En caliente, por Diego Carasusán*
La salsa del fútbol
El otro día escuché un debate sobre fútbol entre aficionados en el que discutían sobre la conveniencia de introducir medios tecnológicos que faciliten la labor del árbitro. Hablaban de utilizar sistemas parecidos al ‘Ojo de Halcón’ del tenis para evitar la polémica que una semana sí y la otra también llenan páginas de periódicos y ponen a los trencillas a los pies de los caballos. Uno de los tertulianos afirmó estar en contra de estas soluciones y aseguró que, sin la ‘moviola’, el fútbol perdería gran parte de su esencia. “Sin los errores del árbitro…, ¿de qué íbamos a hablar los lunes en el bar?”, se preguntó.
Esa esencia a la que aludía el citado individuo emana de los seguidores. Son comentarios, muchas veces hechos sin base, pero que en verdad alegran la existencia de los aficionados al fútbol.
El domingo, cuando la Real peleaba sobre el césped de Anoeta frente al Hércules, un servidor se encontraba sufriendo como un bellaco en el bar La Estrella de Tudela. Alguna vez ya les he hablado de este lugar. En él nació la peña realista que me honro en presidir y es punto de encuentro de gran parte de los socios de la entidad, sobre todo cuando por la televisión del Ojazos -mote del dueño del local- juega nuestro equipo.
Quizás fuera por la alegría de saber que Jesús había vuelto a resucitar un año más, o por cualquier otra cuestión más terrenal, pero uno de los socios más veteranos de la peña estaba especialmente alegre. Ya me entienden. El vaso de vino que portaba en sus manos era gran culpable de su estado de satisfacción general, y se dedicó a compartir su alegría con el resto de compañeros que allí nos encontrábamos.
Pese a la tensión del partido, los socarrones comentarios del amigo en cuestión pusieron al partido esa ‘esencia’ de la que hablaba al principio de este texto. Y es que el protagonista de este comentario es un acérrimo defensor de la cantera realista, con lo que no le gusta nada ver que Bueno le quite el puesto a Agirretxe, o que Nsue suba y baje la banda, aunque su inquilino principal estuviera sancionado.
Nada más aparecer el mallorquín en la pantalla, con su llamativo moño al viento, recibió el primer comentario glorioso de la mañana. “¡Joer, qué pintas!..., pero si yo a éste le he visto de picador con el Juli”, gritó en mitad de una jugada. Todavía no se habían apagado las carcajadas provocadas por este ‘puyazo’ cuando el siguiente en salir en imagen fue el nombrado Carlos Bueno. “¡Pero mira a ese!..., si tiene más años que la catedral de Tudela”...
El caso es que Bueno hizo una vaselina espectacular que Nsue remachó a la red. 1-0 y tres puntos vitales para el zurrón. El viejo y el del moño hicieron lo más difícil. Ante tal logro y tales protagonistas cualquiera hubiera apostado a que el ‘comentarista dominguero’ desaparecería rápidamente abochornado, pero no fue así. Ahí siguió todo el partido. Entrando y saliendo del bar, hablando con todo el que se encontraba -lo conociese o no- y, lo que era más importante para el amigo ojazos, haciendo gasto en la barra.
En definitiva, una mañana redonda. Victoria y risas entre amigos. Esta es la verdadera esencia del fútbol…, ¿o del alcohol?
*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.
Esa esencia a la que aludía el citado individuo emana de los seguidores. Son comentarios, muchas veces hechos sin base, pero que en verdad alegran la existencia de los aficionados al fútbol.
El domingo, cuando la Real peleaba sobre el césped de Anoeta frente al Hércules, un servidor se encontraba sufriendo como un bellaco en el bar La Estrella de Tudela. Alguna vez ya les he hablado de este lugar. En él nació la peña realista que me honro en presidir y es punto de encuentro de gran parte de los socios de la entidad, sobre todo cuando por la televisión del Ojazos -mote del dueño del local- juega nuestro equipo.
Quizás fuera por la alegría de saber que Jesús había vuelto a resucitar un año más, o por cualquier otra cuestión más terrenal, pero uno de los socios más veteranos de la peña estaba especialmente alegre. Ya me entienden. El vaso de vino que portaba en sus manos era gran culpable de su estado de satisfacción general, y se dedicó a compartir su alegría con el resto de compañeros que allí nos encontrábamos.
Pese a la tensión del partido, los socarrones comentarios del amigo en cuestión pusieron al partido esa ‘esencia’ de la que hablaba al principio de este texto. Y es que el protagonista de este comentario es un acérrimo defensor de la cantera realista, con lo que no le gusta nada ver que Bueno le quite el puesto a Agirretxe, o que Nsue suba y baje la banda, aunque su inquilino principal estuviera sancionado.
Nada más aparecer el mallorquín en la pantalla, con su llamativo moño al viento, recibió el primer comentario glorioso de la mañana. “¡Joer, qué pintas!..., pero si yo a éste le he visto de picador con el Juli”, gritó en mitad de una jugada. Todavía no se habían apagado las carcajadas provocadas por este ‘puyazo’ cuando el siguiente en salir en imagen fue el nombrado Carlos Bueno. “¡Pero mira a ese!..., si tiene más años que la catedral de Tudela”...
El caso es que Bueno hizo una vaselina espectacular que Nsue remachó a la red. 1-0 y tres puntos vitales para el zurrón. El viejo y el del moño hicieron lo más difícil. Ante tal logro y tales protagonistas cualquiera hubiera apostado a que el ‘comentarista dominguero’ desaparecería rápidamente abochornado, pero no fue así. Ahí siguió todo el partido. Entrando y saliendo del bar, hablando con todo el que se encontraba -lo conociese o no- y, lo que era más importante para el amigo ojazos, haciendo gasto en la barra.
En definitiva, una mañana redonda. Victoria y risas entre amigos. Esta es la verdadera esencia del fútbol…, ¿o del alcohol?
*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.
