Jornada 12: Real Sociedad 2-4 Atlético de Madrid
Segundas partes
"Había que meterle seis meses en el congelador con el anisakis". Luego ya veríamos qué hacer con él, si hiciéramos algo, porque segundas partes nunca fueron buenas, pero hay que jugarlas. Y disputarlas bien. Y ganarlas. Ni en Anoeta ni a domicilio. La Real lo volvió a demostrar ante un Atlético de Madrid que desarboló en los primeros treinta minutos (exiguo 1-0) y que en los veinte finales le dio la vuelta endosándole cuatro tantos a Claudio Bravo. Entremedias Rivas redujo una distancia que al final fue la lógica.
Porque el 2-4 no marca más que la diferencia entre dos equipos llamados a luchar por objetivos dispares y, al parecer, prefijados e inexorables. Por mucho que los realistas se empeñaran en hacer saltar los pronósticos y defender el historial estadístico del Atlético en Donostia, no hubo tutía. Ni siquiera con el gol de Llorente tras un par de fantásticas fintas de Griezmann y centro del galo con la diestra. Apenas habían pasado diez minutos.
Ahí llegaron los mejores momentos de una Real que solo se vio frenada por un juez de línea que de manera irreprochable apuró lo correcto en todas las ocasiones en las que tuvo que intervenir. No así el juez principal de toda esta historia. Las pequeñas faltas que señalaba por aquí y por allá empezaban a desquiciar a unos realistas que, mientras el resultado fuera de cara, tampoco se molestaban mucho.
Del treinta en adelante, la Real cedió terreno. El Atlético conjugó su alta calidad individual y con un trabajo colectivo estudiado -¿por qué Bravo no iniciaba la jugada tan suelto como acostumbra?- para lograr tomar el mando de una situación que podía volver a ser la de siempre, la del Pupas. Apenas inquietó la meta del chileno. El guardameta solo se vio obligado a salir del área en una ocasión y hacer una frivolité ante Agüero. Después respondió con una gran palomita a un tiro lejano de Tiago. Descanso y música de viento para Ayza Gámez.
Reducir los siguientes cuarenta y cinco minutos a tres acciones puntuales (en las que la Real no fue favorecida en una ni por despiste) no vale de nada. Tampoco sirve olvidarse del colegiado para cargar las tintas de una autocrítica tan necesaria como preocupante. Los jugadores desaparecieron hasta el 1-3 y Lasarte erró en cómo ejecutar los cambios.
"Algún día la desgracia será gorda y la Liga se llamará andanas. Como siempre". Y el día llegó una semana después de esa crónica de Alicante. González al cuadrado, Álvarez Izquierdo, Undiano Mallenco y, ahora, Ayza Gámez. Cuatro arbitrajes consecutivos con peros y problemas de los que la Real ha podido rescatar seis puntos.
Aun así, el Atlético se fue con la sensación de no haber ganado nada regalado (por el árbitro, se entiende). No les faltó razón, aunque muchos colchoneros evitaban pronunciarse sobre las tres jugadas polémicas del encuentro. Lejos de hablar de ellas, se escondían en que si había que indicar penalty en la mano de Tiago, la de Xabi Alonso en el derby de Manzanares también lo era. Reconocimiento implícito de que había pena máxima. Matéu Lahoz, otro mal árbitro valenciano como Ayza Gámez, envió al limbo aquella jugada en aquel derby. ¿Por qué el valenciano no iba a hacer lo mismo?
Claro: porque el Atlético de Madrid -que ya le compensan lo que dicen que les "roban"- poco tendría que ver con lo que representa el Real Madrid y la Real con el equipo del Calderón. Pero no. La resolución fue la misma: las dos jugadas comparten a estas horas champán en el limbo y celebran el gol que marcó Diego Forlán para culminar esa misma jugada polémica. Pasmosa calidad la del Atlético para plantarse en el otro lado del rectángulo con esa facilidad. Todo el campo había visto la mano de Tiago. Bronca monumental.
Lasarte tenía ante sí un problema. El mismo que las últimas semanas. A su equipo, en cuanto se adelanta en el marcador, se le funden los plomos. Según avanza el partido y más tras el parón del descanso, recula hacia su propia portería y la de enfrente queda con más terreno de por medio que el que tenían que correr Oliver y Benji. La inseguridad de los novatos manda y ante equipos como el Atlético de Madrid, campeón de UEFA y Supercopa de Europa, con Forlán, Agüero, Simao y Reyes, se paga. Aunque necesiten de un cobrador del frac particular como Ayza Gámez.
Siete minutos después del empate (en el 71'), sin tiempo para mucho más que para dos amarillas a Ansotegi y Markel (73' y 76'), el Atlético, esta vez orientado y con buena circulación de la pelota, ya estaba por delante en el marcador (78'). Igual que el Kun respecto a la zaga realista. No importaba. Ayza Gámez y el asistente que hilaba fino en la primera mitad estaban dispuestos a darlo por válido. El centro del campo seguía sin aparecer y Lasarte, que con tino había sentado a Griezmann por Markel como un plan de dos partes, no acababa de ejecutar el segundo cambio: meter a Jeffrey Sarpong. Hasta el 82'.
