraditos de la mano durante los últimos veinte minutos. Desde el gol del empate de Paco Sutil. Muchas circulaciones de lateral a lateral, con alguna incorporación de los pivotes en esas combinaciones y balón para el rival. "¿Como nos roben en una de esas y el delantero se plante solo ante Bravo, lo va a tirar fuera por seguir con este pacto de no-agresión?".
Se adelantó el Getafe como se tenía que adelantar. Una falta bien botada, una defensa mal ejecutada (además de retrasada) y gol de Cata Díaz. Sí, el primero que marcaba esta temporada. La vía de agua, con 30.000 gargantas blanquiazules en la grada, estaba abierta de par en par. La presión, para una Real que pocos minutos antes había dispuesto de una buena ocasión en la testa de un fajador Tamudo. Hubo más golpes y contragolpes que hicieron presagiar lo peor. El Getafe llegaba adonde Bravo en apenas dos precisos pases. Un 0-2 hubiese resultado demoledor. Y quizá vitamínico para la moral de Deportivo o Mallorca -que aunque bastante tenían con lo suyo, nunca se sabe de dónde se pueden sacar las fuerzas.
Por eso, lo mejor que podía pasar media hora después era que llegara el descanso y lo hiciera, en el peor de los casos, con 0-1. Como contra el Barcelona, evocaban algunos, los optimistas. Martín Lasarte, a diferencia de lo que hizo en Sevilla, actuó con celeridad. En el descanso sentó a una de las figuras más importantes de su ajedrez y dio entrada a un peoncito poco destacado a lo largo de la temporada. Zurutuza dejó su sitio en el campo a Griezmann, mientras que el galo cedió la banda al recién incorporado Sutil.
El cambio no produjo especial agrado en la afición, pero los realistas estaban dispuestos a conceder ese último crédito de 45 minutos a fondo perdido. La vuelta al campo fue más sosegada que la salida. Con más orden y criterio, los pupilos de Lasarte acamparon en el medio terreno getafense. Sin que fuera un asedio, la Real empezó a tocar y a controlar la pelota más de lo que lo había hecho en la primera mitad.
Los realistas tenían la línea clave -los tres mediapuntas- casi desactivada, desaparecida o desenchufada. Buena culpa de ello la tenía Boateng, que él solito se bastó para reducir a todo bicho viviente de su zona. Sin esos tres estiletes, la Real era lo mismo que buena parte de la temporada, cuando ya no sorprendía a los rivales: muy poca cosa.
De todos modos, con la tranquilidad relativa que daban los resultados favorables de Riazor o Son Moix, a base de empuje y a base de un Anoeta que volvió a creer en los suyos tras varios minutos de zozobra después del 0-1, la Real empató. Y lo hizo a balón parado también, en una jugada muy similar a la del tanto visitante. Esta vez era Xabi Prieto el que ponía el balón en el aire y Sutil el que provocaba, empate mediante, que los realistas empezaran a chillar toda la tensión contenida, a brincar, a quitarse del cuello las bufandas y ondearlas al viento, a abrazarse con el desconocido de abajo. "Pase lo que pase, si empatamos, nos vale".
Fue lo mejor que podía pasar, sobre todo porque los blanquiazules se volvieron a enganchar al partido de Anoeta. Al margen de lo que estuviera pasando en Galicia o Mallorca. Y, salvo cuando el Getafe se acercó al 0-2, fueron esos los momentos de más nervios en las gradas. Justo cuando ya estaba, ahora sí que sí y gracias a lo realizado en Anoeta, en la mano.
Bien está lo que bien acaba, dicen. El partido concluyó con un rondo a la generala entre unos y otros al que podían haber bajado cincuenta aficionados para completar el espectáculo que un conocido banco organiza en el descanso de algunos choques. Pese a que había veinte minutos por delante, no hubo tiempo para más porque ninguno de los dos equipos quiso.
Tampoco lo necesitaban tras una temporada en la que en Getafe se vieron casi luchando por Europa y ayer se enfrentaron por no bajar. Merece la pena, y mucho, analizar el bajonazo tremendo que ha dado el equipo en la segunda vuelta. Ahí residirá una de las principales claves del próximo ejercicio.
