Jornada 6: Real Sociedad 1-0 RCD Espanyol
Equilibrio
Las dos derrotas a domicilio pesaron. Y pesaron mucho. Anoeta se enfrentó ayer a la primera prueba de fuego en Primera: tras cuatro encuentros sin lograr el triunfo y tres consecutivos sin rascar un punto -pese a merecerlo en el primero de ellos-, la Real volvía a casa con cuatro puntos, en una floja decimosexta posición y, sobre todo, tras ofrecer dos imágenes paupérrimas en campos propicios como Pamplona y Mallorca. Lejos del ambiente festivo y poco acomplejado de la tarde del Villarreal o la noche de estrellas ante el Madrid de Cristiano Ronaldo, el partido ante el Espanyol ya tenía otras claves.
Y muy diferentes. Tanto que pese a serlo, la Real no parecía un recién ascendido, sino que volvía a ser ese equipo que había encadenado muchas temporadas en la máxima categoría y que esta vez volvía a tener que salvar match-balls. El optimismo-casi-eufórico de las tardes anteriores se evaporó ante el Osasuna y cuatro días después se fueron las ganas de cualquier broma.
Por eso, Lasarte reconocía después del choque ante el Espanyol que lo tenía "en mente", el técnico charrúa dejó para otra tarde lo de partir con Tamudo y Llorente en punta. "Nuestro equipo es un equipo de equilibrio" y consideró que la Real necesitaba de un resultado como el de ayer para esas probaturas. Tampoco tiró de la dupla durante el partido aunque el choque y la afición se lo pedía del descanso en adelante.
Después de un inicio muy correcto del equipo de Pocchetino, haciendo su propia declaración de intenciones con un par de posesiones prolongadas, la Real tomó el mando rápido y puso las ocasiones sobre la mesa. Tamudo de un cabezazo, Martínez de un disparo cruzado o Prieto que no enganchaba un pase de la muerte de Griezmann llevaban el peligro al área de Kameni, mientras que los periquitos avisaban con una gran ocasión de Osvaldo que permitía a Claudio Bravo empezar su particular recital de paradones.
Fue la noche del guardameta chileno. Desde el comienzo y hasta, sobre todo, el final, Bravo desbarató no menos de cinco ocasiones claras de gol del conjunto de Pocchetino, aunque el Espanyol apenas inquietó la meta realista con insistencia hasta que encajó el gol. Los donostiarras, con eso del "equilibrio" y la seguridad, se mostraban incapaces de ejecutar transiciones rápidas con las que sorprender a la defensa visitante. En esos ataques más pausados, el centro del campo no era capaz de hilar jugadas con cierta claridad.
Por eso, esa Real más preocupada en madurar sin recibir tantos disponía del choque a su antojo ante un rival con calidad pero sin prisa. El Espanyol, además, apenas se llevaba balones de cabeza, por lo que acrecentaba la superioridad de un conjunto que jugaba en casa. Pero lo hacía sin su principal rematador de cabeza, aunque Tamudo ya marcó de un testarazo en Almería y ayer a punto estuvo de batir a Kameni en un cabezazo casi imposible. Anoeta quería más madera.
Lasarte, sensato rayante lo timorato, no apostó por esa vía. La segunda parte se desarrolló por los mismos derroteros: la Real, más cansada, dominaba, el Espanyol presentaba las cartas de peligro en unos contragolpes más rápidos que los locales y el ambiente de Anoeta no empujaba como en las ocasiones anteriores, si bien las decisiones de Turienzo Álvarez calentaban el percal. Con esto, Lasarte esperó al 67' para sentar a Tamudo y meter a Llorente y diez minutos más para hacer lo propio con Griezmann y el holandés Sarpong, que debutaría con la Real en un Anoeta cuya nueva hierba también procedía del país de los tulipanes.
El nuevo césped, al que el fuerte calor vivido durante la jornada en Donostia no había ayudado, presentó un buen aspecto, aunque en las entradas más fuertes acababa por levantarse. Como Anoeta con el gol. Tras un par de amagos, esos efectos ópticos, Sarpong se disponía a chutar una falta directa desde donde Cristo perdió el mechero. Lo estrelló en el palo de Kameni, pero con tan buena suerte que el rechace dio en el defensa Forlín, que en una posición acrobática pretendía despejar lo que al final fue el 1-0.
A falta de cinco minutos, el escenario cambiaba: de sufrir para amarrar un punto, Anoeta se disponía a echar más lágrimas que sudor por guardarse el preciado botín de los tres. Y la grada, al igual equipo, lo tuvo que hacer, porque los futbolistas, derrengados, no eran capaces de aguantar la pelota y matar el partido a base de gilicorners.
En el descuento, el Espanyol, volcado en el área de Bravo, se topó con el cancerbero realista en dos ocasiones. Las mismas que desbarató y con las que se ganó que el respetable le ovacionara al final de un partido que parecía entre Tamudo y el Espanyol que acabó con victoria de la Real gracias a dos protagonistas inesperados como Sarpong y el visitante Forlín.
Y muy diferentes. Tanto que pese a serlo, la Real no parecía un recién ascendido, sino que volvía a ser ese equipo que había encadenado muchas temporadas en la máxima categoría y que esta vez volvía a tener que salvar match-balls. El optimismo-casi-eufórico de las tardes anteriores se evaporó ante el Osasuna y cuatro días después se fueron las ganas de cualquier broma.
