Jornada 4: Osasuna 3-1 Real Sociedad
Que nos devuelvan a la Real
La Real mereció perder. La derrota, tan justa como abultada vista la pobreza futbolística del rival, es de las que deben escocer mucho. Y no por caer ante un ex hermano que todavía tiene las manos ensangrentadas de aquella puñalada. Que también, sino porque la Real cuajó un partido pésimo y diametralmente opuesto a lo visto hasta ayer.
O no tanto si se tienen en cuenta los errores de Almería. Allá la Real tuvo la ventaja de ponerse por delante en el marcador por dos veces y tirar millas con su estilo de juego hasta el fallo garrafal final. Los de Lillo, como ayer Osasuna, tampoco daban para más. Los de Camacho, en cambio, explotaron su único recurso hasta la saciedad o, en su defecto, hasta el tercer gol. Le valió al de Cieza para salvar, por ahora, la cabeza.
Y meter a su homólogo realista en un problema serio. Una de las claves que algunos temieron al conocer el once inicial giraba en torno a la sala de máquinas de todo equipo: el centro del centro del campo. Por algo el argot futbolístico denomina sala de máquinas a ese doble o triple pivote.
Lasarte apostó por un cambio radical al dejar a Rivas en el banco y a Aranburu en casa. Y ahí, en la mente del uruguayo, empezó la debacle. No había más razones que las meras "rotaciones" para cambiar. El Real Madrid, salvo el cambio obligado de Lass por el lesionado Khedira, repitió alineación en tres partidos, pese a las quejas de su técnico. Lasarte, no.
Situó a Bravo bajo palos y volvió a poner en liza a la misma defensa que lleva jugados casi todos los minutos hasta ahora. De ahí en adelante, cambios. El principal, en el doble pivote, el corazón del equipo, la sala de máquinas. Por la derecha debía estar Prieto y por la izquierda, como ante Villarreal y Almería, Paco Sutil. Arriba, Tamudo, que gracias a un regalo de Puñal, adelantó a los suyos y marcaba su tercer tanto en tres jornadas.
Miel sobre hojuelas. Hasta entonces y tras el 0-1, el dominio del conjunto local era tan claro como escaso de calidad. Que la retaguardia realista fuera, poco a poco, metiéndose más atrás no hacía más que favorecer a un equipo que, lejos de combinar fútbol, solo era capaz de embestir a base de balones en largo, obsequios en forma de saques de esquina y de faltas y sálvese quien pueda. La presión a quienes ponían esos balones prácticamente no existía y las inmediaciones del área de Bravo eran un continuo de rechaces y rebotes inciertos. Una de las principales quejas de los jugadores realistas al término del partido fue la excesiva "separación entre líneas".
Los futbolistas que desfilaron ante la prensa también hablaron de "un mal día en el que no sale nada a derechas". ¿También con el 0-1 era un mal día? El conjunto entrenado por Martín Lasarte, carente en Pamplona de cualquier hombre que diera jerarquía al juego desde atrás, demostró su incapacidad para dar coherencia al juego cuando lo que se exige es remontar un marcador. En otras palabras, que será un equipo bien armado atrás (ya lleva siete goles encajados en cuatro partidos de Liga) y de peligroso contragolpe, pero que cuando le toque voltear a base de sentido de juego y abrir espacios, se mostrará incapaz.
En Pamplona, ante un rival que se encerró en cuanto pudo, fue así. La principal tarjeta de presentación de esta Real había sido la de que sabía qué hacer en cada momento de partido. Lo hizo ante el Villarreal, no tanto en Almería y recuperó esa senda en Anoeta ante el Madrid. Llovieron alabanzas pese a la derrota. El 0-1 no hizo más que alimentar la bola onanista y acrecentar los pájaros de la cabeza. En ese momento la pitada hacia Camacho y los suyos, lo soñaban, iba a convertirse en insostenible, el ambiente, tenso... el 0-2 era cosa de tiempo.
Esta película era la lógica salvo por una razón: que la Real no se hubiera dormido. hubiera perdido el norte y dejara de saber qué tocaba en cada compás del choque. Los de Lasarte, como en los tres anteriores partidos, tuvieron problemas para cogerle el pulso al encuentro y tras adelantarse -algo que ha hecho en tres de los cuatro partidos-, dieron algunos pasos atrás. El equipo local, pobre de recursos pero para ayer suficientes, se dedicó a hacer lo único que demostró saber hacer hasta convertir el correctivo en severo y los rapapolvos de ahora, en justos.
En la segunda parte, después de los cinco minutos iniciales en los que los de Camacho recuperaron las sensaciones vividas en la remontada del 38' al 42', llegaron diez minutos en los que la Real pudo empatar. Pero no lo hizo y, desahuciada, el tercero sería cuestión de tiempo. Y si no, 2-1. Suficiente para un equipo líder en la clasificación de faltas cometidas y yermo en ataque hasta que llegó la Real.