Año en el que, salvo sorpresa, Diego Rivas -qué manera de llorar-, Raúl Tamudo y Martín Lasarte -como mínimo- no vestirán la casaca realista. Ayer los tres, sobre todo los dos jugadores, fueron despedidos como se merecen. Porque el 0-2 del Valencia en Riazor en el minuto 89 permitía desanudar la corbata todavía más. Respirar mejor. Y permitirse licencias como la ola que recorrió Anoeta entre seguidores realistas y getafenses.
Si era motivo de celebración o de simple alivio, júzguenlo ustedes. Porque aunque el resultado final es el que todos deseábamos en agosto, el desenlace es, pese al alivio, para montar una bronca seria. Y con razón. Pero eso lo vamos a dejar estar. Al menos hasta mañana.
El que pierda en Anoeta será el que baje. Se daba por sentado que en Donostia habría un derrotado. Y un ganador. Al final, ni lo uno ni lo otro. Mirando lo que pasaba en Mallorca o A Coruña había cada vez más razones para la tranquilidad. Porque la Real anoche no estuvo ni un minuto en Segunda División. Por mucho que el Getafe se adelantara. Que el Valencia fuera por delante en Riazor o que el Atlético de Madrid intentara evitar comenzar la Europa League quince días antes de lo previsto ayudó tanto a los de Lasarte como a los de Míchel.
En un partido malo y nervioso de solemnidad -pregunten por Zurutuza o por Griezmann-, Real Sociedad y Getafe se dedicaron a hacer un rondo agarraditos de la mano durante los últimos veinte minutos. Desde el gol del empate de Paco Sutil. Muchas circulaciones de lateral a lateral, con alguna incorporación de los pivotes en esas combinaciones y balón para el rival. "¿Como nos roben en una de esas y el delantero se plante solo ante Bravo, lo va a tirar fuera por seguir con este pacto de no-agresión?".
Se adelantó el Getafe como se tenía que adelantar. Una falta bien botada, una defensa mal ejecutada (además de retrasada) y gol de Cata Díaz. Sí, el primero que marcaba esta temporada. La vía de agua, con 30.000 gargantas blanquiazules en la grada, estaba abierta de par en par. La presión, para una Real que pocos minutos antes había dispuesto de una buena ocasión en la testa de un fajador Tamudo. Hubo más golpes y contragolpes que hicieron presagiar lo peor. El Getafe llegaba adonde Bravo en apenas dos precisos pases. Un 0-2 hubiese resultado demoledor. Y quizá vitamínico para la moral de Deportivo o Mallorca -que aunque bastante tenían con lo suyo, nunca se sabe de dónde se pueden sacar las fuerzas.
Por eso, lo mejor que podía pasar media hora después era que llegara el descanso y lo hiciera, en el peor de los casos, con 0-1. Como contra el Barcelona, evocaban algunos, los optimistas. Martín Lasarte, a diferencia de lo que hizo en Sevilla, actuó con celeridad. En el descanso sentó a una de las figuras más importantes de su ajedrez y dio entrada a un peoncito poco destacado a lo largo de la temporada. Zurutuza dejó su sitio en el campo a Griezmann, mientras que el galo cedió la banda al recién incorporado Sutil.
El cambio no produjo especial agrado en la afición, pero los realistas estaban dispuestos a conceder ese último crédito de 45 minutos a fondo perdido. La vuelta al campo fue más sosegada que la salida. Con más orden y criterio, los pupilos de Lasarte acamparon en el medio terreno getafense. Sin que fuera un asedio, la Real empezó a tocar y a controlar la pelota más de lo que lo había hecho en la primera mitad.
Los realistas tenían la línea clave -los tres mediapuntas- casi desactivada, desaparecida o desenchufada. Buena culpa de ello la tenía Boateng, que él solito se bastó para reducir a todo bicho viviente de su zona. Sin esos tres estiletes, la Real era lo mismo que buena parte de la temporada, cuando ya no sorprendía a los rivales: muy poca cosa.
