Jornada 22: Real Madrid 4-1 Real Sociedad
Saca el machete
No había otra opción para elegir. Derrota o derrota. Jugadores, cuerpo técnico y afición no tenían más argumento que la "ilusión" para dar la campanada en Concha Espina. Los más inconscientes repetían el mantra de "es un premio el hecho de estar aquí". Cuando el argumento más fuerte es ese, solo el de la ilusión, ni siquiera convencimiento en las opciones y argumentos propios, hay poco que rascar.
Estaba el precedente del Camp Nou para no repetirlo. Aquel "hemos tratado con demasiado respeto" al Barcelona. El 5-0 no fue un paréntesis de nada, como muchos querían. Detrás vino una retahíla de naufragios ante Valencia, Sevilla o Zaragoza que con sangre, sudor y lágrimas, costó remontar ante Getafe, Villarreal (pese a perder) y Almería. Al desagüe con todo otra vez.
Parecía que el de ayer podía ser el día. Que el Real Madrid, tras la segura victoria del Barcelona ante el Atlético de Madrid, saldría a jugar ante la Real a diez oceánicos puntos de distancia y desmoralizado. Con un Bernabéu que, con el paso de los minutos se pondría nervioso porque los suyos no eran capaces de romper la muralla blanquiazul. Cuento de la lechera.
En tres minutos, el Real Madrid había probado en lanzar tres tiros de más allá de veinte metros. Premonitorio: las facilidades en esa zona de tres cuartos madridista fueron tónica dominante en los noventa minutos. Martín Lasarte reconoció tras el partido que el plan era no encajar un gol en los primeros veinte minutos y que, de hacerlo, habría que resistir para mantener una distancia que todavía alentara a la remontada.
El Real Madrid propuso un tiovivo difícil de defender en la mediapunta. No se sabía dónde caían Özil, Cristiano Ronaldo y Kaká a cada momento. Tampoco parecía que importara. Los locales manejaban el esférico con una velocidad y una alegría que sus oponentes, parecía, ni siquiera pretendían. De ahí que en apenas los dos primeros minutos, Bravo viera cómo habían caído sobre su portería, más o menos cerca, tres disparos de más allá de los veinte metros. Recibían y cedían el balón a placer.
Al contrario que lo que hacían los realistas. Los de Mourinho tenían claro cuándo y dónde tenían que apretar. Y lo hacían, con cabeza y corazón. Consigna de Lasarte: primeros veinte minutos. Rien de rien. El primer tanto de la tarde lo hizo Kaká a los ocho minutos después de que Gorka Elustondo -malísimo partido- despejara mal. El segundo, en el mismo minuto 20, de Cristiano Ronaldo dejaba la historia para otra cosa. Y el tercero, antes del descanso (42'), del mismo portugués al que le dedican poesía cada vez que visita un campo ajeno al Bernabéu.
Con este panorama, en el que Tamudo tuvo una ocasión evidente tras el 1-0 -dispuso de otras dos claras-, había poco que rascar, pero sería Jose Mourinho quien plantearía el primer cambio del partido. La Real parecía que no podía con el rival -del que Griezmann dijo lo que dijo como lo dijo corriendo el riesgo de que pasara lo que pasó-, pero sobre todo, no podía aguantarse a sí misma.
El principal problema fue la pésima defensa que hicieron los de Lasarte sobre el césped. Demasiado atrás, sin presión y con un central de lateral izquierdo, no había manera de hacer nada ordenado en uno de los campos históricos del fútbol mundial. Y si lo de jugar en el Bernabéu es un "premio", al menos deberían mostrar más respeto y más afán de estar a la altura debida. No como ayer.
Porque en lo que es el juego, los sufridos aficionados realistas que viajaron a Madrid -los que se sentaron en el palomar- todavía se preguntan dónde están Griezmann y, sobre todo, Prieto -que metió una mano inocente a los diez minutos, quinta amarilla y baja contra Osasuna-. Lo de Tamudo y los balones largos que una y otra vez manda la defensa va a ser una constante del resto de la temporada. Lasarte ya lleva dos partidos -uno sin contar el de waterpolo contra el Almería- sin darle solución a esto.
Lejos de hacerlo, son Rivas y Elustondo quienes aportan criterio a la salida del balón jugado a Tamudo, uno de los pocos que puede aprovechar el catalán. Porque Estrada, Ansotegi, Labaka y González andan escasos de iniciar jugadas. También de pasar balones a Bravo, que, a este paso, pedirá el finiquito con los que tiene delante y los pases-bomba que recibe de ellos. Machete Lasarte deberá plantear cómo jugar a partir de ahora y empezar a dotar al equipo de variantes. Para variar un poco, básicamente.
Cambiar de raíz a estas alturas es difícil. Más tras la confección de la plantilla. La mitad del equipo ha demostrado que puede ser un vendaval cuando se alinean como los planetas. La otra mitad tiene verdaderos problemas para hacer llegar balones óptimos a la línea siguiente. Y cuando uno de los que mejor puede servir, De la Bella, está fuera del campo, las cosas se complican.