Por eso, Lasarte reconocía después del choque ante el Espanyol que lo tenía "en mente", el técnico charrúa dejó para otra tarde lo de partir con Tamudo y Llorente en punta. "Nuestro equipo es un equipo de equilibrio" y consideró que la Real necesitaba de un resultado como el de ayer para esas probaturas. Tampoco tiró de la dupla durante el partido aunque el choque y la afición se lo pedía del descanso en adelante.
Después de un inicio muy correcto del equipo de Pocchetino, haciendo su propia declaración de intenciones con un par de posesiones prolongadas, la Real tomó el mando rápido y puso las ocasiones sobre la mesa. Tamudo de un cabezazo, Martínez de un disparo cruzado o Prieto que no enganchaba un pase de la muerte de Griezmann llevaban el peligro al área de Kameni, mientras que los periquitos avisaban con una gran ocasión de Osvaldo que permitía a Claudio Bravo empezar su particular recital de paradones.
Fue la noche del guardameta chileno. Desde el comienzo y hasta, sobre todo, el final, Bravo desbarató no menos de cinco ocasiones claras de gol del conjunto de Pocchetino, aunque el Espanyol apenas inquietó la meta realista con insistencia hasta que encajó el gol. Los donostiarras, con eso del "equilibrio" y la seguridad, se mostraban incapaces de ejecutar transiciones rápidas con las que sorprender a la defensa visitante. En esos ataques más pausados, el centro del campo no era capaz de hilar jugadas con cierta claridad.
Por eso, esa Real más preocupada en madurar sin recibir tantos disponía del choque a su antojo ante un rival con calidad pero sin prisa. El Espanyol, además, apenas se llevaba balones de cabeza, por lo que acrecentaba la superioridad de un conjunto que jugaba en casa. Pero lo hacía sin su principal rematador de cabeza, aunque Tamudo ya marcó de un testarazo en Almería y ayer a punto estuvo de batir a Kameni en un cabezazo casi imposible. Anoeta quería más madera.
Lasarte, sensato rayante lo timorato, no apostó por esa vía. La segunda parte se desarrolló por los mismos derroteros: la Real, más cansada, dominaba, el Espanyol presentaba las cartas de peligro en unos contragolpes más rápidos que los locales y el ambiente de Anoeta no empujaba como en las ocasiones anteriores, si bien las decisiones de Turienzo Álvarez calentaban el percal. Con esto, Lasarte esperó al 67' para sentar a Tamudo y meter a Llorente y diez minutos más para hacer lo propio con Griezmann y el holandés Sarpong, que debutaría con la Real en un Anoeta cuya nueva hierba también procedía del país de los tulipanes.
El nuevo césped, al que el fuerte calor vivido durante la jornada en Donostia no había ayudado, presentó un buen aspecto, aunque en las entradas más fuertes acababa por levantarse. Como Anoeta con el gol. Tras un par de amagos, esos efectos ópticos, Sarpong se disponía a chutar una falta directa desde donde Cristo perdió el mechero. Lo estrelló en el palo de Kameni, pero con tan buena suerte que el rechace dio en el defensa Forlín, que en una posición acrobática pretendía despejar lo que al final fue el 1-0.
A falta de cinco minutos, el escenario cambiaba: de sufrir para amarrar un punto, Anoeta se disponía a echar más lágrimas que sudor por guardarse el preciado botín de los tres. Y la grada, al igual equipo, lo tuvo que hacer, porque los futbolistas, derrengados, no eran capaces de aguantar la pelota y matar el partido a base de gilicorners.
En el descuento, el Espanyol, volcado en el área de Bravo, se topó con el cancerbero realista en dos ocasiones. Las mismas que desbarató y con las que se ganó que el respetable le ovacionara al final de un partido que parecía entre Tamudo y el Espanyol que acabó con victoria de la Real gracias a dos protagonistas inesperados como Sarpong y el visitante Forlín.
Ficha técnica
Real Sociedad: Bravo, Carlos Martínez, Ansotegi, Mikel González, De la Bella (Labaka, min.88), Rivas, Aranburu, Xabi Prieto, Zurutuza, Griezmann (Sarpong, min.79) y Tamudo (Llorente, min.67).
RCD Espanyol: Kameni, Galán (Chica, min.31), Forlín, Ruiz, García, Duscher, Márquez, Luis García, Verdú, Callejón y Osvaldo (Alvaro, min.73).
Goles: 1-0: Forlín en propia meta al intentar deshacerse del la falta directa que Sarpong había estrellado en el poste.
Árbitro: Turienzo Álvarez (colegio castellano-leonés). Amarillas para Griezmann; Luis García, David García, Víctor Ruiz y Chica.
Real Sociedad: Bravo, Carlos Martínez, Ansotegi, Mikel González, De la Bella (Labaka, min.88), Rivas, Aranburu, Xabi Prieto, Zurutuza, Griezmann (Sarpong, min.79) y Tamudo (Llorente, min.67).
RCD Espanyol: Kameni, Galán (Chica, min.31), Forlín, Ruiz, García, Duscher, Márquez, Luis García, Verdú, Callejón y Osvaldo (Alvaro, min.73).
Goles: 1-0: Forlín en propia meta al intentar deshacerse del la falta directa que Sarpong había estrellado en el poste.
Árbitro: Turienzo Álvarez (colegio castellano-leonés). Amarillas para Griezmann; Luis García, David García, Víctor Ruiz y Chica.
- Crónica EFE.
- Crónica web Real Sociedad.
- Crónica web RCD Espanyol.
- Acta RFEF.

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