Jornada 39: Real Sociedad 2-1 Villlarreal B
No podía ser de otra manera
A la salida de un córner botado por Griezmann, al segundo palo, sin apenas ángulo y marcado quien todavía no había marcado un gol con la camiseta de la Real. No podía ser de otra manera. Mikel González acababa de poner el 2-1 en un marcador que costaría sangre, sudor y lágrimas aguantarlo. La Real, con momentos mejores y peores, lo aguantó. Y lo celebró.
Como suele ser habitual en el fútbol, el resultado final no hizo justicia a lo visto sobre el terreno de juego. La semana pasada, tampoco, ajusticiador mediante. Los donostiarras llegaban al choque con un campo a reventar -lo que aceleró los nervios y la precipitación inicial-, semanas sin marcar un gol y casi tanto sin lograr los tres puntos de una sola vez. Para más inri, el Villarreal B que, dicen, no se jugaba nada en el enfrentamiento, comenzó el partido con un dominio que rayó lo insultante haata que los realistas cerraron la puerta de la banda izquierda visitante, de Jefferson Montero. Enfrente tenía al reconvertido Mikel González. El de Arrasate sufrió mucho. De lo lindo.
Como lo hacía el resto del equipo cuando el filial amarillo desarbolaba una y otra vez la defensa organizada por Lasarte hasta que, de golpe y porrazo, ¡penalty! A lo insospechado de ver a un colegiado señalar una pena máxima a favor de la Real, se añadía que lo hacía en una de las jugadas más insulsas y menos claras. "Bienvenido sea -se comentaba en Anoeta- este regalo" o "después de toda la semana pidiendo penalty, tendría c****** que lo falláramos". 1-0, gol de Xabi Prieto. Gol del 10.
De ahí en adelante, la Real controló el partido. Los chicos de Paco Herrera habían dado una lección, pero encajar el tanto, además de un penalty discutido, los había descentrado. Hasta que reapareció Del Cerro Grande, el hombre del gol fueradejuego de Bilic en El Molinón. El mismo mandando otro penalty. A favor del Villarreal. Ansotegi no entendía nada. Anoeta tampoco. 1-1, Marco Rubén en el 33'. De ahí al descanso, ni fu ni fa. ¿Y después, qué?
El empate volvía a poner a tiro el plan inicial de Herrera, que los suyos se adelantaran y complicaran sobremanera el trabajo realista. La salida de la Real a la segunda parte fue con mayor tino que en la primera. Procuraba controlar las salidas del balón y el conjunto castellonense no andaba como Pedro por su casa. Pero no daba para más. Los blanquiazules pedían a gritos varios cambios. La línea de los mediapuntas y Bueno -recién regresado de una lesión- se quedó sin fantasía hace jornadas. Sin chispa mental, sin brillo, sin creatividad, sin alegría. En definitiva, yermos.
Juegan por decreto. Porque esto es la Real y no hay apenas profundidad de banquillo. Como quien va al monte, acaba toda la cantimplora y va apurando las gotas que quedan para lo que queda de excursión. La culpa la tiene, en parte, Lasarte, que se empeñó en un jugador como Cocoliso que, como gran acierto, ha sabido dejarlo fuera del juego por mucho que fuera petición suya. Pero las culpas que ya estarían repartidas en el caso de que la Real estuviera lejos del tercer puesto apuntan a un responsable que está, por el bien de la Real, a punto de caer.
Lo hará, si todo sale según lo previsto hace seis o siete meses, con el equipo en Primera. Porque el partido que tenía que ganar, la Real lo ganó. Aunque Del Cerro Grande expulsara a Balbi y a Navajas. La afición estuvo de once. Llenó Anoeta -las cifras hablan de 27.000-28.000 espectadores cuando vendieron que el estadio contaba con 32.500 asientos que prácticamente estaban todos ocupados-, con sus "banderas, colores, canciones y hasta compromisos", como la caminata desde Arantzazu.
A la cantimplora le quedaban un par de gotas. Las carreras de Nsue en punta cuando sale en el 77' y antes, mucho antes, el centro de Antoine Griezmann para un remate que vale, ahora sí, medio ascenso. Sí, la Real merecía tanto ganar el enfrentamiento ante el filial groguet como perder en el Ruiz de Lopera o no ganarle al Castellón. Pero lo del cántaro y la fuente se cumplió. Incluso con penalty a favor, en contra y arbitraje incómodo el resto del encuentro. Pero Del Cerro es grande.
