Jornada 16: Real Sociedad 1-2 Valencia CF
Oficio de futbolista
Quizás, solo quizás, a un equipo con oficio el partido del Camp Nou no le hubiera pasado ninguna factura. Quizás. A la Real, que por su juventud le falta oficio, no. Y si los que tienen ese oficio o no están sobre el campo o no lo demuestran, el equipo se desdibuja. Y si es época navideña, perdón por el tópico, abre la tienda de regalos.
Y el Valencia, rácano rico venido a lo que Bancaja le ha dejado, lo aprovechó. Agazapados y sin ofrecer mayor peligro que el que el balón parado les permitía -que no fue poco-, los de Unai Emery se llevaron tres puntos con toda justicia, que diría Di Stéfano: marcaron dos goles por uno de su rival. El resultado no admite discusiones.
Sí lo que se vio sobre el campo. La Real, con un rival motivado por hacer las cosas bien tras una semana muy convulsa en Paterna, pagó de salida la terrorífica goleada de Barcelona. Le costó encontrar su sitio, pero cuando lo hizo, empezó a mandar hasta que el árbitro, Iglesias Villanueva, uno de los protagonistas de la noche, pitó un penalty a favor de los realistas. Prieto ejecutó el penal y, parecía, que también al Valencia.
Al conjunto che se le hacían presentes los problemas y los obstáculos de entre semana. La Real había reventado la tubería de las aguas fecales valencianistas. Los de Lasarte sabían lo que había que hacer. Griezmann empezaba a entrar en juego -poco-, Prieto comandaba el ataque por la derecha, Martínez volvía a bombardear -literal- el área de César y Llorente peleaba. Aun así, en el descuento del primer acto, Tino Costa fue el que, con un trallazo a la salida de una falta cometida por De la Bella, ponía el 1-1. Contador a cero y vuelta a empezar ante un equipo que se presuponía saldría, con un chute de moral tras el empate, a por el triunfo.
No fue así. En la segunda parte bastaba con ver cómo Unai Emery procuró romper ninguna dinámica sacando al campo a Stankevicius después de que, un minuto antes, César tardara una eternidad y parte de la siguiente en abandonar el terreno de juego. Tuvo un percance en la primera, su entrenador lo probó y le dio la continuidad. Pero cuando Guaita estaba preparado en la banda, el ex madridista se tiró al suelo y se hizo el muerto. Anoeta clamaba. Los jugadores, no tanto.
Como tampoco lo hicieron ante una entrada criminal de Soldado, los recaditos valencianistas una vez pasaba el balón o ante el lógico tiempo que perdieron en el descuento tras marcar el 1-2. No hubo descuento del descuento. La callada por respuesta. Antes que todo eso, la Real se había adelantado. Desde los once metros.
A partir de ese momento, los de Emery se envalentonaron y empezaron a rascar de una manera que el colegiado gallego tenía que haber sospechado. Jamás dejaba la vista allá de donde el balón ya había salido ni veía el recadito de turno a Llorente o Martínez. Poncio Pilato, que también pudo expulsar a Rivas, se lavaba las manos. En la primera y en la segunda parte. Antes y después.
El ambiente, el que le interesaba al conjunto del cuestionado Emery, no era limpio. Martín Lasarte tampoco atizó con los cambios para buscar una nueva dinámica. Si lo hizo, con Sarpong -por ejemplo-, fue demasiado tarde. Quien más, quien menos ya esperaba el segundo gol porque la Real no era capaz de cerrar un punto ante el cuarto clasificado. Las aguas bajaban demasiado revueltas para cosa buena.
Con 1-1 llegó el preludio al segundo gol. Desde su lateral izquierdo, la Real se dispone a poner el balón en juego. De la Bella, desde esa posición del lateral, va a sacar. No mira al portero, pero decide pasársela igualmente. El guardameta, de espaldas al balón, al juego y al mundo, no se entera de que el esférico va hacia él hasta que Anoeta chilla. Patadón y despejada. Bravo -que en la primera parte, de puños, ya había hecho un extraño de inseguridad- no era Bravo y De la Bella, que lleva casi un mes ausente a vueltas con la renovación, tampoco era De la Bella.
