13/03/11

J. 28: Real Sociedad 0-2 Málaga

Y se empezaron a desunir



La Real, con 0-2 en contra, solo fue capaz de lanzar un disparo desde fuera del área. La agonía duró media hora larga. Y le quedan, vista la competencia de la plantilla, nueve partidos más para acabar la temporada de la ilusión, ese elemento gaseoso que ya se ha evaporado. Y terminar la temporada en tierra de nadie, con esperpentos como los de la semana pasada, el de hoy y apunta a los próximos. Esto es, la mejor predisposición para afrontar la 2011-2012 que alguno se afana en preparar desde ayer.

Anoeta, tras varios años, abroncó a los suyos. Lo hizo después de echar sobre Undiano Mallenco -ese hermano navarro- pestes por su arbitraje sibilino, desquiciante y en casi ningún momento -ni por error- favorable al local. Le endosó 23 faltas a los realistas, entre ellas una amarilla a Rivas en el primer minuto, y hubo un par de amagos de penalties en los que se lavó las manos.

Pero la Real bastante tenía consigo misma. Salió con cierto carácter, intentando marcar distancias con lo ocurrido en Riazor, intentando marcar un gol que empujara al jeque a Arabia o, al menos, a Manuel Pellegrini hacia Chile. Prieto la tuvo y Duda, veinte minutos después, la retuvo. El portugués se hallaba en el ojo del huracán tras declarar que el Málaga iba al campo de "un rival directo". Marcó un gol de falta en el minuto 25 y calló a los bravucones que habían osado a responderle. Otro cantar es cómo había logrado la ventaja para los suyos, qué había hecho la defensa de la Real en esa falta que botaba él y qué había hecho el guardameta, Claudio Bravo. Otro cantar.

Con ese panorama, convenía recordar que la Real no había sido capaz de ganar a aquel que lograra marcar en Anoeta y que, por lo tanto, tocaba machada de las buenas. Al volver del descanso, ese ímpetu duró unos pocos minutos. La quiebra, en una jugada aislada malacitana, en el 57'. Desde la izquierda trenzaron una jugada sin apenas oposición para que Rondón cruzara un cabezazo por el único sitio por donde podía batir al portero realista. Los de Lasarte dispusieron siete saques de esquina y varias faltas cada una peor sacada. Pésimo 0-2 y que pase el Racing de Santander.

En el fondo, no hubo manera. Las excusas podían ser variadas. El remate llegó desde el banquillo, cuando Martín Lasarte dio entrada a Elustondo por Rivas o a Sarpong por Zurutuza para luego sentar a Aranburu y sacar a Agirretxe. No sirvió para absolutamente nada, como recnoció el técnico uruguayo. Solo valió -el que no se consuela es porque no quiere- para comprobar que los recambios realistas están mucho peor que los titulares. Y viendo el estado de forma actual de Griezmann, es mucho decir. Preocupante. Pitos, merecidos y justificados, de salida.

El mensaje más importante que ha lanzado Martín Lasarte desde que pisó suelo guipuzcoano en Hondarribia fue el de la tarde del ascenso. "¡No se desunan!", gritó con cierto aire de despedida que no se consumó. La temporada siguiente arrancó en plena cresta de esa ola. El triunfo sobre el Villarreal no hacía más que certificar algo que muchos dudaban: la Real podía quedarse. Al menos un año más.

La emoción, esa ola -maldita la gracia hablar de agua con el tsunami de Japón- del ascenso que parece acabada, siguió creciendo en Almería ("al menos rescatamos un punto, lástima de final") y contra el Real Madrid de Mourinho: "Hemos dado la cara", algo que el portugués aderezó con un poco habitual en él "no hemos merecido ganar". Ahí se tocó techo, cuando la Real resucitamuertos empezó a aparecer.

Primero fue el agonizante Osasuna en la cuarta jornada. Luego los realistas despertaron a Cavenaghi (se marchó del Mallorca en diciembre, solo marcó dos goles y ambos en la misma tarde), a un Levante que todavía no había ganado en casa, a un Atlético de Madrid que no se había llevado de golpe tres puntos a domicilio, al colista Zaragoza, al Espanyol de las cuatro derrotas consecutivas o al Deportivo de Lotina.

Hasta que llegó el Málaga de Pellegrini que planteó eso de "donde caben seis, caben siete". Y la afición dijo que su límite -mucho mayor que el de aficiones de otras latitudes- estaba colmado. Protestó como lo hizo hace casi seis años. Quizá algo menos, bien es cierto. José Luis Astiazarán imploró a ese populacho del que había pasado que llenara las gradas para luchar por la permanencia contra el equipo costasoleño.

La noche anterior, los resultados favorables pusieron a la Real un año más en Primera. El Málaga se adelantó de falta (que sí, que marcó Duda) y el público, que llenaba el campo, estalló contra un equipo que despedía a un Raynald Denoueix que hizo los tres cambios de golpe. Ahí metió a Lee Chun Soo, que asistió a Darko Kovacevic para empatar a falta de quince minutos. Raro y follón, como varios años, un descenso y casi dos ascensos después.

Que vale, que la UEFA no es algo exigible este año -casi seguro que tampoco el próximo-, pero que no se puede dar la imagen paupérrima que se dio contra el Levante, se repitió en A Coruña y se volvió a dar ante el Málaga. No al menos con la camiseta centenaria de la Real.


Ficha técnica
Real Sociedad: Bravo; Estrada, Mikel González, Ansotegi, De la Bella; Rivas (Elustondo, min. 65), Aranburu (Agirretxe, min. 78), Xabi Prieto, Griezmann, Zurutuza (Sarpong, min. 65); Tamudo.

Málaga: Willy Caballero; Gaspar, Wellington, Kris, Eliseu; Recio, Apoño, Duda (Maresca, min. 75), Portillo (Sandro Silva, min. 66); Seba (Obuwu-Abeye, min. 84) y Rondón.

Goles: 0-1, min. 25. Duda. 0-2, min. 57: Rondón.

Árbitro: Undiano Mallenco (colegio navarro). Amarillas a Rivas, Estrada; Welligton, Caballero.


- Crónica web Real Sociedad.
- Crónica de Juan Rodríguez Millán.
- Crónica Efe.
- Acta RFEF.