Porque con 2-1 -qué les diré con un ascenso- el cardo borriquero que vive en el quinto bien que vale para un morreo antológico y lo que surja, que casi estamos en Primera; porque da igual que el 27 de Mâcon no pueda más o el otro centrocampista francés -que tiene de galo lo mismo que la Bruni- esté off, casi estamos en Primera; porque es indiferente que sea en Cádiz o en Anoeta, porque la afición que hizo una ola poco sensata ya en la primera parte, tiene ganas de estar no casi, sino en Primera. La Real acababa de ganar y quien viniera, que arreara.
Rota la sequía goleadora, roto el maleficio de los penalties (la Real no había marcado uno en toda la temporada), rota la racha de partidos sin ganar, la distancia respecto al cuarto se mantiene en cuatro puntos, pero con una jornada menos y sin vuelo rasante, emprendiendo vuelo para estas últimas tres jornadas en las que no hay tiempo ni para volver a dudar del equipo. Por la presión que lo rodeaba, ganar el partido era una posibilidad remota, pero posibilidad. Había que buscarla y sudarla, pero existía. Solo -ja- había que buscar la fórmula para meterle mano al Villarreal B. Mikel González de córner y a aguantar. No podía ser de otra manera, de ninguna otra manera.
Como suele ser habitual en el fútbol, el resultado final no hizo justicia a lo visto sobre el terreno de juego. La semana pasada, tampoco, ajusticiador mediante. Los donostiarras llegaban al choque con un campo a reventar -lo que aceleró los nervios y la precipitación inicial-, semanas sin marcar un gol y casi tanto sin lograr los tres puntos de una sola vez. Para más inri, el Villarreal B que, dicen, no se jugaba nada en el enfrentamiento, comenzó el partido con un dominio que rayó lo insultante haata que los realistas cerraron la puerta de la banda izquierda visitante, de Jefferson Montero. Enfrente tenía al reconvertido Mikel González. El de Arrasate sufrió mucho. De lo lindo.
Como lo hacía el resto del equipo cuando el filial amarillo desarbolaba una y otra vez la defensa organizada por Lasarte hasta que, de golpe y porrazo, ¡penalty! A lo insospechado de ver a un colegiado señalar una pena máxima a favor de la Real, se añadía que lo hacía en una de las jugadas más insulsas y menos claras. "Bienvenido sea -se comentaba en Anoeta- este regalo" o "después de toda la semana pidiendo penalty, tendría c****** que lo falláramos". 1-0, gol de Xabi Prieto. Gol del 10.
De ahí en adelante, la Real controló el partido. Los chicos de Paco Herrera habían dado una lección, pero encajar el tanto, además de un penalty discutido, los había descentrado. Hasta que reapareció Del Cerro Grande, el hombre del gol fueradejuego de Bilic en El Molinón. El mismo mandando otro penalty. A favor del Villarreal. Ansotegi no entendía nada. Anoeta tampoco. 1-1, Marco Rubén en el 33'. De ahí al descanso, ni fu ni fa. ¿Y después, qué?
El empate volvía a poner a tiro el plan inicial de Herrera, que los suyos se adelantaran y complicaran sobremanera el trabajo realista. La salida de la Real a la segunda parte fue con mayor tino que en la primera. Procuraba controlar las salidas del balón y el conjunto castellonense no andaba como Pedro por su casa. Pero no daba para más. Los blanquiazules pedían a gritos varios cambios. La línea de los mediapuntas y Bueno -recién regresado de una lesión- se quedó sin fantasía hace jornadas. Sin chispa mental, sin brillo, sin creatividad, sin alegría. En definitiva, yermos.
Juegan por decreto. Porque esto es la Real y no hay apenas profundidad de banquillo. Como quien va al monte, acaba toda la cantimplora y va apurando las gotas que quedan para lo que queda de excursión. La culpa la tiene, en parte, Lasarte, que se empeñó en un jugador como Cocoliso que, como gran acierto, ha sabido dejarlo fuera del juego por mucho que fuera petición suya. Pero las culpas que ya estarían repartidas en el caso de que la Real estuviera lejos del tercer puesto apuntan a un responsable que está, por el bien de la Real, a punto de caer.