El desenlace, como diría Lillo, estaba cantado en el momento en el que el campo estaba cuesta abajo hacia la portería del portero chileno. A esa mala actuación del guardameta se le sumó un pase malo y poco lógico de Mikel González como para deshacerse de la presión rival. Bravo no la acaba de despejar y se la da al delantero Aduriz, que pasaba por allí. La narración, que tiene estas cosas, pone, de nuevo, a Mikel González, que tiene la oportunidad de resarcirse del error anterior, ante el atacante donostiarra. Todo en unos pocos segundos. El valencianista, no sin calidad, se deshace del central y certifica la muerte de un portero y un equipo que ya se habían envenenado. En el minuto 91.
El público reaccionó como debe: gritó de manera espontánea en apoyo a Bravo. El fútbol tampoco es justo con el guardameta. Cuando todas las miradas están puestas sobre él, como en el partido contra España en el Mundial, en el Camp Nou o ayer, con La Sexta, Bravo no ha firmado las actuaciones a las que acostumbra. Así es difícil que ningún grande -Real aparte- se lo lleve. Y que dure, porque los partidos contra el Espanyol, Racing, Málaga, Deportivo o Villarreal...
Manos a la cara y lamentaciones. El colectivo fue superior al conjunto de buenas individualidades y cuando del colectivo sobresalieron, para mal, dos individualidades, la suma de futbolistas ganó al colectivo que no supo cerrar un empate cuando no podía ganar. Ayer no fue el día. Como ocho días atrás, que había que hacer un borrón, cuenta nueva y pensar en el siguiente partido. Esta vez será la difícil y rocosa plaza de Zaragoza. Allá volverá a ser necesario el oficio.
Hasta 2011.
Y el Valencia, rácano rico venido a lo que Bancaja le ha dejado, lo aprovechó. Agazapados y sin ofrecer mayor peligro que el que el balón parado les permitía -que no fue poco-, los de Unai Emery se llevaron tres puntos con toda justicia, que diría Di Stéfano: marcaron dos goles por uno de su rival. El resultado no admite discusiones.
Sí lo que se vio sobre el campo. La Real, con un rival motivado por hacer las cosas bien tras una semana muy convulsa en Paterna, pagó de salida la terrorífica goleada de Barcelona. Le costó encontrar su sitio, pero cuando lo hizo, empezó a mandar hasta que el árbitro, Iglesias Villanueva, uno de los protagonistas de la noche, pitó un penalty a favor de los realistas. Prieto ejecutó el penal y, parecía, que también al Valencia.
Al conjunto che se le hacían presentes los problemas y los obstáculos de entre semana. La Real había reventado la tubería de las aguas fecales valencianistas. Los de Lasarte sabían lo que había que hacer. Griezmann empezaba a entrar en juego -poco-, Prieto comandaba el ataque por la derecha, Martínez volvía a bombardear -literal- el área de César y Llorente peleaba. Aun así, en el descuento del primer acto, Tino Costa fue el que, con un trallazo a la salida de una falta cometida por De la Bella, ponía el 1-1. Contador a cero y vuelta a empezar ante un equipo que se presuponía saldría, con un chute de moral tras el empate, a por el triunfo.
No fue así. En la segunda parte bastaba con ver cómo Unai Emery procuró romper ninguna dinámica sacando al campo a Stankevicius después de que, un minuto antes, César tardara una eternidad y parte de la siguiente en abandonar el terreno de juego. Tuvo un percance en la primera, su entrenador lo probó y le dio la continuidad. Pero cuando Guaita estaba preparado en la banda, el ex madridista se tiró al suelo y se hizo el muerto. Anoeta clamaba. Los jugadores, no tanto.
Como tampoco lo hicieron ante una entrada criminal de Soldado, los recaditos valencianistas una vez pasaba el balón o ante el lógico tiempo que perdieron en el descuento tras marcar el 1-2. No hubo descuento del descuento. La callada por respuesta. Antes que todo eso, la Real se había adelantado. Desde los once metros.
A partir de ese momento, los de Emery se envalentonaron y empezaron a rascar de una manera que el colegiado gallego tenía que haber sospechado. Jamás dejaba la vista allá de donde el balón ya había salido ni veía el recadito de turno a Llorente o Martínez. Poncio Pilato, que también pudo expulsar a Rivas, se lavaba las manos. En la primera y en la segunda parte. Antes y después.
