Jornada 24: Real Sociedad 1-0 Mallorca
Perder tiempo, ganar puntos
Real Sociedad 1-0 Villarreal; Real Sociedad 1-0 Espanyol; Real Sociedad 3-0 Deportivo; Real Sociedad 1-0 Racing de Santander; Real Sociedad 2-0 Athletic; Real Sociedad 2-0 Almería; Real Sociedad 1-0 Osasuna y Real Sociedad 1-0 Mallorca. Son todas las victorias del equipo de Martín Lasarte en Anoeta: veinticuatro puntos a base de mantener la puerta, como en Getafe, a cero.
La estadística asusta casi tanto como el vendaval que se levantó ayer por la tarde en Donostia. Quizá por eso, Michael Laudrup dejó en el banquillo a Chori Castro, porque iba a ser un partido de más lucha que efectos preciosistas. Quizá por eso, el Mallorca no tuvo prisa mientras pudo. Y no es un detalle baladí: los rivales de este tipo ya llegan a Anoeta dispuestos a dejar correr el tiempo, a perderlo, a dejarlo escapar para siempre.
La Real, en cambio, empieza a carburar cada vez más. Sobre todo en las segundas mitades. El conjunto de Lasarte tiene varios conceptos claros y, cuando los lleva al campo, es difícil de batir. Contra el Mallorca -sin el bigoleador Cavenaghi, traspasado- salió con orden y de tú a tú, pero poco más. Aun así, las ocasiones empezaron a llegar poco a poco. Demidov pudo adelantar a los suyos a balón parado después de que Aouate -merece comentario aparte- saliera a por uvas. Tamudo en dos ocasiones tras dos centros por la derecha y Griezmann en un flojo disparo pudieron poner en ventaja a una Real que intentaba adelantar a un Mallorca difícil de dejar atrás. Como el coche que intenta adelantar a otro en la autopista.
El espectáculo meteorológico cuyo viento retardaba balones y cuya lluvia mojaba los huesos. La vuelta de los vestuarios llevó el mismo camino. El guardameta israelí del Mallorca -merece, insisto, comentario aparte- a punto estuvo de marcar en propia meta en uno de los muchos balones parados de los que dispuso el equipo local. La tromba era realista y había salido con mucha intensidad, determinación, velocidad, tesón y coraje, a por su rival. La jugada del gol, con mucha calidad, tenía que llegar por la derecha.
Estrada y Prieto bailaron un balón que puso al final el de Zarautz para que Gol Tamudo, de cabeza y en el primer palo, metiera el 1-0 que tanto temía Laudrup: "El primer gol puede ser decisivo". No hubo otro, por mucho que la Real disponía de un buen juego que la única recompensa que tuvo fue un disparo de Prieto -otra vez él- al larguero y, al final, una serie de ocasiones (algunas a puerta vacía) cuando el partido ya estaba roto.
No así la Real. De la Bella empieza a entonarse de nuevo por la izquierda y en el centro, Demidov mandó y gobernó bien su zona. El rapapolvos que escuchó Estrada a poco de terminar o el cabreo que tenía tras ceder un córner resultan difíciles de olvidar de un ruso que es capaz de esto sin todavía saber euskera. No había tiempo para mucho más, aunque los errores de Sutil, bien en las entregas, bien en las faltas, pudieron costar algún disgusto entre un Mallorca que le ponía ganas y un vendaval en el que los cuatro dioses del viento soplaban a la vez, cada uno por un lado.
Entonces fue el momento en el que Anoeta había abandonado esa extraña sensación de tranquila comodidad que reinaba incluso con 0-0. Que la Real era capaz y que la iba a liar, poniéndose a tres puntos de Europa y dejando a once el descenso. Quizá porque los suyos reaccionaron demasiado tarde -como reconoció Laudrup- el central mallorquí Rubén vio una amarilla por protestar. Se dirigió al asistente arbitral "gritando y con los brazos en alto 'ha sido un penalti como una casa'". Sería como una casa de las que el lobo, con su viento, voló.
Y si no fue el lobo, bien pudo ser el guardameta israelí Dudu Aouate. Hubo un sector localizado que le lanzó el deleznable "Aouate, muérete" o vitorearon por la independencia de Palestina. El guardameta respondió. Miraba al fondo sur y agitaba los brazos durante la segunda parte como diciendo "¿qué pasa?". Al acabar el partido, camino del túnel de vestuarios, tuvo a bien dedicar otro par cortes de mangas. Era el único rebote que le quedaba al derrotado.
En ocho partidos en Anoeta, los rivales se han ido con la puerta a cero y sin ningún punto. Cada vez más, llegan a Donostia con intención de dejar correr el reloj, de que pase el tiempo, de que el chófer abandone su asiento en el campo y baje al autobús a ponerlo en marcha para viajar al aeropuerto o al hotel, a que el utillero de turno vaya al vestuario a dejarlo todo listo para hacer un hueco a, al menos, un punto en el equipaje. Y, de repente, en la segunda parte, ocurre que aparece el tal Gol Tamudo, marca y puede no volver a pasar nada más. Vinieron a perder tiempo... y acabaron perdiendo el partido.
La estadística asusta casi tanto como el vendaval que se levantó ayer por la tarde en Donostia. Quizá por eso, Michael Laudrup dejó en el banquillo a Chori Castro, porque iba a ser un partido de más lucha que efectos preciosistas. Quizá por eso, el Mallorca no tuvo prisa mientras pudo. Y no es un detalle baladí: los rivales de este tipo ya llegan a Anoeta dispuestos a dejar correr el tiempo, a perderlo, a dejarlo escapar para siempre.