Un equipo sin una intensidad y un nivel como los ofrecidos ante el Villarreal y Real Madrid. Elustondo y Markel no estaban entonces, aunque serán, junto a -sobre todo- Lasarte, quienes más críticas tengan que aguantar sobre el partido de ayer. Y, en cierta medida, con razón: tras más de un centenar de partidos entre los dos desde 2006-2007 (es verdad que no con la continuidad deseada), ya empieza a no ser suficiente la mera condición de canteranos para seguir de por vida. Deben dar más al equipo. Pero no solo ellos. En la plantilla hay estandartes llamados a un papel mucho menos ausente del que firmaron sobre el Reyno de Navarra. Esos son los primeros.
Porque la ocasión para ganar en Pamplona era pintiparada. Más cuando, como dijo Willy Wilder, es conveniente recordar que uno es tan bueno como lo mejor que haya hecho en su vida. Y ante el Villarreal y el Real Madrid el equipo rayó a gran altura. Con lo visto esta temporada, que es una dura y la del regreso a Primera, los pronósticos del enfrentamiento apuntaban al norte.
Tanto que, en cuanto el conjunto local logró dar cuatro pases seguidos, nunca antes del 3-1, su afición se recreó como si fuera la del Betis o la de la UD Las Palmas. Al estallar al grito tan torero de "olé, olé, olé", la burra volvía al trigo. Con este panorama, más que hablar de hermandades resulta más atinado hablar de cofradías. Entre ellas, la del besugo es la más exitosa. Pero ese del 2001 y el 2007 no deja de ser más que un debate al que darle vueltas a la espera de que vuelva la Real. Cuando vuelva, ojalá sea el domingo en Mallorca, se acabó todo.
O no tanto si se tienen en cuenta los errores de Almería. Allá la Real tuvo la ventaja de ponerse por delante en el marcador por dos veces y tirar millas con su estilo de juego hasta el fallo garrafal final. Los de Lillo, como ayer Osasuna, tampoco daban para más. Los de Camacho, en cambio, explotaron su único recurso hasta la saciedad o, en su defecto, hasta el tercer gol. Le valió al de Cieza para salvar, por ahora, la cabeza.
Y meter a su homólogo realista en un problema serio. Una de las claves que algunos temieron al conocer el once inicial giraba en torno a la sala de máquinas de todo equipo: el centro del centro del campo. Por algo el argot futbolístico denomina sala de máquinas a ese doble o triple pivote.
Lasarte apostó por un cambio radical al dejar a Rivas en el banco y a Aranburu en casa. Y ahí, en la mente del uruguayo, empezó la debacle. No había más razones que las meras "rotaciones" para cambiar. El Real Madrid, salvo el cambio obligado de Lass por el lesionado Khedira, repitió alineación en tres partidos, pese a las quejas de su técnico. Lasarte, no.
Situó a Bravo bajo palos y volvió a poner en liza a la misma defensa que lleva jugados casi todos los minutos hasta ahora. De ahí en adelante, cambios. El principal, en el doble pivote, el corazón del equipo, la sala de máquinas. Por la derecha debía estar Prieto y por la izquierda, como ante Villarreal y Almería, Paco Sutil. Arriba, Tamudo, que gracias a un regalo de Puñal, adelantó a los suyos y marcaba su tercer tanto en tres jornadas.
Miel sobre hojuelas. Hasta entonces y tras el 0-1, el dominio del conjunto local era tan claro como escaso de calidad. Que la retaguardia realista fuera, poco a poco, metiéndose más atrás no hacía más que favorecer a un equipo que, lejos de combinar fútbol, solo era capaz de embestir a base de balones en largo, obsequios en forma de saques de esquina y de faltas y sálvese quien pueda. La presión a quienes ponían esos balones prácticamente no existía y las inmediaciones del área de Bravo eran un continuo de rechaces y rebotes inciertos. Una de las principales quejas de los jugadores realistas al término del partido fue la excesiva "separación entre líneas".
Los futbolistas que desfilaron ante la prensa también hablaron de "un mal día en el que no sale nada a derechas". ¿También con el 0-1 era un mal día? El conjunto entrenado por Martín Lasarte, carente en Pamplona de cualquier hombre que diera jerarquía al juego desde atrás, demostró su incapacidad para dar coherencia al juego cuando lo que se exige es remontar un marcador. En otras palabras, que será un equipo bien armado atrás (ya lleva siete goles encajados en cuatro partidos de Liga) y de peligroso contragolpe, pero que cuando le toque voltear a base de sentido de juego y abrir espacios, se mostrará incapaz.