Lo hará, si todo sale según lo previsto hace seis o siete meses, con el equipo en Primera. Porque el partido que tenía que ganar, la Real lo ganó. Aunque Del Cerro Grande expulsara a Balbi y a Navajas. La afición estuvo de once. Llenó Anoeta -las cifras hablan de 27.000-28.000 espectadores cuando vendieron que el estadio contaba con 32.500 asientos que prácticamente estaban todos ocupados-, con sus "banderas, colores, canciones y hasta compromisos", como la caminata desde Arantzazu.
A la cantimplora le quedaban un par de gotas. Las carreras de Nsue en punta cuando sale en el 77' y antes, mucho antes, el centro de Antoine Griezmann para un remate que vale, ahora sí, medio ascenso. Sí, la Real merecía tanto ganar el enfrentamiento ante el filial groguet como perder en el Ruiz de Lopera o no ganarle al Castellón. Pero lo del cántaro y la fuente se cumplió. Incluso con penalty a favor, en contra y arbitraje incómodo el resto del encuentro. Pero Del Cerro es grande.
Porque con 2-1 -qué les diré con un ascenso- el cardo borriquero que vive en el quinto bien que vale para un morreo antológico y lo que surja, que casi estamos en Primera; porque da igual que el 27 de Mâcon no pueda más o el otro centrocampista francés -que tiene de galo lo mismo que la Bruni- esté off, casi estamos en Primera; porque es indiferente que sea en Cádiz o en Anoeta, porque la afición que hizo una ola poco sensata ya en la primera parte, tiene ganas de estar no casi, sino en Primera. La Real acababa de ganar y quien viniera, que arreara.
Rota la sequía goleadora, roto el maleficio de los penalties (la Real no había marcado uno en toda la temporada), rota la racha de partidos sin ganar, la distancia respecto al cuarto se mantiene en cuatro puntos, pero con una jornada menos y sin vuelo rasante, emprendiendo vuelo para estas últimas tres jornadas en las que no hay tiempo ni para volver a dudar del equipo. Por la presión que lo rodeaba, ganar el partido era una posibilidad remota, pero posibilidad. Había que buscarla y sudarla, pero existía. Solo -ja- había que buscar la fórmula para meterle mano al Villarreal B. Mikel González de córner y a aguantar. No podía ser de otra manera, de ninguna otra manera.
Ficha técnica
Real Sociedad: Zubikarai; De la Bella, Ansotegi, Labaka, Mikel González; Rivas, Aranburu, Griezmann (Agirretxe, min. 90), Xabi Prieto, Zurutuza (Elustondo, min. 71); Carlos Bueno (Nsue, min. 77).
Villarreal B: Juan Carlos; Oriol, Catalá, Mussacchio, Kiko; Matilla, Marcos (Costa, min. 64), Cristóbal, Jefferson Montero, Nacho Insa ( Gerard min. 59) y Marco Rubén.
Goles: 1-0, min. 18: Xabi Prieto (p). 1-1, min. 33: Ruben (p). 2-1, min. 55: Mikel González.
Árbitro: Del Cerro Grande (colegio madrileño). Amarillas a Rivas, Aranburu, Mikel González, Bueno; Jefferson y Musacchio.
Real Sociedad: Zubikarai; De la Bella, Ansotegi, Labaka, Mikel González; Rivas, Aranburu, Griezmann (Agirretxe, min. 90), Xabi Prieto, Zurutuza (Elustondo, min. 71); Carlos Bueno (Nsue, min. 77).
Villarreal B: Juan Carlos; Oriol, Catalá, Mussacchio, Kiko; Matilla, Marcos (Costa, min. 64), Cristóbal, Jefferson Montero, Nacho Insa ( Gerard min. 59) y Marco Rubén.
Goles: 1-0, min. 18: Xabi Prieto (p). 1-1, min. 33: Ruben (p). 2-1, min. 55: Mikel González.
Árbitro: Del Cerro Grande (colegio madrileño). Amarillas a Rivas, Aranburu, Mikel González, Bueno; Jefferson y Musacchio.
- Crónica EFE.
- Crónica web Real Sociedad.
- Crónica de Juan Rodríguez Millán.
- Acta RFEF.

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