En caliente, por Diego Carasusán*
Dos generaciones
Cuando mis amigos, compañeros de curro y demás conocidos me preguntan si este año subirá por fin la Real, yo les contesto con un rotundo NO. “¡Pero si lo tienen a huevo!”, me suelen decir, y yo no puedo responderles lo contrario. Tienen razón. Lo tenemos a huevo. Pero precisamente por eso, algo dentro de mí hace ser pesimista, cuando, curiosamente, a lo largo de toda la temporada he tenido fe ciega en las posibilidades de ascenso de este equipo.
El motivo de este cambio de actitud es el hecho de que he visto fracasar tantas veces a este club que, aunque nos quedara un solo punto para subir a Primera, seguiría pensando que algo ocurrirá para que todo se tuerza.
Yo vi en directo cómo Kovacevic fallaba un penalti en el último minuto frente al Depor que nos podía haber clasificado para la Champions a finales de la década de los 90.
Vi con mis propios ojos cómo un por aquel entonces ‘imberbe’ Villarreal nos marcaba dos goles en el tiempo de descuento en Anoeta y nos arrebata una victoria clave para aquella Liga que se esfumó en 2003.
Vi cómo el Real Madrid nos ganaba un ‘minipartido’ de 6 minutos en enero de 2005.
Vi a Savio fallar aquel penalti que tanta alegría le produjo parar al ‘bueno’ de Calatayud y que nos condenaba al descenso en 2007.
Vi al Alavés arrebatarnos el ascenso en los amargamente llorados ‘2 minutos de Mendizorroza’ en 2008.
En mis 32 años, he visto tantas oportunidades perdidas por mi equipo que es normal que sea pesimista. Además, cuanto más cerca está el objetivo, más fantasmas aparecen. Estos días no paro de leer foros, opiniones y artículos periodísticos que analizan con todo lujo de detalles las combinaciones y posibilidades de los candidatos al ascenso. La Real es el mejor colocado de todos. Tiene 68 puntos y mantiene una distancia de cuatro puntos más el goalaverage con el 4º clasificado a falta de tres jornadas para el final. Estos datos son objetivos, pero en el mundo del fútbol puede pasar de todo…, y más todavía si es la Real la que anda metida en el lío.
Afortunadamente, tengo un ‘contrapeso’. Ese es mi tato David del que alguna vez les he hablado. Él, también realista, tiene 11 años menos que yo y, sobre todo, una forma muy distinta de ver las cosas. Al contrario que un servidor, mi tato está seguro de que lo vamos a conseguir. Él no tiene tan cargada esa renombrada ‘mochila’ que yo cargo sobre mis espaldas desde hace tantos años. Él no ha sufrido tantos reveses y, por falta de experiencia, inconsciencia o lo que sea, está seguro de que la Real ascenderá.
Mi tato forma parte de esa nueva generación de realistas perfectamente reconocibles. Van a Anoeta con una sonrisa. Alegres y tranquilos. Cantan, bailan y disfrutan con el juego de un equipo que, por su condición de ‘cabeza de ratón’, suele ganar mucho más de lo que pierde. No saben quién es ese tal Murphy que tantas veces ha aparecido en la historia reciente del club…, y no temen su regreso.
Además, esta nueva generación tiene su prolongación de la grada al césped. Allí están jugadores como Zurutuza, Griezmann, Carlos Martínez, Agirretxe…, una nueva hornada de realistas que no sufrieron los grandes descalabros que otros como Labaka, Aranburu o el propio Xabi Prieto viviendo en carne propia.
Mi tato está convencido de que lo vamos a conseguir. La trayectoria del equipo a lo largo de toda la temporada no hace presagiar que las cosas se puedan torcer. Todo está a favor de la Real.
Yo, por el contrario, estoy convencido de que algo malo ocurrirá. No sé qué ni cómo sucederá, pero seguro que Murphy ya está escribiendo el guión de otro final cruel.
