Jornada 15: FC Barcelona 5-0 Real Sociedad
Caín, Goliat y Martín
Caín mató a su hermano, Goliat se llevó una pedrada que pasó a la historia y Martín pedía que sus jugadores, concentrados, achicaran espacios. Abel no fue capaz de meter miedo ni cuando pasó a mejor vida, la de fantasma, David no se olvidó ni la honda ni la piedra en casa y el Barcelona pasó por encima de la Real. Con claridad. En juego y en marcador: 5-0.
El partido, a priori, no era un trago cómodo para los realistas. Pero llegaba con el equipo en puestos europeos tras derrotar al Athletic, con ganas de venganza tras la cumbre mundial barcelonista en Donostia y, según pasaba la semana, las apelaciones a la ilusión de la utopía –ese horizonte imposible de alcanzar pero le permite al ser humano seguir caminando– se multiplicaban. Pero, el guipuzcoano, previsor, firmaba un seguro: “Y si nos golean, no pasa nada: es un partido en el que tenemos poco que perder y mucho que ganar. Venimos de jugar en Motril o Girona, el Camp Nou es un regalo”.
Hasta que llegó el domingo y cayó en su propia trampa, en la mentira que había tejido durante la última semana. Un equipo azulgrana que, más que al ejército nazi en el frente ruso recordó a las cargas de caballería napoleónica, pasó por encima de catorce hombrecillos. Apenas hubo partido. Los realistas intentaron sacudirse ese barro todavía fresco de esos campos de Segunda y que llevan en sus botas en el felpudo de Can Barça. Con el esquema habitual, atiendan a un 4-1-4-1 como variante, con los jugadores habituales menos Zurutusta, que le llamaría Josep Guardiola, y sin la empanada inicial habitual. La Real se sacudió durante ocho minutos. Hasta la primera triangulación barcelonista o el gol de David Villa.
A partir de ahí, el horizonte imposible de la utopía desapareció y la Real dejó de caminar. Tras el segundo gol, fruto de un error de Claudio Bravo, los realistas dejaron de existir. Lucharon, corrieron, pero no pudieron mantener –¿de verdad lo pudieran haber hecho aunque sea con 0-1?– el nivel de antes. A la vuelta del descanso, Messi, que todavía no había batido la portería de la Real en ningún partido, se estrenó para poner un 3-0 en el marcador que tenía que haber sido el resultado final.
El choque se avivó en el minuto 69. Raúl Tamudo, recuperado tras la lesión, sustituía a Llorente en el campo y el Camp Nou, aburrido de tanta superioridad y muy fácil de picar, saltaba a la yugular. Tal y como cantó Caín, el siempre señor público catalán le dedicó al de Gramanet aquello tan simpático de “Tamudo, muérete”. Antes, daba igual el 3-0, Caín le había montado la de Dios es Cristo a Zurutuza –sí, Zurutusta– cuando entró por Aranburu. Cosas de hermanos.
Como la Donostiarra en la segunda jornada de La Concha. Su lucha por la Bandera es hoy una utopía. Rascar puntos en el Camp Nou actual, ídem. La Real perdió y lo hizo con claridad, en juego y marcador: 5-0. Messi en el 86’ y Bojan tres minutos más tarde, otros dos errores de la zaga mediante dibujaron el marcador final.
Si son cincuenta los pasos que separan a Barcelona –con todo lo que tiene– y Real, esta, empequeñecida, saltó al campo un paso o dos más atrás. Con cincuenta y uno o cincuenta y dos de diferencia. Era un David sin esa honda con la que poder tumbar a Goliat, aunque tuviera poco que perder y mucho que ganar. Desarmado. Lo dio todo, pero parte de lo que dio lo dio mal. Tras noventa minutos y un 73%-27% de posesión del balón, apenas cometió faltas ni se ganó alguna amonestación. A su entrenador, que reconoció el monstruo al que los suyos tuvieron que enfrentarse, no le gustó.
Tanto que, en una sala de prensa repleta de profesionales preocupados por conocer solo lo que opinara Martín Lasarte sobre el Barcelona o los balones de oro, el uruguayo dio nada más empezar a hablar sus dos claves del partido. Primero, que para poder ganar en un campo como aquel, primero hay que creérselo. La Real no lo hizo. Y segundo, que “no es lo mismo perder 3-0 que 5-0”. Esos dos errores defensivos finales pesan.
Abel, ese David que al desafiar a Goliat no se dio cuenta de que no tenía consigo ni una honda, ha perdido en el partido en el que no había “nada que perder” parte de lo que le ayudó a pasar por encima de Athletic, Sporting, Villarreal o Espanyol. Lo probable es que a ese grupo de debutantes en Primera le pese un partido que todos los suyos, además de no contar con los puntos, ya daban por perdido. Caín y Abel, David y Goliat y Martín Lasarte, molesto, incómodo, sincero: “Aun perdiendo 3-0, no le dimos al partido esa impronta que solemos tener. Estábamos jugando pidiendo permiso al rival”. Cincuenta y uno o cincuenta y dos pasos.
El partido, a priori, no era un trago cómodo para los realistas. Pero llegaba con el equipo en puestos europeos tras derrotar al Athletic, con ganas de venganza tras la cumbre mundial barcelonista en Donostia y, según pasaba la semana, las apelaciones a la ilusión de la utopía –ese horizonte imposible de alcanzar pero le permite al ser humano seguir caminando– se multiplicaban. Pero, el guipuzcoano, previsor, firmaba un seguro: “Y si nos golean, no pasa nada: es un partido en el que tenemos poco que perder y mucho que ganar. Venimos de jugar en Motril o Girona, el Camp Nou es un regalo”.
