06/06/10

Jornada 40: Cádiz 1-3 Real Sociedad

¿De qué color son las lágrimas (y II)?



Se acabó el paréntesis. Tras comprender que por Segunda no se camina como un gallo de Primera, la Real está a punto de volver a su hábitat natural. Al sitio que perdió por tener una mente estrecha de miras y una gestión tan errática como irresponsable. Uno, dos o tres puntos en el peor de los casos. Tiempo, unas pocas horas, en el mejor de ellos para regresar a Primera.

Porque la Real ganó ayer en un campo maldito tras una segunda vuelta en el que lo único que cosechaba lejos de Anoeta eran rosquillas y en un territorio en el que, ha vuelto la tradición, se ha vuelto inhóspito. Y lo más importante: en el partido en el que tenía que dar el do de pecho. El paso adelante. El golpe en la mesa.

Lo hizo con un gran partido en el que Carlos Bueno marcó tres goles a cada una de las temporadas en el Infierno. Un tanto para sacar las telarañas del 3-3 de Valencia ("¿De qué color son las lágrimas?"), otro para el descuento de Vitoria ("Como en Vigo") y el tercero, que podía ser el cuarto o el quinto, para la tristeza y la melancolía de la pasada.

La Real salió bien plantada. Dio el callo. Rayó la perfección en las coberturas y en los pases. En los desmarques y en los centros. Hubo errores. Pérdidas de balón en el centro del campo que podían dejar descubierta la zaga. Ni hablar. El Cádiz no tuvo ni media. Solo saques de esquina que no fueron capaces de aprovechar gracias a la defensa donostiarra. En el resto de las tareas, el Cádiz -que no contemplaba la derrota y pensaba aprovecharse del desgaste de la Real por culpa del calor- se mostró inferior.

Los de Lasarte, en cambio, se volvieron a valer del balón parado para adelantarse en el minuto 12. La mayoría de los ataques iban por la banda en la que en lugar de una grada, había un solar. Por donde más corría el viento y no achuchaba el Carranza. El carril del 27, que en ese minuto 12, botaba una falta bien puesta que, tras un regalo de la zaga local, Bueno remataba a placer y estéticamente. 0-1.

El Cádiz, que según su entrenador, Espárrago, había salido al campo "aplatanado", acusó el tanto y rápido pudo encajar el segundo en una volea de Zurutuza tras una gran jugada de Prieto o en otra acción que las retinas realistas tardarán tiempo en olvidar. Ese robo de Mikel González atrás y esa carrera con la pared con Carlos Bueno. El arrasatearra -¡increíble!- entra en el área y remata a placer el que era el 0-2. Anoeta se hubiera derrumbado.

El comienzo de la reanudación fue similar al de la primera. Pero la Real resolvió antes. En el 49', Bueno aprovechaba un centro de Griezmann que el guardameta local dejó escapar para marcar el que llaman "gol de la tranquilidad". Pero con ese marcador, cosa rara, llegaron los nervios. "Como nos metan uno, nos resquebrajamos". Tan cerca, tan lejos. No sucedió. Es más, Bueno cerró su tarde de gloria con su tercer tanto del partido. 0-3. También en posición dudosa de fuera de juego.

Ogbeche se empeñó en lo contrario cuando rejudo distancias en el 83', pero antes, cuando el atacante uruguayo y Antoine Griezmann habían parado una jugada, el partido y el tiempo para que, en torno al 70', los médicos atendieran al francés, el choque ya se había acabado. González de Suso salió al campo y repartió agua a mansalva según cruzaba el terreno de juego hasta la otra banda, donde yacía Griezmann mareado.

Esta generación estaba viendo su propio Puertollano. El doctor cumplía el mismo papel que el gran Miguel Mari Echavarren cuando en aquel 2-2 manchego, saltó al campo junto al que hoy se llamaría fisioterapeuta, Juan Mari Anza. Entonces, cuando la pareja desplegó el maletín médico, sacó botes y se puso a cortar el esparadrapo con navaja, el árbitro, el padre de Medina Cantalejo, más simpático que el hijo, les espetó: "¡Ja, y encima le quieren dar de merendar!". Ayer, para ese minuto, la Real ya se había comido al Cádiz.

Poco días antes de que se cumplan tres años desde aquella tarde en Mestalla donde Lotina se preocupaba por mirar el reloj y Víctor López marcaba dos goles –en propia puerta– y el mismo día en el que las tropas aliadas giraron el signo de la Segunda Guerra Mundial con la invasión de Normandía, la Real puede volver a Primera, dicen, de manera matemática. Tras luchar tres años con armas propias. Sin que nadie le haya regalado ni un palmo de terreno.

Y cuando el año que viene, sobre la jornada 33, el equipo se debata entre la vida y la muerte, convendrá tener en mente lo que ha costado llegar a celebrar un día y una noche como los de hoy, porque matemáticas a un lado, toca disfrutar de esto tan parecido a la felicidad: no sabemos cuándo volverá a aparecer.