Mi tato y yo somos de dos generaciones realistas distintas y tenemos dos formas de ver las cosas que afectan a nuestro club común.
Dicen que el futuro es de los jóvenes…, y yo creo que me estoy haciendo demasiado viejo.
*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.
El motivo de este cambio de actitud es el hecho de que he visto fracasar tantas veces a este club que, aunque nos quedara un solo punto para subir a Primera, seguiría pensando que algo ocurrirá para que todo se tuerza.
Yo vi en directo cómo Kovacevic fallaba un penalti en el último minuto frente al Depor que nos podía haber clasificado para la Champions a finales de la década de los 90.
Vi con mis propios ojos cómo un por aquel entonces ‘imberbe’ Villarreal nos marcaba dos goles en el tiempo de descuento en Anoeta y nos arrebata una victoria clave para aquella Liga que se esfumó en 2003.
Vi cómo el Real Madrid nos ganaba un ‘minipartido’ de 6 minutos en enero de 2005.
Vi a Savio fallar aquel penalti que tanta alegría le produjo parar al ‘bueno’ de Calatayud y que nos condenaba al descenso en 2007.
Vi al Alavés arrebatarnos el ascenso en los amargamente llorados ‘2 minutos de Mendizorroza’ en 2008.
En mis 32 años, he visto tantas oportunidades perdidas por mi equipo que es normal que sea pesimista. Además, cuanto más cerca está el objetivo, más fantasmas aparecen. Estos días no paro de leer foros, opiniones y artículos periodísticos que analizan con todo lujo de detalles las combinaciones y posibilidades de los candidatos al ascenso. La Real es el mejor colocado de todos. Tiene 68 puntos y mantiene una distancia de cuatro puntos más el goalaverage con el 4º clasificado a falta de tres jornadas para el final. Estos datos son objetivos, pero en el mundo del fútbol puede pasar de todo…, y más todavía si es la Real la que anda metida en el lío.
Afortunadamente, tengo un ‘contrapeso’. Ese es mi tato David del que alguna vez les he hablado. Él, también realista, tiene 11 años menos que yo y, sobre todo, una forma muy distinta de ver las cosas. Al contrario que un servidor, mi tato está seguro de que lo vamos a conseguir. Él no tiene tan cargada esa renombrada ‘mochila’ que yo cargo sobre mis espaldas desde hace tantos años. Él no ha sufrido tantos reveses y, por falta de experiencia, inconsciencia o lo que sea, está seguro de que la Real ascenderá.
Mi tato forma parte de esa nueva generación de realistas perfectamente reconocibles. Van a Anoeta con una sonrisa. Alegres y tranquilos. Cantan, bailan y disfrutan con el juego de un equipo que, por su condición de ‘cabeza de ratón’, suele ganar mucho más de lo que pierde. No saben quién es ese tal Murphy que tantas veces ha aparecido en la historia reciente del club…, y no temen su regreso.
Además, esta nueva generación tiene su prolongación de la grada al césped. Allí están jugadores como Zurutuza, Griezmann, Carlos Martínez, Agirretxe…, una nueva hornada de realistas que no sufrieron los grandes descalabros que otros como Labaka, Aranburu o el propio Xabi Prieto viviendo en carne propia.
Mi tato está convencido de que lo vamos a conseguir. La trayectoria del equipo a lo largo de toda la temporada no hace presagiar que las cosas se puedan torcer. Todo está a favor de la Real.
Yo, por el contrario, estoy convencido de que algo malo ocurrirá. No sé qué ni cómo sucederá, pero seguro que Murphy ya está escribiendo el guión de otro final cruel.
Mi tato y yo somos de dos generaciones realistas distintas y tenemos dos formas de ver las cosas que afectan a nuestro club común.
Dicen que el futuro es de los jóvenes…, y yo creo que me estoy haciendo demasiado viejo.
*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.

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