En caliente, por Diego Carasusán*
Trofeos intangibles
Abril de 1981. Un niño patea un balón en una calle cualquiera de una ciudad española cualquiera. Sus amigos le rodean en pleno fragor de esos partidos improvisados e interminables de después del bocadillo de Nocilla. El niño pasa del fútbol, pero no hay otro entretenimiento posible. La mayor parte de sus amigos son del Madrid y el resto, del Barcelona. El no es de nadie. Por la radio se oye un grito. El locutor dice que un equipo del norte, una tal Real Sociedad, acaba de ganar la Liga.
- ¿Y estos quiénes son? -preguntan los chavales.
- ¡Son mi nuevo equipo! -dice el pequeño sacando pecho.
Ese rebelde chaval es ahora padre de dos hijos que lucen con orgullo la camiseta de la Real Sociedad por la misma calle donde 30 años antes había jugado a fútbol aquella tarde de abril. Tres décadas después, las miradas de asombro de sus vecinos son igual de alucinantes. ¡Qué pintan aquí estos de la Real!
Esa semilla que desde la distancia plantaron los Héroes de El Molinón, germinó en aquel chaval y éste la transmitió a sus hijos. A buen seguro, los pequeños harán lo mismo cuando se conviertan en padres. Una auténtica cadena de transmisión txuri-urdin.
Esta historia impersonal se puede trasladar a cualquier punto de España. Los títulos de Liga conseguidos en los años 80 por un equipo modesto como el nuestro calaron hondo en muchos aficionados de toda España.
Por eso, cuando la Real juega lejos de Anoeta, no hay estadio donde no acudan seguidores blanquiazules ‘autóctonos’ del lugar para alentar a los suyos. Si se fijan bien, entre ellos hay aficionados de varias generaciones.
Por su dimensión, la Real no debería pasar de ser un equipo de provincia tipo Racing, Málaga, Sporting, Levante, Zaragoza u Osasuna. Estos equipos tienen a sus peñas concentradas en su propio ámbito de actuación, pero la Real no. La Real posee un patrimonio valiosísimo en sus peñas, con presencia por toda España y en países extranjeros. Ese es el mejor legado de aquellas Ligas.
La semana pasada, un servidor tuvo que salir a la palestra en un medio de comunicación para explicar los motivos por los que la peña que presido, radicada en Tudela, ha tenido que renunciar a la organización del Congreso de Peñas de la Real Sociedad que teníamos previsto celebrar a final de esta temporada.
Sin entrar en detalles sobre mi caso particular, y escuchando el comportamiento del consejo de administración esta temporada con otras peñas, les puedo asegurar que los seguidores blanquiazules que forman parte de estas entidades no estamos muy contentos. Subir a Primera ha provocado un aumento extraordinario en el número de socios de las localidades más baratas que son, generalmente, las que se ofrecían (previo pago, por supuesto) a las peñas.
Ahora en Primera, los nuevos socios tienen prioridad, faltaría más, pero el consejo de administración no debe olvidar a esas peñas que siempre, y especialmente durante los últimos tres años, hemos estado con el equipo a las duras.
Toda la labor realizada durante décadas por esos realistas de corazón como aquel chaval que inicia esta columna puede venirse abajo por la mala gestión de un consejero en una sola temporada…, ¡y eso no se puede permitir!
Las peñas que la Real tiene fuera de Guipúzcoa son las mejoras embajadoras del club y eso es algo a cuidar.
*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.
- ¿Y estos quiénes son? -preguntan los chavales.
- ¡Son mi nuevo equipo! -dice el pequeño sacando pecho.
Ese rebelde chaval es ahora padre de dos hijos que lucen con orgullo la camiseta de la Real Sociedad por la misma calle donde 30 años antes había jugado a fútbol aquella tarde de abril. Tres décadas después, las miradas de asombro de sus vecinos son igual de alucinantes. ¡Qué pintan aquí estos de la Real!
Esa semilla que desde la distancia plantaron los Héroes de El Molinón, germinó en aquel chaval y éste la transmitió a sus hijos. A buen seguro, los pequeños harán lo mismo cuando se conviertan en padres. Una auténtica cadena de transmisión txuri-urdin.
Esta historia impersonal se puede trasladar a cualquier punto de España. Los títulos de Liga conseguidos en los años 80 por un equipo modesto como el nuestro calaron hondo en muchos aficionados de toda España.
Por eso, cuando la Real juega lejos de Anoeta, no hay estadio donde no acudan seguidores blanquiazules ‘autóctonos’ del lugar para alentar a los suyos. Si se fijan bien, entre ellos hay aficionados de varias generaciones.
Por su dimensión, la Real no debería pasar de ser un equipo de provincia tipo Racing, Málaga, Sporting, Levante, Zaragoza u Osasuna. Estos equipos tienen a sus peñas concentradas en su propio ámbito de actuación, pero la Real no. La Real posee un patrimonio valiosísimo en sus peñas, con presencia por toda España y en países extranjeros. Ese es el mejor legado de aquellas Ligas.
La semana pasada, un servidor tuvo que salir a la palestra en un medio de comunicación para explicar los motivos por los que la peña que presido, radicada en Tudela, ha tenido que renunciar a la organización del Congreso de Peñas de la Real Sociedad que teníamos previsto celebrar a final de esta temporada.
Sin entrar en detalles sobre mi caso particular, y escuchando el comportamiento del consejo de administración esta temporada con otras peñas, les puedo asegurar que los seguidores blanquiazules que forman parte de estas entidades no estamos muy contentos. Subir a Primera ha provocado un aumento extraordinario en el número de socios de las localidades más baratas que son, generalmente, las que se ofrecían (previo pago, por supuesto) a las peñas.
Ahora en Primera, los nuevos socios tienen prioridad, faltaría más, pero el consejo de administración no debe olvidar a esas peñas que siempre, y especialmente durante los últimos tres años, hemos estado con el equipo a las duras.
Toda la labor realizada durante décadas por esos realistas de corazón como aquel chaval que inicia esta columna puede venirse abajo por la mala gestión de un consejero en una sola temporada…, ¡y eso no se puede permitir!
Las peñas que la Real tiene fuera de Guipúzcoa son las mejoras embajadoras del club y eso es algo a cuidar.
*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.

1 comentarios:
Aupa Erreala!!!
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