Ficha técnica
Cádiz: Dani Miguélez, Cristian (Erice min. 74, De la Cuesta, Fragoso, Raúl López, Fleurquin (Ormazabal min. 67), Abraham, López Silva, Costa, Ogbeche y Diego Tristán (Toedli min. 62).

Real Sociedad: Zubikarai, Carlos Martínez, Mikel González, Ansotegi, De la Bella, Rivas (Elustondo min. 84, Aranburu, Prieto, Zurutuza, Griezmann (Nsue min. 74) y Bueno (Agirretxe min. 76).

Goles: 0-1, m.12: Carlos Bueno. 0-2, m.50: Carlos Bueno. 0-3, m.60: Carlos Bueno. 1-3, m.83: Ogbeche .

Árbitro: Lesma López (colegio madrileño). Amarillas a Cristian, Jaume Costa y López Silva por el Cádiz; a Carlos Bueno, Diego Rivas y Aranburu.


- Crónica EFE.
- Crónica web Real Sociedad.
- Acta RFEF.

02/06/10

En caliente, por Diego Carasusán*

Dos generaciones

Cuando mis amigos, compañeros de curro y demás conocidos me preguntan si este año subirá por fin la Real, yo les contesto con un rotundo NO. “¡Pero si lo tienen a huevo!”, me suelen decir, y yo no puedo responderles lo contrario. Tienen razón. Lo tenemos a huevo. Pero precisamente por eso, algo dentro de mí hace ser pesimista, cuando, curiosamente, a lo largo de toda la temporada he tenido fe ciega en las posibilidades de ascenso de este equipo.

El motivo de este cambio de actitud es el hecho de que he visto fracasar tantas veces a este club que, aunque nos quedara un solo punto para subir a Primera, seguiría pensando que algo ocurrirá para que todo se tuerza.

Yo vi en directo cómo Kovacevic fallaba un penalti en el último minuto frente al Depor que nos podía haber clasificado para la Champions a finales de la década de los 90.

Vi con mis propios ojos cómo un por aquel entonces ‘imberbe’ Villarreal nos marcaba dos goles en el tiempo de descuento en Anoeta y nos arrebata una victoria clave para aquella Liga que se esfumó en 2003.

Vi cómo el Real Madrid nos ganaba un ‘minipartido’ de 6 minutos en enero de 2005.

Vi a Savio fallar aquel penalti que tanta alegría le produjo parar al ‘bueno’ de Calatayud y que nos condenaba al descenso en 2007.

Vi al Alavés arrebatarnos el ascenso en los amargamente llorados ‘2 minutos de Mendizorroza’ en 2008.

En mis 32 años, he visto tantas oportunidades perdidas por mi equipo que es normal que sea pesimista. Además, cuanto más cerca está el objetivo, más fantasmas aparecen. Estos días no paro de leer foros, opiniones y artículos periodísticos que analizan con todo lujo de detalles las combinaciones y posibilidades de los candidatos al ascenso. La Real es el mejor colocado de todos. Tiene 68 puntos y mantiene una distancia de cuatro puntos más el goalaverage con el 4º clasificado a falta de tres jornadas para el final. Estos datos son objetivos, pero en el mundo del fútbol puede pasar de todo…, y más todavía si es la Real la que anda metida en el lío.

Afortunadamente, tengo un ‘contrapeso’. Ese es mi tato David del que alguna vez les he hablado. Él, también realista, tiene 11 años menos que yo y, sobre todo, una forma muy distinta de ver las cosas. Al contrario que un servidor, mi tato está seguro de que lo vamos a conseguir. Él no tiene tan cargada esa renombrada ‘mochila’ que yo cargo sobre mis espaldas desde hace tantos años. Él no ha sufrido tantos reveses y, por falta de experiencia, inconsciencia o lo que sea, está seguro de que la Real ascenderá.

Mi tato forma parte de esa nueva generación de realistas perfectamente reconocibles. Van a Anoeta con una sonrisa. Alegres y tranquilos. Cantan, bailan y disfrutan con el juego de un equipo que, por su condición de ‘cabeza de ratón’, suele ganar mucho más de lo que pierde. No saben quién es ese tal Murphy que tantas veces ha aparecido en la historia reciente del club…, y no temen su regreso.

Además, esta nueva generación tiene su prolongación de la grada al césped. Allí están jugadores como Zurutuza, Griezmann, Carlos Martínez, Agirretxe…, una nueva hornada de realistas que no sufrieron los grandes descalabros que otros como Labaka, Aranburu o el propio Xabi Prieto viviendo en carne propia.

Mi tato está convencido de que lo vamos a conseguir. La trayectoria del equipo a lo largo de toda la temporada no hace presagiar que las cosas se puedan torcer. Todo está a favor de la Real.

Yo, por el contrario, estoy convencido de que algo malo ocurrirá. No sé qué ni cómo sucederá, pero seguro que Murphy ya está escribiendo el guión de otro final cruel.

Mi tato y yo somos de dos generaciones realistas distintas y tenemos dos formas de ver las cosas que afectan a nuestro club común.

Dicen que el futuro es de los jóvenes…, y yo creo que me estoy haciendo demasiado viejo.


*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.