J. 36: Real Sociedad 2-1 Real Zaragoza
Para no jugarse más
Mismo sastre, mismo patrón y mismo partido. Nadie esperaba que la Real fuera a ganar con solvencia el partido conra el Zaragoza y, en realidad, eran muy pocos los que contemplaban la opción de derrotar al conjunto maño. Típico alarde de optimismo guipuzcoano en una tarde a la que se llegaba tras un cartel de pésimos resultados.
Todos salvo uno: la derrota del Getafe en el Santiago Bernabéu. Ese resultado permitía que, aun perdiendo contra el Zaragoza y contra el Sevilla, la Real llegara con opciones claras de salvación a la última jornada. Y a morirse de los nervios.
No parece que vaya a ser así. La Real arrancó el partido de anoche tan enchufada como precipitada, aunque encontró poco a poco su sitio en la medida que el Zaragoza perdía el suyo. Lleno de interrupciones, el juego del conjunto visitante parecía buscar más el error rival que hacer su propuesta.
El ambiente era de las grandes ocasiones tensas. Cerca de 27.000 espectadores poblaban unas gradas dispuestas a sufrir. Todo iba de una manera sosegada -aunque controlada por parte de los realistas- cuando Zurutuza peinaba un balón a por el que Doblas había salido a por uvas, con tan mala suerte -buena- que se la llevó Tamudo para enviarla al fondo de la meta zaragocista. Se espabiló antes que Jarosik. Clave.
Era el minuto 23 y abría un periodo en el que la Real dominó aún más para dejar el marcador al descanso con un exiguo 1-0. Tanto o más cuando el comienzo de la segunda mitad no tenía nada que ver con la primera. El Zaragoza, mentalizado de la empresa que tenía por delante, dejó de darle vueltas al balón y se puso a buscar los caminos hacia la meta de Bravo. Y los encontró en apenas ocho minutos: los que tardó Gabi en empatar con un lanzamiento de falta magistral.
La Real no estaba. El Zaragoza se acercaba con cada vez más peligro. Martín Lasarte intentó romper la inercia sentando a un Zurutuza ineficiente por Sutil, centrando a Griezmann. Agua. No hubo manera de tapar la hemorragia hasta que, con una ocasión a favor de los realistas en respuesta al gol que Herrera debió marcar pero no supo, el técnico uruguayo puso a Markel a contener el centro del campo y a Ifrán a incordiar arriba.
El empate a uno seguía en el marcador, pero los donostiarras habían conseguido algo importante: estabilizar el choque y desactivar al conjunto rival de nuevo. Una ocasión de Griezmann a pase de Markel al poco de entrar este. A partir de ahí, casi en el minuto 80, era volver a poner la maquinaria en marcha e intentar llegar a la meta de Leo Franco. Las faltas se tiraron tan mal como siempre, igual que los saques de esquina.
Todos, menos uno, ese cuyo rechace empaló Aranburu con la zurda para marcar el 2-1 en el 89'. Para que luego digan que en el 89' o el 90' a la Real solo le empatan o le ganan. Eran unos minutos para tener el cuchillo entre los dientes. El rival, en su día el Sporting, ayer el Zaragoza, había tenido al conjunto de Lasarte contra las cuerdas. Pero mató la Real.
Lo hizo en un partido que no podía ser una final, pero que con los tres puntos puede ser el final. Tres sufridos triunfos consecutivos en casa como última solución sitúan en Primera a una Real que no ha rascado ni un solo punto lejos de Anoeta en toda la segunda vuelta. Por eso hacía falta ganarle sí o sí al Zaragoza. Aunque el balón de Aranburu entrara en las mallas llorando tras dar en dos defensas. Daba igual. Porque a partir de ahí, solo quedaba una cosa: que Carlos Martínez fuera a por el balón y le sacudiera un patadón a las nubes como para ponerlo en órbita. No se jugaba más.
Todos salvo uno: la derrota del Getafe en el Santiago Bernabéu. Ese resultado permitía que, aun perdiendo contra el Zaragoza y contra el Sevilla, la Real llegara con opciones claras de salvación a la última jornada. Y a morirse de los nervios.
No parece que vaya a ser así. La Real arrancó el partido de anoche tan enchufada como precipitada, aunque encontró poco a poco su sitio en la medida que el Zaragoza perdía el suyo. Lleno de interrupciones, el juego del conjunto visitante parecía buscar más el error rival que hacer su propuesta.
El ambiente era de las grandes ocasiones tensas. Cerca de 27.000 espectadores poblaban unas gradas dispuestas a sufrir. Todo iba de una manera sosegada -aunque controlada por parte de los realistas- cuando Zurutuza peinaba un balón a por el que Doblas había salido a por uvas, con tan mala suerte -buena- que se la llevó Tamudo para enviarla al fondo de la meta zaragocista. Se espabiló antes que Jarosik. Clave.
