Jornada 21: Real Sociedad 2-0 Almería
A la vieja usanza
En el descanso llovió como para abastecer las legiones del César durante la campaña de las Galias y, antes de que Clos Gómez pitara el final de la primera parte, la Real hizo lo que tenía que hacer: marcar el 1-0. Final del partido.
El choque tuvo menos que poca historia. Malo de solemnidad -brilló Zurutuza-, los de Martín Lasarte ganaron un encuentro que algunos habían tildado de "primera final" pese a que quede media Liga y hace no tanto que pasaran por Anoeta finales de las de verdad. Como si quisieran vaciar el significado de la palabra final.
Tocaba remontar en moral, en seguridad y confianza. Los últimos encuentros en casa se habían saldado con mazazos difíciles de tragar. El Almería tenía poco que ver con el Sevilla y el Valencia, aunque algunos -los mismos del párrafo anterior- habían vendido al conjunto andaluz como poco menos que el Ajax de Cryuff más el Milán de Sacchi.
Demostraron rápido que no eran nada de eso: Claudio Bravo volvió a errar una "calabaza" (como él mismo calificó los comprometidos pases criminales que los defensores le envían -basta ya-). Ulloa encaró rápido la meta del chileno y pum, al palo. Aduriz la metió; Kanouté, también. Ayer la Real jugaba contra el Almería. Respeto, todo; miedo, ninguno. Quien marca en Anoeta, se lleva los tres puntos. El equipo de Oltrá acababa de errar un regalo demasiado claro.
Fue la chispa que enganchó al equipo y a la afición. Casualidad, a partir de ese disparate, empezó a llover. En la siguiente jugada al casigol visitante, Rivas esprintó para recibir un saque de banda y lo tumbaron en el área. Clos Gómez, el malo, lejos de pitar penalty el empujón de Piatti -qué diablo, qué pólvora-, corrió adonde el realista para reprocharle su actitud en una jugada en la que había ganado todo lo que había que ganar.
Esos diez minutos finales acabaron con el 1-0 de Ansotegi a pase de Tamudo, que llegaba del offside. La jugada, televisión mediante, es un fuera de juego difícil para el auxiliar -atiendan al almeriense que se cae y da la sensación de que rompe el fuera de juego-. Lo lógico era, visto por qué derroteros transcurría la actuación arbitral, dejar seguir. Porque Clos Gómez ni su auxiliar -el mismo que el del gol- no fueron capaces de señalar los once metros ni en los derribos a Rivas, Tamudo ni en la mano de Crusat dentro del área andaluza. Sí, tres penas máximas de las que no se pitó ninguna. Bajo una sonora bronca al trencilla, el partido se acabó tras cuarenta y cinco minutos.
El público se entretenía en el intermedio con la lluvia. Algunos aficionados del balcón superior incluso miraban al techo. "¿Aguantará?". Granizo y lluvia pertinaz se aliaron para dejar el centro del campo de Anoeta impracticable. Las áreas y los córners, zonas en donde menos se llega a jugar, se salvaban. La segunda parte prometía ser como más de un partido de Atocha, quizás versión El Molinón 26-4-1981.
Las fuerzas, como en la Fórmula 1, se igualan bajo el diluvio de Interlagos o Malasia. También en Donostia. La Real lo agradeció: la velocidad de las buenas individualidades visitantes desaparecía. Los pases al portero, a riesgo de que se frenaran en vaya a saber dónde, prohibidos. Los de Lasarte -Rivas y Elustondo en la creación- abusaron del balón largo en la primera parte. Como si Joseba Llorente estuviera arriba para bajarlos. En la segunda parte, este recurso se convirtió en obligación.
Si no fuera por lo exiguo del marcador, aquello tomaba tintes cómicos. La tensión, continua, hacía que los futbolistas tuvieran que estar atentos a ir a por un esférico que casi nunca llegaba al pie. Quizá por eso, Lasarte dio entrada al vikingo Demidov y prefirió dejar para mejor tarde la entrada de un Sarpong sobre el que ya asoman dudas.