La Real, en cambio, empieza a carburar cada vez más. Sobre todo en las segundas mitades. El conjunto de Lasarte tiene varios conceptos claros y, cuando los lleva al campo, es difícil de batir. Contra el Mallorca -sin el bigoleador Cavenaghi, traspasado- salió con orden y de tú a tú, pero poco más. Aun así, las ocasiones empezaron a llegar poco a poco. Demidov pudo adelantar a los suyos a balón parado después de que Aouate -merece comentario aparte- saliera a por uvas. Tamudo en dos ocasiones tras dos centros por la derecha y Griezmann en un flojo disparo pudieron poner en ventaja a una Real que intentaba adelantar a un Mallorca difícil de dejar atrás. Como el coche que intenta adelantar a otro en la autopista.
El espectáculo meteorológico cuyo viento retardaba balones y cuya lluvia mojaba los huesos. La vuelta de los vestuarios llevó el mismo camino. El guardameta israelí del Mallorca -merece, insisto, comentario aparte- a punto estuvo de marcar en propia meta en uno de los muchos balones parados de los que dispuso el equipo local. La tromba era realista y había salido con mucha intensidad, determinación, velocidad, tesón y coraje, a por su rival. La jugada del gol, con mucha calidad, tenía que llegar por la derecha.
Estrada y Prieto bailaron un balón que puso al final el de Zarautz para que Gol Tamudo, de cabeza y en el primer palo, metiera el 1-0 que tanto temía Laudrup: "El primer gol puede ser decisivo". No hubo otro, por mucho que la Real disponía de un buen juego que la única recompensa que tuvo fue un disparo de Prieto -otra vez él- al larguero y, al final, una serie de ocasiones (algunas a puerta vacía) cuando el partido ya estaba roto.
No así la Real. De la Bella empieza a entonarse de nuevo por la izquierda y en el centro, Demidov mandó y gobernó bien su zona. El rapapolvos que escuchó Estrada a poco de terminar o el cabreo que tenía tras ceder un córner resultan difíciles de olvidar de un ruso que es capaz de esto sin todavía saber euskera. No había tiempo para mucho más, aunque los errores de Sutil, bien en las entregas, bien en las faltas, pudieron costar algún disgusto entre un Mallorca que le ponía ganas y un vendaval en el que los cuatro dioses del viento soplaban a la vez, cada uno por un lado.
Entonces fue el momento en el que Anoeta había abandonado esa extraña sensación de tranquila comodidad que reinaba incluso con 0-0. Que la Real era capaz y que la iba a liar, poniéndose a tres puntos de Europa y dejando a once el descenso. Quizá porque los suyos reaccionaron demasiado tarde -como reconoció Laudrup- el central mallorquí Rubén vio una amarilla por protestar. Se dirigió al asistente arbitral "gritando y con los brazos en alto 'ha sido un penalti como una casa'". Sería como una casa de las que el lobo, con su viento, voló.
Y si no fue el lobo, bien pudo ser el guardameta israelí Dudu Aouate. Hubo un sector localizado que le lanzó el deleznable "Aouate, muérete" o vitorearon por la independencia de Palestina. El guardameta respondió. Miraba al fondo sur y agitaba los brazos durante la segunda parte como diciendo "¿qué pasa?". Al acabar el partido, camino del túnel de vestuarios, tuvo a bien dedicar otro par cortes de mangas. Era el único rebote que le quedaba al derrotado.
En ocho partidos en Anoeta, los rivales se han ido con la puerta a cero y sin ningún punto. Cada vez más, llegan a Donostia con intención de dejar correr el reloj, de que pase el tiempo, de que el chófer abandone su asiento en el campo y baje al autobús a ponerlo en marcha para viajar al aeropuerto o al hotel, a que el utillero de turno vaya al vestuario a dejarlo todo listo para hacer un hueco a, al menos, un punto en el equipaje. Y, de repente, en la segunda parte, ocurre que aparece el tal Gol Tamudo, marca y puede no volver a pasar nada más. Vinieron a perder tiempo... y acabaron perdiendo el partido.
Ficha técnica
Real Sociedad: Bravo; Estrada, Ansotegi, Demidov, De la Bella; Rivas, Aranburu, Xabi Prieto, Griezmann (Sutil, min. 77), Zurutuza (Markel Bergara, min. 83); Tamudo (Agirretxe, min. 88).
Mallorca: Aouate; Cendrós, Nunes, Rubén, Kevin, Joao Víctor (Chori Castro,min. 58), Martí, De Guzman, Pereira (Ienaga, min. 70); Nsue, Webó.
Goles: 1-0, min.55: Tamudo.
Árbitro: Rubinos Pérez (colegio madrileño). Amarillas a Aranburu; De Guzmán, Rubén y Kevin.
Real Sociedad: Bravo; Estrada, Ansotegi, Demidov, De la Bella; Rivas, Aranburu, Xabi Prieto, Griezmann (Sutil, min. 77), Zurutuza (Markel Bergara, min. 83); Tamudo (Agirretxe, min. 88).
Mallorca: Aouate; Cendrós, Nunes, Rubén, Kevin, Joao Víctor (Chori Castro,min. 58), Martí, De Guzman, Pereira (Ienaga, min. 70); Nsue, Webó.
Goles: 1-0, min.55: Tamudo.
Árbitro: Rubinos Pérez (colegio madrileño). Amarillas a Aranburu; De Guzmán, Rubén y Kevin.
- Crónica web Real Sociedad.
- Crónica de Juan Rodríguez Millán.
- Acta RFEF.

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