Para entonces, y en mitad del fiasco blanquiazul, el Atlético ya mandaba 1-3 y Ayza Gámez había decidido pitar lo que veía. Y lo hacía. Y lo señalaba bien, pese a las protestas del respetable local, desquiciado por un arbitraje difícil de entender pero sencillo de explicar. Carne para los conspiranoicos: el Espanyol ha sido el único de los cinco disidentes televisivos que ha vencido esta jornada. El resto, Villarreal, Sevilla, Athletic y Real, han mordido polvo y bien. Casualidad.
El penalty final en el descuento y el gol de Simao para que, sin tiempo a situar el balón en el centro, el colegiado indicara el camino de los vestuarios no valieron más que para reflejar la distancia que existe hoy entre dos equipos como el Atlético -que apoya el reparto de derechos televisivos que proponen el Barcelona y el Madrid- y la pobre Real. La mano de Tiago, el fuera de juego de Agüero y, la jugada menos clara, en la que Suárez pudo acabar expulsado, son tema de debate y el protagonista común a ellas no es futbolista.
Por cierto, la frase del anisakis la dijo Javier Clemente en mayo, cuando intentaba salvar del descenso al Valladolid a la heroica. "No pitó una mano a nuestro favor en su área, tampoco una zancadilla a Manucho. Y en la segunda no señaló un penalti a Bueno y nos pitó un fuera de juego marcando desde atrás. No sé si hay nevera, pero a este árbitro hay que meterle en el congelador con el anisakis. En un partido facilón nos masacró". El club vallisoletano perdió 3-1 a domicilio. Ante el Atlético de Madrid. Aquella tarde Ayza Gámez, perdón por el oxímoron, impartía justicia.
Porque el 2-4 no marca más que la diferencia entre dos equipos llamados a luchar por objetivos dispares y, al parecer, prefijados e inexorables. Por mucho que los realistas se empeñaran en hacer saltar los pronósticos y defender el historial estadístico del Atlético en Donostia, no hubo tutía. Ni siquiera con el gol de Llorente tras un par de fantásticas fintas de Griezmann y centro del galo con la diestra. Apenas habían pasado diez minutos.
Ahí llegaron los mejores momentos de una Real que solo se vio frenada por un juez de línea que de manera irreprochable apuró lo correcto en todas las ocasiones en las que tuvo que intervenir. No así el juez principal de toda esta historia. Las pequeñas faltas que señalaba por aquí y por allá empezaban a desquiciar a unos realistas que, mientras el resultado fuera de cara, tampoco se molestaban mucho.
Del treinta en adelante, la Real cedió terreno. El Atlético conjugó su alta calidad individual y con un trabajo colectivo estudiado -¿por qué Bravo no iniciaba la jugada tan suelto como acostumbra?- para lograr tomar el mando de una situación que podía volver a ser la de siempre, la del Pupas. Apenas inquietó la meta del chileno. El guardameta solo se vio obligado a salir del área en una ocasión y hacer una frivolité ante Agüero. Después respondió con una gran palomita a un tiro lejano de Tiago. Descanso y música de viento para Ayza Gámez.
Reducir los siguientes cuarenta y cinco minutos a tres acciones puntuales (en las que la Real no fue favorecida en una ni por despiste) no vale de nada. Tampoco sirve olvidarse del colegiado para cargar las tintas de una autocrítica tan necesaria como preocupante. Los jugadores desaparecieron hasta el 1-3 y Lasarte erró en cómo ejecutar los cambios.
"Algún día la desgracia será gorda y la Liga se llamará andanas. Como siempre". Y el día llegó una semana después de esa crónica de Alicante. González al cuadrado, Álvarez Izquierdo, Undiano Mallenco y, ahora, Ayza Gámez. Cuatro arbitrajes consecutivos con peros y problemas de los que la Real ha podido rescatar seis puntos.
Aun así, el Atlético se fue con la sensación de no haber ganado nada regalado (por el árbitro, se entiende). No les faltó razón, aunque muchos colchoneros evitaban pronunciarse sobre las tres jugadas polémicas del encuentro. Lejos de hablar de ellas, se escondían en que si había que indicar penalty en la mano de Tiago, la de Xabi Alonso en el derby de Manzanares también lo era. Reconocimiento implícito de que había pena máxima. Matéu Lahoz, otro mal árbitro valenciano como Ayza Gámez, envió al limbo aquella jugada en aquel derby. ¿Por qué el valenciano no iba a hacer lo mismo?
Claro: porque el Atlético de Madrid -que ya le compensan lo que dicen que les "roban"- poco tendría que ver con lo que representa el Real Madrid y la Real con el equipo del Calderón. Pero no. La resolución fue la misma: las dos jugadas comparten a estas horas champán en el limbo y celebran el gol que marcó Diego Forlán para culminar esa misma jugada polémica. Pasmosa calidad la del Atlético para plantarse en el otro lado del rectángulo con esa facilidad. Todo el campo había visto la mano de Tiago. Bronca monumental.