Era el minuto 23 y abría un periodo en el que la Real dominó aún más para dejar el marcador al descanso con un exiguo 1-0. Tanto o más cuando el comienzo de la segunda mitad no tenía nada que ver con la primera. El Zaragoza, mentalizado de la empresa que tenía por delante, dejó de darle vueltas al balón y se puso a buscar los caminos hacia la meta de Bravo. Y los encontró en apenas ocho minutos: los que tardó Gabi en empatar con un lanzamiento de falta magistral.
La Real no estaba. El Zaragoza se acercaba con cada vez más peligro. Martín Lasarte intentó romper la inercia sentando a un Zurutuza ineficiente por Sutil, centrando a Griezmann. Agua. No hubo manera de tapar la hemorragia hasta que, con una ocasión a favor de los realistas en respuesta al gol que Herrera debió marcar pero no supo, el técnico uruguayo puso a Markel a contener el centro del campo y a Ifrán a incordiar arriba.
El empate a uno seguía en el marcador, pero los donostiarras habían conseguido algo importante: estabilizar el choque y desactivar al conjunto rival de nuevo. Una ocasión de Griezmann a pase de Markel al poco de entrar este. A partir de ahí, casi en el minuto 80, era volver a poner la maquinaria en marcha e intentar llegar a la meta de Leo Franco. Las faltas se tiraron tan mal como siempre, igual que los saques de esquina.
Todos, menos uno, ese cuyo rechace empaló Aranburu con la zurda para marcar el 2-1 en el 89'. Para que luego digan que en el 89' o el 90' a la Real solo le empatan o le ganan. Eran unos minutos para tener el cuchillo entre los dientes. El rival, en su día el Sporting, ayer el Zaragoza, había tenido al conjunto de Lasarte contra las cuerdas. Pero mató la Real.
Lo hizo en un partido que no podía ser una final, pero que con los tres puntos puede ser el final. Tres sufridos triunfos consecutivos en casa como última solución sitúan en Primera a una Real que no ha rascado ni un solo punto lejos de Anoeta en toda la segunda vuelta. Por eso hacía falta ganarle sí o sí al Zaragoza. Aunque el balón de Aranburu entrara en las mallas llorando tras dar en dos defensas. Daba igual. Porque a partir de ahí, solo quedaba una cosa: que Carlos Martínez fuera a por el balón y le sacudiera un patadón a las nubes como para ponerlo en órbita. No se jugaba más.
Ficha técnica
Real Sociedad: Bravo; Carlos Martínez, Ansotegi, Demidov, De la Bella; Rivas (Bergara, min. 74), Aranburu, Xabi Prieto, Zurutuza (Sutil, min. 65), Griezmann; Tamudo (Diego Ifrán, min. 74).
Real Zaragoza: Toni Doblas (Leo Franco, min. 65); Lanzaro (Sinama Pongolle, min. 88), Jarosik, Da Silva, Paredes; Ponzio, Nico Bertolo (Boutahar, min. 46), Gabi, Ander Herrera; Lafita y Uche.
Goles: 1-0, min. 24: Tamudo. 1-1, min. 53: Gabi, de falta directa. 2-1, min. 88: Aranburu.
Árbitro: Alvarez Izquierdo (colegio catalán). Tarjetas amarillas a Tamudo, Griezmann, Zurutuza, Xabi Prieto, Ifrán; Ander Herrera y Lanzaro.
Real Sociedad: Bravo; Carlos Martínez, Ansotegi, Demidov, De la Bella; Rivas (Bergara, min. 74), Aranburu, Xabi Prieto, Zurutuza (Sutil, min. 65), Griezmann; Tamudo (Diego Ifrán, min. 74).
Real Zaragoza: Toni Doblas (Leo Franco, min. 65); Lanzaro (Sinama Pongolle, min. 88), Jarosik, Da Silva, Paredes; Ponzio, Nico Bertolo (Boutahar, min. 46), Gabi, Ander Herrera; Lafita y Uche.
Goles: 1-0, min. 24: Tamudo. 1-1, min. 53: Gabi, de falta directa. 2-1, min. 88: Aranburu.
Árbitro: Alvarez Izquierdo (colegio catalán). Tarjetas amarillas a Tamudo, Griezmann, Zurutuza, Xabi Prieto, Ifrán; Ander Herrera y Lanzaro.
- Crónica web Real Sociedad.
- Crónica Juan Rodríguez Millán.
- Crónica EFE.
- Acta RFEF.