De todos modos, con la tranquilidad relativa que daban los resultados favorables de Riazor o Son Moix, a base de empuje y a base de un Anoeta que volvió a creer en los suyos tras varios minutos de zozobra después del 0-1, la Real empató. Y lo hizo a balón parado también, en una jugada muy similar a la del tanto visitante. Esta vez era Xabi Prieto el que ponía el balón en el aire y Sutil el que provocaba, empate mediante, que los realistas empezaran a chillar toda la tensión contenida, a brincar, a quitarse del cuello las bufandas y ondearlas al viento, a abrazarse con el desconocido de abajo. "Pase lo que pase, si empatamos, nos vale".
Fue lo mejor que podía pasar, sobre todo porque los blanquiazules se volvieron a enganchar al partido de Anoeta. Al margen de lo que estuviera pasando en Galicia o Mallorca. Y, salvo cuando el Getafe se acercó al 0-2, fueron esos los momentos de más nervios en las gradas. Justo cuando ya estaba, ahora sí que sí y gracias a lo realizado en Anoeta, en la mano.
Bien está lo que bien acaba, dicen. El partido concluyó con un rondo a la generala entre unos y otros al que podían haber bajado cincuenta aficionados para completar el espectáculo que un conocido banco organiza en el descanso de algunos choques. Pese a que había veinte minutos por delante, no hubo tiempo para más porque ninguno de los dos equipos quiso.
Tampoco lo necesitaban tras una temporada en la que en Getafe se vieron casi luchando por Europa y ayer se enfrentaron por no bajar. Merece la pena, y mucho, analizar el bajonazo tremendo que ha dado el equipo en la segunda vuelta. Ahí residirá una de las principales claves del próximo ejercicio.
Año en el que, salvo sorpresa, Diego Rivas -qué manera de llorar-, Raúl Tamudo y Martín Lasarte -como mínimo- no vestirán la casaca realista. Ayer los tres, sobre todo los dos jugadores, fueron despedidos como se merecen. Porque el 0-2 del Valencia en Riazor en el minuto 89 permitía desanudar la corbata todavía más. Respirar mejor. Y permitirse licencias como la ola que recorrió Anoeta entre seguidores realistas y getafenses.
Si era motivo de celebración o de simple alivio, júzguenlo ustedes. Porque aunque el resultado final es el que todos deseábamos en agosto, el desenlace es, pese al alivio, para montar una bronca seria. Y con razón. Pero eso lo vamos a dejar estar. Al menos hasta mañana.
Ficha técnica
Real Sociedad: Bravo; Carlos Martínez, Mikel González, Demidov, De la Bella; Rivas (Elustondo, min. 84), Aranburu, Xabi Prieto, Griezmann (Markel min. 68), Zurutuza (Sutil, min. 46); Tamudo.
Getafe: Ustari; Víctor Sánchez, Cata Díaz, Mario (Mané, min. 46), Marcano; Boateng, Miguel Torres, Pedro Ríos, Albín (Parejo, min. 69), Manu del Moral (Casquero, min. 82); Miku.
Goles: 0-1, Cata Díaz (min. 9); 1-1, Sutil (min. 65).
Árbitro: Teixeira Vitienes (colegio cántabro). Tarjeta amarilla a Mario.
Real Sociedad: Bravo; Carlos Martínez, Mikel González, Demidov, De la Bella; Rivas (Elustondo, min. 84), Aranburu, Xabi Prieto, Griezmann (Markel min. 68), Zurutuza (Sutil, min. 46); Tamudo.
Getafe: Ustari; Víctor Sánchez, Cata Díaz, Mario (Mané, min. 46), Marcano; Boateng, Miguel Torres, Pedro Ríos, Albín (Parejo, min. 69), Manu del Moral (Casquero, min. 82); Miku.
Goles: 0-1, Cata Díaz (min. 9); 1-1, Sutil (min. 65).
Árbitro: Teixeira Vitienes (colegio cántabro). Tarjeta amarilla a Mario.
- Crónica web Real Sociedad.
- Crónica Juan Rodríguez Millán.
- Crónica EFE.
- Acta RFEF.

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