En Pamplona, ante un rival que se encerró en cuanto pudo, fue así. La principal tarjeta de presentación de esta Real había sido la de que sabía qué hacer en cada momento de partido. Lo hizo ante el Villarreal, no tanto en Almería y recuperó esa senda en Anoeta ante el Madrid. Llovieron alabanzas pese a la derrota. El 0-1 no hizo más que alimentar la bola onanista y acrecentar los pájaros de la cabeza. En ese momento la pitada hacia Camacho y los suyos, lo soñaban, iba a convertirse en insostenible, el ambiente, tenso... el 0-2 era cosa de tiempo.
Esta película era la lógica salvo por una razón: que la Real no se hubiera dormido. hubiera perdido el norte y dejara de saber qué tocaba en cada compás del choque. Los de Lasarte, como en los tres anteriores partidos, tuvieron problemas para cogerle el pulso al encuentro y tras adelantarse -algo que ha hecho en tres de los cuatro partidos-, dieron algunos pasos atrás. El equipo local, pobre de recursos pero para ayer suficientes, se dedicó a hacer lo único que demostró saber hacer hasta convertir el correctivo en severo y los rapapolvos de ahora, en justos.
En la segunda parte, después de los cinco minutos iniciales en los que los de Camacho recuperaron las sensaciones vividas en la remontada del 38' al 42', llegaron diez minutos en los que la Real pudo empatar. Pero no lo hizo y, desahuciada, el tercero sería cuestión de tiempo. Y si no, 2-1. Suficiente para un equipo líder en la clasificación de faltas cometidas y yermo en ataque hasta que llegó la Real.
Un equipo sin una intensidad y un nivel como los ofrecidos ante el Villarreal y Real Madrid. Elustondo y Markel no estaban entonces, aunque serán, junto a -sobre todo- Lasarte, quienes más críticas tengan que aguantar sobre el partido de ayer. Y, en cierta medida, con razón: tras más de un centenar de partidos entre los dos desde 2006-2007 (es verdad que no con la continuidad deseada), ya empieza a no ser suficiente la mera condición de canteranos para seguir de por vida. Deben dar más al equipo. Pero no solo ellos. En la plantilla hay estandartes llamados a un papel mucho menos ausente del que firmaron sobre el Reyno de Navarra. Esos son los primeros.
Porque la ocasión para ganar en Pamplona era pintiparada. Más cuando, como dijo Willy Wilder, es conveniente recordar que uno es tan bueno como lo mejor que haya hecho en su vida. Y ante el Villarreal y el Real Madrid el equipo rayó a gran altura. Con lo visto esta temporada, que es una dura y la del regreso a Primera, los pronósticos del enfrentamiento apuntaban al norte.
Tanto que, en cuanto el conjunto local logró dar cuatro pases seguidos, nunca antes del 3-1, su afición se recreó como si fuera la del Betis o la de la UD Las Palmas. Al estallar al grito tan torero de "olé, olé, olé", la burra volvía al trigo. Con este panorama, más que hablar de hermandades resulta más atinado hablar de cofradías. Entre ellas, la del besugo es la más exitosa. Pero ese del 2001 y el 2007 no deja de ser más que un debate al que darle vueltas a la espera de que vuelva la Real. Cuando vuelva, ojalá sea el domingo en Mallorca, se acabó todo.
Ficha técnica
Osasuna: Ricardo, Flaño, Lolo, Monreal, Nelson, Puñal, Soriano (Rúper, min. 89), Juanfran, Camuñas, Pandiani (Vadocz, min. 82), Lekic (Aranda, min. 63).
Real Sociedad: Bravo, Carlos Martínez, Mikel González, Ansotegi, De la Bella, Markel, Elustondo (Llorente, min. 61), Prieto, Zurutuza, Sutil (Griezmann, min. 61), Tamudo.
Goles: 0-1, Tamudo, min. 16; 1-1, Pandiani, min. 38; 2-1, Camuñas, min. 42; 3-1, Aranda, min. 75.
Árbitro: Velasco Carballo (colegio madrileño). Tarjetas a Markel; Soriano, Pandiani y Juanfran.
Osasuna: Ricardo, Flaño, Lolo, Monreal, Nelson, Puñal, Soriano (Rúper, min. 89), Juanfran, Camuñas, Pandiani (Vadocz, min. 82), Lekic (Aranda, min. 63).
Real Sociedad: Bravo, Carlos Martínez, Mikel González, Ansotegi, De la Bella, Markel, Elustondo (Llorente, min. 61), Prieto, Zurutuza, Sutil (Griezmann, min. 61), Tamudo.
Goles: 0-1, Tamudo, min. 16; 1-1, Pandiani, min. 38; 2-1, Camuñas, min. 42; 3-1, Aranda, min. 75.
Árbitro: Velasco Carballo (colegio madrileño). Tarjetas a Markel; Soriano, Pandiani y Juanfran.
- Crónica EFE.
- Crónica web Real Sociedad.
- Crónica web Osasuna.
- Crónica Juan Rodríguez Millán.
- Acta RFEF.

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