En caliente, por Diego Carasusán*
Semana de Pasión
Ya saben ustedes lo que me gusta jugar con los paralelismos en esta columna, con lo que la llegada de la Semana Santa me pone a huevo el tema para este En Caliente.
No me negarán que el recibimiento al equipo que se fue gestando a lo largo de los días previos al partido frente al Sporting no les recordó a la entrada de Jesús en Jerusalén. Era Domingo de Ramos, y nuestros jugadores accedieron a Anoeta entre gritos de ¡Real, Real!, que bien pudieran haber sido de: “¡Hosanna en el Cielo! ¡Benditos los que vienen en el nombre del Señor!”.
Entre los alabados por la multitud se encontraba Martín Lasarte, quien encarnó a la perfección el papel de Jesús. El uruguayo salió del autobús y saludó a la multitud que le vitoreaba tanto a él como a sus ‘discípulos’, pero entre la afición que aguardaba en el interior de Anoeta había varios grupos de esperaban agazapados para llevar a cabo su particular crucifixión.
Griezmann se disfrazó de paloma de la paz para volar en el área y marcar el gol que nos ponía por delante, pero De las Cuevas hizo de Judas y empató el partido para poner a la afición realista un nudo en el estómago y la soga al cuello. Los clavos ya estaban a punto de traspasar las manos de Martín cuando se nos apareció el Espíritu Santo en forma, de nuevo, de jovencito francés de rubio pelaje.
La muerte y crucifixión de Jesús son el punto de origen del Cristianismo, en cuya historia destaca la persecución que sufrieron sus seguidores en tiempos de los romanos. El Imperio convirtió a muchos de los fieles cristianos en mártires con torturas que conducían a la muerte. Se dice que una de las más crueles prácticas romanas era la de utilizar a hombres, mujeres y niños como alimento de los leones del circo.
Curiosamente, uno de esos mártires cristianos que se supone murió entre las fauces de los leones fue San Mamés, de ahí que a los jugadores del Bilbao se les conozca por ese sobrenombre.
El estadio bilbaíno es lo más parecido al coliseo que existe en Euskal-Herria. No por lo imponente de sus dimensiones, sino porque, como en aquel majestuoso escenario romano, los propietarios del recinto ponen el dinero y los profesionales que allí actúan son mercenarios llegados de todos los puntos del Imperio menos de la propia Roma.
Algo así va a ocurrir con el recientemente inaugurado Frontón Bizkaia de Bilbao. Un recinto espectacular, donde se han invertido millones de euros, y donde los principales actores hasta ahora han sido tres navarros y un vasco-francés.
Allí en San Mamés, en ese circo rojiblanco (ya saben el chiste ese de que es un circo porque hay 11 leones y 40.000 payasos) nos jugamos el sábado nuestra particular resurrección. Que así sea.
Aupa Erreala!
*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.
No me negarán que el recibimiento al equipo que se fue gestando a lo largo de los días previos al partido frente al Sporting no les recordó a la entrada de Jesús en Jerusalén. Era Domingo de Ramos, y nuestros jugadores accedieron a Anoeta entre gritos de ¡Real, Real!, que bien pudieran haber sido de: “¡Hosanna en el Cielo! ¡Benditos los que vienen en el nombre del Señor!”.
Entre los alabados por la multitud se encontraba Martín Lasarte, quien encarnó a la perfección el papel de Jesús. El uruguayo salió del autobús y saludó a la multitud que le vitoreaba tanto a él como a sus ‘discípulos’, pero entre la afición que aguardaba en el interior de Anoeta había varios grupos de esperaban agazapados para llevar a cabo su particular crucifixión.
Griezmann se disfrazó de paloma de la paz para volar en el área y marcar el gol que nos ponía por delante, pero De las Cuevas hizo de Judas y empató el partido para poner a la afición realista un nudo en el estómago y la soga al cuello. Los clavos ya estaban a punto de traspasar las manos de Martín cuando se nos apareció el Espíritu Santo en forma, de nuevo, de jovencito francés de rubio pelaje.
La muerte y crucifixión de Jesús son el punto de origen del Cristianismo, en cuya historia destaca la persecución que sufrieron sus seguidores en tiempos de los romanos. El Imperio convirtió a muchos de los fieles cristianos en mártires con torturas que conducían a la muerte. Se dice que una de las más crueles prácticas romanas era la de utilizar a hombres, mujeres y niños como alimento de los leones del circo.
Curiosamente, uno de esos mártires cristianos que se supone murió entre las fauces de los leones fue San Mamés, de ahí que a los jugadores del Bilbao se les conozca por ese sobrenombre.
El estadio bilbaíno es lo más parecido al coliseo que existe en Euskal-Herria. No por lo imponente de sus dimensiones, sino porque, como en aquel majestuoso escenario romano, los propietarios del recinto ponen el dinero y los profesionales que allí actúan son mercenarios llegados de todos los puntos del Imperio menos de la propia Roma.
Algo así va a ocurrir con el recientemente inaugurado Frontón Bizkaia de Bilbao. Un recinto espectacular, donde se han invertido millones de euros, y donde los principales actores hasta ahora han sido tres navarros y un vasco-francés.
Allí en San Mamés, en ese circo rojiblanco (ya saben el chiste ese de que es un circo porque hay 11 leones y 40.000 payasos) nos jugamos el sábado nuestra particular resurrección. Que así sea.
Aupa Erreala!
*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.

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