El partido era de aguante y, en una jugada a balón parado más bien aislada -en la primera mitad los saques de esquina locales fueron una constante desaprovechada-, Tamudo, con ayuda de Carlos García, marcaba el 2-0. Minuto 76. Apenas un cuarto de hora para sellar los 28 puntos y situar al equipo noveno, a falta de tres o cuatro triunfos para seguir en Primera.
A partir de ahí, poco más quedaba. Quizá pedirle a David Bisbal que se viniera por bulerías en el centro del campo después de que el club le regalara una camiseta de la Real firmada por sus futbolistas. Con todo lo que habrá hecho por la entidad. Con toda la alegría y el salero que derrocha a cada paso, diluidos, suponemos por la lluvia. Gracias, David, por llevar el nombre de Donostia por el mundo. La Bandera de La Concha, La Concha de Oro y el Tambor de Oro, los debe tener ya más cerca.
Por cierto, quizá porque el rival no es ese hermano-culé-que-nos-apuñala-en-cuanto-necesita o simplemente porque los jugadores han aprendido la lección del Camp Nou (ojalá sea esto), los futbolistas ayer hablaban de que el del domingo en Madrid es un partido que "gusta jugar y... gusta ganar". Nada de "el año pasado soñábamos con este partido y hay que ir a disfrutar" y esas milongas de bazar que hace treinta años no se oían.
Es un buen principio.
El choque tuvo menos que poca historia. Malo de solemnidad -brilló Zurutuza-, los de Martín Lasarte ganaron un encuentro que algunos habían tildado de "primera final" pese a que quede media Liga y hace no tanto que pasaran por Anoeta finales de las de verdad. Como si quisieran vaciar el significado de la palabra final.
Tocaba remontar en moral, en seguridad y confianza. Los últimos encuentros en casa se habían saldado con mazazos difíciles de tragar. El Almería tenía poco que ver con el Sevilla y el Valencia, aunque algunos -los mismos del párrafo anterior- habían vendido al conjunto andaluz como poco menos que el Ajax de Cryuff más el Milán de Sacchi.
Demostraron rápido que no eran nada de eso: Claudio Bravo volvió a errar una "calabaza" (como él mismo calificó los comprometidos pases criminales que los defensores le envían -basta ya-). Ulloa encaró rápido la meta del chileno y pum, al palo. Aduriz la metió; Kanouté, también. Ayer la Real jugaba contra el Almería. Respeto, todo; miedo, ninguno. Quien marca en Anoeta, se lleva los tres puntos. El equipo de Oltrá acababa de errar un regalo demasiado claro.
Fue la chispa que enganchó al equipo y a la afición. Casualidad, a partir de ese disparate, empezó a llover. En la siguiente jugada al casigol visitante, Rivas esprintó para recibir un saque de banda y lo tumbaron en el área. Clos Gómez, el malo, lejos de pitar penalty el empujón de Piatti -qué diablo, qué pólvora-, corrió adonde el realista para reprocharle su actitud en una jugada en la que había ganado todo lo que había que ganar.
Esos diez minutos finales acabaron con el 1-0 de Ansotegi a pase de Tamudo, que llegaba del offside. La jugada, televisión mediante, es un fuera de juego difícil para el auxiliar -atiendan al almeriense que se cae y da la sensación de que rompe el fuera de juego-. Lo lógico era, visto por qué derroteros transcurría la actuación arbitral, dejar seguir. Porque Clos Gómez ni su auxiliar -el mismo que el del gol- no fueron capaces de señalar los once metros ni en los derribos a Rivas, Tamudo ni en la mano de Crusat dentro del área andaluza. Sí, tres penas máximas de las que no se pitó ninguna. Bajo una sonora bronca al trencilla, el partido se acabó tras cuarenta y cinco minutos.
El público se entretenía en el intermedio con la lluvia. Algunos aficionados del balcón superior incluso miraban al techo. "¿Aguantará?". Granizo y lluvia pertinaz se aliaron para dejar el centro del campo de Anoeta impracticable. Las áreas y los córners, zonas en donde menos se llega a jugar, se salvaban. La segunda parte prometía ser como más de un partido de Atocha, quizás versión El Molinón 26-4-1981.