El ambiente, el que le interesaba al conjunto del cuestionado Emery, no era limpio. Martín Lasarte tampoco atizó con los cambios para buscar una nueva dinámica. Si lo hizo, con Sarpong -por ejemplo-, fue demasiado tarde. Quien más, quien menos ya esperaba el segundo gol porque la Real no era capaz de cerrar un punto ante el cuarto clasificado. Las aguas bajaban demasiado revueltas para cosa buena.
Con 1-1 llegó el preludio al segundo gol. Desde su lateral izquierdo, la Real se dispone a poner el balón en juego. De la Bella, desde esa posición del lateral, va a sacar. No mira al portero, pero decide pasársela igualmente. El guardameta, de espaldas al balón, al juego y al mundo, no se entera de que el esférico va hacia él hasta que Anoeta chilla. Patadón y despejada. Bravo -que en la primera parte, de puños, ya había hecho un extraño de inseguridad- no era Bravo y De la Bella, que lleva casi un mes ausente a vueltas con la renovación, tampoco era De la Bella.
El desenlace, como diría Lillo, estaba cantado en el momento en el que el campo estaba cuesta abajo hacia la portería del portero chileno. A esa mala actuación del guardameta se le sumó un pase malo y poco lógico de Mikel González como para deshacerse de la presión rival. Bravo no la acaba de despejar y se la da al delantero Aduriz, que pasaba por allí. La narración, que tiene estas cosas, pone, de nuevo, a Mikel González, que tiene la oportunidad de resarcirse del error anterior, ante el atacante donostiarra. Todo en unos pocos segundos. El valencianista, no sin calidad, se deshace del central y certifica la muerte de un portero y un equipo que ya se habían envenenado. En el minuto 91.
El público reaccionó como debe: gritó de manera espontánea en apoyo a Bravo. El fútbol tampoco es justo con el guardameta. Cuando todas las miradas están puestas sobre él, como en el partido contra España en el Mundial, en el Camp Nou o ayer, con La Sexta, Bravo no ha firmado las actuaciones a las que acostumbra. Así es difícil que ningún grande -Real aparte- se lo lleve. Y que dure, porque los partidos contra el Espanyol, Racing, Málaga, Deportivo o Villarreal...
Manos a la cara y lamentaciones. El colectivo fue superior al conjunto de buenas individualidades y cuando del colectivo sobresalieron, para mal, dos individualidades, la suma de futbolistas ganó al colectivo que no supo cerrar un empate cuando no podía ganar. Ayer no fue el día. Como ocho días atrás, que había que hacer un borrón, cuenta nueva y pensar en el siguiente partido. Esta vez será la difícil y rocosa plaza de Zaragoza. Allá volverá a ser necesario el oficio.
Hasta 2011.
Ficha técnica
Real Sociedad: Bravo, Carlos Martínez, Ansotegi, Mikel González, De la Bella, Rivas, Aranburu (Sarpong, min.78), Xabi Prieto, Zurutuza, Griezmann y Llorente (Tamudo, min.73).
Valencia CF: César (Guaita, min.51), Bruno, Navarro (Stankevicius, min.52), Rui Costa, Mathieu, Maduro, Tino Costa, Joaquín, Mata (Vicente, min.73), Soldado y Aduriz.
Goles: 1-0, min.22: Xabi Prieto, de penalty. 1-1, min.45: Tino Costa. 1-2, min.91: Aduriz.
Árbitro: Iglesias Villanueva (colegio gallego). Amonestaciones a Xabi Prieto, De la Bella, Rivas; Soldado, Tino Costa, Navarro, Soldado y Bruno.
Real Sociedad: Bravo, Carlos Martínez, Ansotegi, Mikel González, De la Bella, Rivas, Aranburu (Sarpong, min.78), Xabi Prieto, Zurutuza, Griezmann y Llorente (Tamudo, min.73).
Valencia CF: César (Guaita, min.51), Bruno, Navarro (Stankevicius, min.52), Rui Costa, Mathieu, Maduro, Tino Costa, Joaquín, Mata (Vicente, min.73), Soldado y Aduriz.
Goles: 1-0, min.22: Xabi Prieto, de penalty. 1-1, min.45: Tino Costa. 1-2, min.91: Aduriz.
Árbitro: Iglesias Villanueva (colegio gallego). Amonestaciones a Xabi Prieto, De la Bella, Rivas; Soldado, Tino Costa, Navarro, Soldado y Bruno.
- Crónica web Real Sociedad.
- Crónica de Juan Rodríguez Millán.
- Acta RFEF.

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