Todo esto pasó en Madrid. Además de las consabidas ausencias, Rivas -flojo en las últimas semanas- fue capaz de ganarse una amarilla al hacer una falta a cinco metros de la frontal cuando Dani Estrada iba de cara a cerrar ese espacio y llevarse el balón con tranquilidad.
O que Elustondo perdiera un balón cuando intentaba darse la vuelta y que casi costó el tercero entre Adebayor y Kaká. El de Beasain no parecía consciente de dónde estaba jugando. Y con la que cae en esa posición. Lejos de aprovechar la ocasión para erigirse en incuestionable en el pivote, se empeña en no despejar las dudas que le acompañan. O que luego, tras pasar por el vestuario, al comienzo de la segunda mitad, la Real disponga de una falta a la que asisten los dos centrales -que van bien por alto- tras una carrera, decida tirar directo a puerta. Hay detalles que empiezan a sobrar.
La decepción fue absoluta y de todos los colores. Cristiano Ronaldo intentó marcar de tacón y tal y cual. Adebayor no perforó portería hasta después que Tamudo, con autoría para el recién incorporado Albiol, redujo distancias. 4-1 final y, muchos piensan que se cierra el paréntesis de un partido de otra liga. Pero el Camp Nou ya demostró que no fue así, que todo pertenece a una misma Liga, aunque casi nadie ha aprendido de aquel desatino. Al menos, que sirva aquella lección para, machete mediante, enmendar la plana esta misma semana. Así no se repetiría el descalabro que siguió al partido de Barcelona.
Estaba el precedente del Camp Nou para no repetirlo. Aquel "hemos tratado con demasiado respeto" al Barcelona. El 5-0 no fue un paréntesis de nada, como muchos querían. Detrás vino una retahíla de naufragios ante Valencia, Sevilla o Zaragoza que con sangre, sudor y lágrimas, costó remontar ante Getafe, Villarreal (pese a perder) y Almería. Al desagüe con todo otra vez.
Parecía que el de ayer podía ser el día. Que el Real Madrid, tras la segura victoria del Barcelona ante el Atlético de Madrid, saldría a jugar ante la Real a diez oceánicos puntos de distancia y desmoralizado. Con un Bernabéu que, con el paso de los minutos se pondría nervioso porque los suyos no eran capaces de romper la muralla blanquiazul. Cuento de la lechera.
En tres minutos, el Real Madrid había probado en lanzar tres tiros de más allá de veinte metros. Premonitorio: las facilidades en esa zona de tres cuartos madridista fueron tónica dominante en los noventa minutos. Martín Lasarte reconoció tras el partido que el plan era no encajar un gol en los primeros veinte minutos y que, de hacerlo, habría que resistir para mantener una distancia que todavía alentara a la remontada.
El Real Madrid propuso un tiovivo difícil de defender en la mediapunta. No se sabía dónde caían Özil, Cristiano Ronaldo y Kaká a cada momento. Tampoco parecía que importara. Los locales manejaban el esférico con una velocidad y una alegría que sus oponentes, parecía, ni siquiera pretendían. De ahí que en apenas los dos primeros minutos, Bravo viera cómo habían caído sobre su portería, más o menos cerca, tres disparos de más allá de los veinte metros. Recibían y cedían el balón a placer.
Al contrario que lo que hacían los realistas. Los de Mourinho tenían claro cuándo y dónde tenían que apretar. Y lo hacían, con cabeza y corazón. Consigna de Lasarte: primeros veinte minutos. Rien de rien. El primer tanto de la tarde lo hizo Kaká a los ocho minutos después de que Gorka Elustondo -malísimo partido- despejara mal. El segundo, en el mismo minuto 20, de Cristiano Ronaldo dejaba la historia para otra cosa. Y el tercero, antes del descanso (42'), del mismo portugués al que le dedican poesía cada vez que visita un campo ajeno al Bernabéu.
Con este panorama, en el que Tamudo tuvo una ocasión evidente tras el 1-0 -dispuso de otras dos claras-, había poco que rascar, pero sería Jose Mourinho quien plantearía el primer cambio del partido. La Real parecía que no podía con el rival -del que Griezmann dijo lo que dijo como lo dijo corriendo el riesgo de que pasara lo que pasó-, pero sobre todo, no podía aguantarse a sí misma.
El principal problema fue la pésima defensa que hicieron los de Lasarte sobre el césped. Demasiado atrás, sin presión y con un central de lateral izquierdo, no había manera de hacer nada ordenado en uno de los campos históricos del fútbol mundial. Y si lo de jugar en el Bernabéu es un "premio", al menos deberían mostrar más respeto y más afán de estar a la altura debida. No como ayer.