Lasarte tenía ante sí un problema. El mismo que las últimas semanas. A su equipo, en cuanto se adelanta en el marcador, se le funden los plomos. Según avanza el partido y más tras el parón del descanso, recula hacia su propia portería y la de enfrente queda con más terreno de por medio que el que tenían que correr Oliver y Benji. La inseguridad de los novatos manda y ante equipos como el Atlético de Madrid, campeón de UEFA y Supercopa de Europa, con Forlán, Agüero, Simao y Reyes, se paga. Aunque necesiten de un cobrador del frac particular como Ayza Gámez.
Siete minutos después del empate (en el 71'), sin tiempo para mucho más que para dos amarillas a Ansotegi y Markel (73' y 76'), el Atlético, esta vez orientado y con buena circulación de la pelota, ya estaba por delante en el marcador (78'). Igual que el Kun respecto a la zaga realista. No importaba. Ayza Gámez y el asistente que hilaba fino en la primera mitad estaban dispuestos a darlo por válido. El centro del campo seguía sin aparecer y Lasarte, que con tino había sentado a Griezmann por Markel como un plan de dos partes, no acababa de ejecutar el segundo cambio: meter a Jeffrey Sarpong. Hasta el 82'.
Para entonces, y en mitad del fiasco blanquiazul, el Atlético ya mandaba 1-3 y Ayza Gámez había decidido pitar lo que veía. Y lo hacía. Y lo señalaba bien, pese a las protestas del respetable local, desquiciado por un arbitraje difícil de entender pero sencillo de explicar. Carne para los conspiranoicos: el Espanyol ha sido el único de los cinco disidentes televisivos que ha vencido esta jornada. El resto, Villarreal, Sevilla, Athletic y Real, han mordido polvo y bien. Casualidad.
El penalty final en el descuento y el gol de Simao para que, sin tiempo a situar el balón en el centro, el colegiado indicara el camino de los vestuarios no valieron más que para reflejar la distancia que existe hoy entre dos equipos como el Atlético -que apoya el reparto de derechos televisivos que proponen el Barcelona y el Madrid- y la pobre Real. La mano de Tiago, el fuera de juego de Agüero y, la jugada menos clara, en la que Suárez pudo acabar expulsado, son tema de debate y el protagonista común a ellas no es futbolista.
Por cierto, la frase del anisakis la dijo Javier Clemente en mayo, cuando intentaba salvar del descenso al Valladolid a la heroica. "No pitó una mano a nuestro favor en su área, tampoco una zancadilla a Manucho. Y en la segunda no señaló un penalti a Bueno y nos pitó un fuera de juego marcando desde atrás. No sé si hay nevera, pero a este árbitro hay que meterle en el congelador con el anisakis. En un partido facilón nos masacró". El club vallisoletano perdió 3-1 a domicilio. Ante el Atlético de Madrid. Aquella tarde Ayza Gámez, perdón por el oxímoron, impartía justicia.
Ficha técnica
Real Sociedad: Bravo; Carlos Martínez, Ansotegi, Mikel González, De la Bella; Rivas, Aranburu (Sarpong, min. 82), Xabi Prieto, Griezmann (Bergara, min. 65); Zurutuza y Joseba Llorente (Tamudo, min. 76).
Atlético de Madrid: De Gea; Perea, Ujfalusi, Godín, Antonio López; Mario Suárez (Raúl García, min. 76), Tiago, Reyes, Simao, Agüero (Diego Costa, min. 84); Forlán.
Goles: 1-0, min. 12: Llorente; 1-1, min. 71: Forlán; 1-2, min. 78: Agüero; 1-3, min. 81: Agüero; 2-3, min. 85: Rivas; 2-4, min. 92: Simao (p).
Árbitro: Ayza Gámez (colegio valenciano). Amonestó a Aranburu, Markel, Ansotegi; Mario Suárez, Ujfalusi.
Real Sociedad: Bravo; Carlos Martínez, Ansotegi, Mikel González, De la Bella; Rivas, Aranburu (Sarpong, min. 82), Xabi Prieto, Griezmann (Bergara, min. 65); Zurutuza y Joseba Llorente (Tamudo, min. 76).
Atlético de Madrid: De Gea; Perea, Ujfalusi, Godín, Antonio López; Mario Suárez (Raúl García, min. 76), Tiago, Reyes, Simao, Agüero (Diego Costa, min. 84); Forlán.
Goles: 1-0, min. 12: Llorente; 1-1, min. 71: Forlán; 1-2, min. 78: Agüero; 1-3, min. 81: Agüero; 2-3, min. 85: Rivas; 2-4, min. 92: Simao (p).
Árbitro: Ayza Gámez (colegio valenciano). Amonestó a Aranburu, Markel, Ansotegi; Mario Suárez, Ujfalusi.
- Crónica EFE.
- Crónica web Real Sociedad.
- Crónica de Juan Rodríguez Millán.
- Acta RFEF.