Las fuerzas, como en la Fórmula 1, se igualan bajo el diluvio de Interlagos o Malasia. También en Donostia. La Real lo agradeció: la velocidad de las buenas individualidades visitantes desaparecía. Los pases al portero, a riesgo de que se frenaran en vaya a saber dónde, prohibidos. Los de Lasarte -Rivas y Elustondo en la creación- abusaron del balón largo en la primera parte. Como si Joseba Llorente estuviera arriba para bajarlos. En la segunda parte, este recurso se convirtió en obligación.
Si no fuera por lo exiguo del marcador, aquello tomaba tintes cómicos. La tensión, continua, hacía que los futbolistas tuvieran que estar atentos a ir a por un esférico que casi nunca llegaba al pie. Quizá por eso, Lasarte dio entrada al vikingo Demidov y prefirió dejar para mejor tarde la entrada de un Sarpong sobre el que ya asoman dudas.
El partido era de aguante y, en una jugada a balón parado más bien aislada -en la primera mitad los saques de esquina locales fueron una constante desaprovechada-, Tamudo, con ayuda de Carlos García, marcaba el 2-0. Minuto 76. Apenas un cuarto de hora para sellar los 28 puntos y situar al equipo noveno, a falta de tres o cuatro triunfos para seguir en Primera.
A partir de ahí, poco más quedaba. Quizá pedirle a David Bisbal que se viniera por bulerías en el centro del campo después de que el club le regalara una camiseta de la Real firmada por sus futbolistas. Con todo lo que habrá hecho por la entidad. Con toda la alegría y el salero que derrocha a cada paso, diluidos, suponemos por la lluvia. Gracias, David, por llevar el nombre de Donostia por el mundo. La Bandera de La Concha, La Concha de Oro y el Tambor de Oro, los debe tener ya más cerca.
Por cierto, quizá porque el rival no es ese hermano-culé-que-nos-apuñala-en-cuanto-necesita o simplemente porque los jugadores han aprendido la lección del Camp Nou (ojalá sea esto), los futbolistas ayer hablaban de que el del domingo en Madrid es un partido que "gusta jugar y... gusta ganar". Nada de "el año pasado soñábamos con este partido y hay que ir a disfrutar" y esas milongas de bazar que hace treinta años no se oían.
Es un buen principio.
Ficha técnica
Real Sociedad: Bravo, Dani Estrada, Ansotegi, Labaka, De la Bella, Rivas, Elustondo, Xabi Prieto, Zurutuza (Aranburu, min.83), Griezmann (Demidov, min.76) y Tamudo (Agirretxe, min.87).
UD Almería: Diego Alves, Michel, Marcelo Silva (Ortiz, min. 80), Carlos García, Jakobsen, Bernardello, Mo, Uche, Piatti, Crusat (Goitom, min. 71) y Ulloa.
Goles: 1-0, min.45: Ansotegi. 2-0, min.76: Tamudo.
Árbitro: Clos Gómez (colegio aragonés). Amarillas a Bravo, Ansotegi; Jakobsen, Bernardello y Carlos García.
Real Sociedad: Bravo, Dani Estrada, Ansotegi, Labaka, De la Bella, Rivas, Elustondo, Xabi Prieto, Zurutuza (Aranburu, min.83), Griezmann (Demidov, min.76) y Tamudo (Agirretxe, min.87).
UD Almería: Diego Alves, Michel, Marcelo Silva (Ortiz, min. 80), Carlos García, Jakobsen, Bernardello, Mo, Uche, Piatti, Crusat (Goitom, min. 71) y Ulloa.
Goles: 1-0, min.45: Ansotegi. 2-0, min.76: Tamudo.
Árbitro: Clos Gómez (colegio aragonés). Amarillas a Bravo, Ansotegi; Jakobsen, Bernardello y Carlos García.
- Crónica EFE.
- Crónica web Real Sociedad.
- Crónica web UD Almería.
- Acta RFEF.

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