Hasta que llegó el domingo y cayó en su propia trampa, en la mentira que había tejido durante la última semana. Un equipo azulgrana que, más que al ejército nazi en el frente ruso recordó a las cargas de caballería napoleónica, pasó por encima de catorce hombrecillos. Apenas hubo partido. Los realistas intentaron sacudirse ese barro todavía fresco de esos campos de Segunda y que llevan en sus botas en el felpudo de Can Barça. Con el esquema habitual, atiendan a un 4-1-4-1 como variante, con los jugadores habituales menos Zurutusta, que le llamaría Josep Guardiola, y sin la empanada inicial habitual. La Real se sacudió durante ocho minutos. Hasta la primera triangulación barcelonista o el gol de David Villa.
A partir de ahí, el horizonte imposible de la utopía desapareció y la Real dejó de caminar. Tras el segundo gol, fruto de un error de Claudio Bravo, los realistas dejaron de existir. Lucharon, corrieron, pero no pudieron mantener –¿de verdad lo pudieran haber hecho aunque sea con 0-1?– el nivel de antes. A la vuelta del descanso, Messi, que todavía no había batido la portería de la Real en ningún partido, se estrenó para poner un 3-0 en el marcador que tenía que haber sido el resultado final.
El choque se avivó en el minuto 69. Raúl Tamudo, recuperado tras la lesión, sustituía a Llorente en el campo y el Camp Nou, aburrido de tanta superioridad y muy fácil de picar, saltaba a la yugular. Tal y como cantó Caín, el siempre señor público catalán le dedicó al de Gramanet aquello tan simpático de “Tamudo, muérete”. Antes, daba igual el 3-0, Caín le había montado la de Dios es Cristo a Zurutuza –sí, Zurutusta– cuando entró por Aranburu. Cosas de hermanos.
Como la Donostiarra en la segunda jornada de La Concha. Su lucha por la Bandera es hoy una utopía. Rascar puntos en el Camp Nou actual, ídem. La Real perdió y lo hizo con claridad, en juego y marcador: 5-0. Messi en el 86’ y Bojan tres minutos más tarde, otros dos errores de la zaga mediante dibujaron el marcador final.
Si son cincuenta los pasos que separan a Barcelona –con todo lo que tiene– y Real, esta, empequeñecida, saltó al campo un paso o dos más atrás. Con cincuenta y uno o cincuenta y dos de diferencia. Era un David sin esa honda con la que poder tumbar a Goliat, aunque tuviera poco que perder y mucho que ganar. Desarmado. Lo dio todo, pero parte de lo que dio lo dio mal. Tras noventa minutos y un 73%-27% de posesión del balón, apenas cometió faltas ni se ganó alguna amonestación. A su entrenador, que reconoció el monstruo al que los suyos tuvieron que enfrentarse, no le gustó.
Tanto que, en una sala de prensa repleta de profesionales preocupados por conocer solo lo que opinara Martín Lasarte sobre el Barcelona o los balones de oro, el uruguayo dio nada más empezar a hablar sus dos claves del partido. Primero, que para poder ganar en un campo como aquel, primero hay que creérselo. La Real no lo hizo. Y segundo, que “no es lo mismo perder 3-0 que 5-0”. Esos dos errores defensivos finales pesan.
Abel, ese David que al desafiar a Goliat no se dio cuenta de que no tenía consigo ni una honda, ha perdido en el partido en el que no había “nada que perder” parte de lo que le ayudó a pasar por encima de Athletic, Sporting, Villarreal o Espanyol. Lo probable es que a ese grupo de debutantes en Primera le pese un partido que todos los suyos, además de no contar con los puntos, ya daban por perdido. Caín y Abel, David y Goliat y Martín Lasarte, molesto, incómodo, sincero: “Aun perdiendo 3-0, no le dimos al partido esa impronta que solemos tener. Estábamos jugando pidiendo permiso al rival”. Cincuenta y uno o cincuenta y dos pasos.
Ficha técnica
Barcelona: Víctor Valdés, Dani Alves, Puyol, Abidal, Maxwell, Mascherano (min. 53, Busquets), Xavi (min. 67, Keita), Iniesta, Pedro (min. 60, Bojan), Messi y Villa.
Real Sociedad: Bravo, Carlos Martínez, Mikel Gonzalez, Ansotegi, De la Bella, Rivas, Elustondo, Aranburu (min. 56, Zurutuza), Xabi Prieto (min. 80, Sarpong), Griezmann y Llorente (min. 69, Tamudo).
Goles: 1-0, Villa, min. 9; 2-0, Iniesta, min. 31; 3-0, Messi, min. 46; 4-0, Messi, min. 86; 5-0, Bojan, min. 89.
Árbitro: Fernández Borbalán (colegio andaluz). Tarjeta a Mascherano.
Barcelona: Víctor Valdés, Dani Alves, Puyol, Abidal, Maxwell, Mascherano (min. 53, Busquets), Xavi (min. 67, Keita), Iniesta, Pedro (min. 60, Bojan), Messi y Villa.
Real Sociedad: Bravo, Carlos Martínez, Mikel Gonzalez, Ansotegi, De la Bella, Rivas, Elustondo, Aranburu (min. 56, Zurutuza), Xabi Prieto (min. 80, Sarpong), Griezmann y Llorente (min. 69, Tamudo).
Goles: 1-0, Villa, min. 9; 2-0, Iniesta, min. 31; 3-0, Messi, min. 46; 4-0, Messi, min. 86; 5-0, Bojan, min. 89.
Árbitro: Fernández Borbalán (colegio andaluz). Tarjeta a Mascherano.
- Crónica EFE.
- Crónica web Real Sociedad.
- Crónica de Juan Rodríguez Millán.
- Acta RFEF.

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