Porque en lo que es el juego, los sufridos aficionados realistas que viajaron a Madrid -los que se sentaron en el palomar- todavía se preguntan dónde están Griezmann y, sobre todo, Prieto -que metió una mano inocente a los diez minutos, quinta amarilla y baja contra Osasuna-. Lo de Tamudo y los balones largos que una y otra vez manda la defensa va a ser una constante del resto de la temporada. Lasarte ya lleva dos partidos -uno sin contar el de waterpolo contra el Almería- sin darle solución a esto.
Lejos de hacerlo, son Rivas y Elustondo quienes aportan criterio a la salida del balón jugado a Tamudo, uno de los pocos que puede aprovechar el catalán. Porque Estrada, Ansotegi, Labaka y González andan escasos de iniciar jugadas. También de pasar balones a Bravo, que, a este paso, pedirá el finiquito con los que tiene delante y los pases-bomba que recibe de ellos. Machete Lasarte deberá plantear cómo jugar a partir de ahora y empezar a dotar al equipo de variantes. Para variar un poco, básicamente.
Cambiar de raíz a estas alturas es difícil. Más tras la confección de la plantilla. La mitad del equipo ha demostrado que puede ser un vendaval cuando se alinean como los planetas. La otra mitad tiene verdaderos problemas para hacer llegar balones óptimos a la línea siguiente. Y cuando uno de los que mejor puede servir, De la Bella, está fuera del campo, las cosas se complican.
Todo esto pasó en Madrid. Además de las consabidas ausencias, Rivas -flojo en las últimas semanas- fue capaz de ganarse una amarilla al hacer una falta a cinco metros de la frontal cuando Dani Estrada iba de cara a cerrar ese espacio y llevarse el balón con tranquilidad.
O que Elustondo perdiera un balón cuando intentaba darse la vuelta y que casi costó el tercero entre Adebayor y Kaká. El de Beasain no parecía consciente de dónde estaba jugando. Y con la que cae en esa posición. Lejos de aprovechar la ocasión para erigirse en incuestionable en el pivote, se empeña en no despejar las dudas que le acompañan. O que luego, tras pasar por el vestuario, al comienzo de la segunda mitad, la Real disponga de una falta a la que asisten los dos centrales -que van bien por alto- tras una carrera, decida tirar directo a puerta. Hay detalles que empiezan a sobrar.
La decepción fue absoluta y de todos los colores. Cristiano Ronaldo intentó marcar de tacón y tal y cual. Adebayor no perforó portería hasta después que Tamudo, con autoría para el recién incorporado Albiol, redujo distancias. 4-1 final y, muchos piensan que se cierra el paréntesis de un partido de otra liga. Pero el Camp Nou ya demostró que no fue así, que todo pertenece a una misma Liga, aunque casi nadie ha aprendido de aquel desatino. Al menos, que sirva aquella lección para, machete mediante, enmendar la plana esta misma semana. Así no se repetiría el descalabro que siguió al partido de Barcelona.
Ficha técnica
Real Madrid: Casillas, Arbeloa, Garay, Carvalho (min. 70, Albiol), Marcelo, Lass, Xabi Alonso, Kaka (min. 60, Di María), Ozil (min. 83, Canales), Cristiano Ronaldo; Adebayor.
Real Sociedad: Bravo, Estrada, Ansotegi, Labaka, Mikel González, Elustondo, Rivas (min. 64, Markel), Prieto, Zurutuza, Griezmann (min. 64, Sarpong) y Tamudo (min. 84, Agirretxe).
Goles: 1-0: Kaká, min. 8; 2-0: Cristiano Ronaldo, min. 21; 3-0: Cristiano Ronaldo, min. 42; 3-1: Xabi Alonso (p.p.), min. 72; 4-1: Adebayor, min. 89.
Árbitro: Ramírez Domínguez (colegio andaluz). Amarillas a Xabi Alonso, Albiol; Estrada, Xabi Prieto y Rivas.
Real Madrid: Casillas, Arbeloa, Garay, Carvalho (min. 70, Albiol), Marcelo, Lass, Xabi Alonso, Kaka (min. 60, Di María), Ozil (min. 83, Canales), Cristiano Ronaldo; Adebayor.
Real Sociedad: Bravo, Estrada, Ansotegi, Labaka, Mikel González, Elustondo, Rivas (min. 64, Markel), Prieto, Zurutuza, Griezmann (min. 64, Sarpong) y Tamudo (min. 84, Agirretxe).
Goles: 1-0: Kaká, min. 8; 2-0: Cristiano Ronaldo, min. 21; 3-0: Cristiano Ronaldo, min. 42; 3-1: Xabi Alonso (p.p.), min. 72; 4-1: Adebayor, min. 89.
Árbitro: Ramírez Domínguez (colegio andaluz). Amarillas a Xabi Alonso, Albiol; Estrada, Xabi Prieto y Rivas.
- Crónica web Real Sociedad.
- Acta RFEF.

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