23/12/09
En caliente, por Diego Carasusán*
Cambios
Si por algo se ha caracterizado la trayectoria deportiva de la Real Sociedad durante los últimos años ha sido por dejar escapar los objetivos que tenía a su alcance. En 2003 se nos escapó la Liga; en 2007, la salvación; y en 2008, el ascenso. Por eso, cada vez que oigo que la Real es la principal favorita para subir a Primera División en 2010, me echo a temblar.
Pese a ello, y reconociendo que soy un pesimista redomado, tengo que confesarles que, después de ganarle al Betis, me permití la licencia de imaginar cómo celebraría el ascenso. La verdad es que se me ocurren muchas maneras…, pero me temo que todas acaban con un servidor pagando una multa en la sede de la Policía Municipal de Tudela.
Los modos de celebrar un éxito así son muchos y muy distintos, pero, para que sea mi celebración ideal, en ella tienen que estar personas que son imprescindibles.
Una de esas presencias tiene que ser la mi hermano pequeño (mi tato). Desde que este veneno blanco y azul le entró por la vena, el pobre sólo ha visto a la Real perder. Él, junto con todos aquellos realistas que rondan la veintena, se merece por fin una alegría.
Otro que no puede faltar es mi padre. Pese a que le cueste reconocerlo, es de esos realistas que siguen la trayectoria del equipo sin falta. Él dice que no sufre, pero yo sé que es mentira. Él también tiene que estar cuando volvamos a estar entre los más grandes.
También me gustaría compartir mi alegría con mi mujer y mis dos pequeñajos; con aquellos que todos los lunes me preguntan con cariño si este año vamos a subir; y con mis compañeros de la peña de la Real de Tudela.
Entre estos últimos destaca mi colega Iker, vicepresidente de la peña y una pieza imprescindible para que todo funcione. Y cuando digo todo es todo. Iker es el perejil de todas las salsas. Uno de esos chavales con los que se puede contar para poner en marcha cualquier iniciativa y, por supuesto, poniendo todo su empeño y sin pedir nada a cambio.
El otro día, cuando quedaban cinco minutos para el final del partido frente al Betis, Xabi Prieto controló el pase magistral de Aranburu y, cruzando la pantalla del televisor del bar donde me encontraba, encaró al portero, lo regateó, y metió el balón en la portería andaluza. Los realistas que nos encontrábamos en el establecimiento explotamos de alegría. Entre tantos gritos y saltos, Iker me buscó entre la multitud y me pegó un abrazo fraternal que no se me olvidará nunca. Él sabe perfectamente todo lo que siento a la Real. Sabía lo mal que lo estaba pasando sentado en esa silla, y tenía presente que, un par de horas antes, había vivido un momento demasiado tenso ante un ‘bilbaíno de Tudela’ que, gracias a él, no acabó con un desagradable ‘duelo al sol’.
Hay muchas personas con las que quiero celebrar el ascenso, pero Iker no puede faltar.
*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.
Pese a ello, y reconociendo que soy un pesimista redomado, tengo que confesarles que, después de ganarle al Betis, me permití la licencia de imaginar cómo celebraría el ascenso. La verdad es que se me ocurren muchas maneras…, pero me temo que todas acaban con un servidor pagando una multa en la sede de la Policía Municipal de Tudela.
Los modos de celebrar un éxito así son muchos y muy distintos, pero, para que sea mi celebración ideal, en ella tienen que estar personas que son imprescindibles.
Una de esas presencias tiene que ser la mi hermano pequeño (mi tato). Desde que este veneno blanco y azul le entró por la vena, el pobre sólo ha visto a la Real perder. Él, junto con todos aquellos realistas que rondan la veintena, se merece por fin una alegría.
Otro que no puede faltar es mi padre. Pese a que le cueste reconocerlo, es de esos realistas que siguen la trayectoria del equipo sin falta. Él dice que no sufre, pero yo sé que es mentira. Él también tiene que estar cuando volvamos a estar entre los más grandes.
También me gustaría compartir mi alegría con mi mujer y mis dos pequeñajos; con aquellos que todos los lunes me preguntan con cariño si este año vamos a subir; y con mis compañeros de la peña de la Real de Tudela.
Entre estos últimos destaca mi colega Iker, vicepresidente de la peña y una pieza imprescindible para que todo funcione. Y cuando digo todo es todo. Iker es el perejil de todas las salsas. Uno de esos chavales con los que se puede contar para poner en marcha cualquier iniciativa y, por supuesto, poniendo todo su empeño y sin pedir nada a cambio.
El otro día, cuando quedaban cinco minutos para el final del partido frente al Betis, Xabi Prieto controló el pase magistral de Aranburu y, cruzando la pantalla del televisor del bar donde me encontraba, encaró al portero, lo regateó, y metió el balón en la portería andaluza. Los realistas que nos encontrábamos en el establecimiento explotamos de alegría. Entre tantos gritos y saltos, Iker me buscó entre la multitud y me pegó un abrazo fraternal que no se me olvidará nunca. Él sabe perfectamente todo lo que siento a la Real. Sabía lo mal que lo estaba pasando sentado en esa silla, y tenía presente que, un par de horas antes, había vivido un momento demasiado tenso ante un ‘bilbaíno de Tudela’ que, gracias a él, no acabó con un desagradable ‘duelo al sol’.
Hay muchas personas con las que quiero celebrar el ascenso, pero Iker no puede faltar.
*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.
Etiquetas: Diego Carasusán, En caliente, Opinión 0 comentarios en 07:00
20/12/09
Jornada 17: Real Sociedad 2-0 Betis
Se hizo la luz
El partido de hoy lo sufrió la Real de Coleman en Soria. Dio sensación de peligro, ofreció una imagen irregular y perdió echándole la culpa al árbitro. Bueno hizo falta al defensa y marcó el 1-0. Varias ocasiones para sentenciar y una frivolité de Aranburu que aprovecha Prieto para el 2-0. Los de Lasarte van, al menos, una fase por delante del recién descendido Betis. Lo demostraron en el campo. Lo vieron los casi 19.000 realistas que acudieron a Anoeta: esta era la a priori fuerte Real que visitaba otros campos en temporadas anteriores y sorprendía a propios y extraños: "¿Este equipo lucha por subir?".
Peleó: a distancia. Como la que les separa de su rival de hoy. Los hinchas realisas vieron lo que era su equipo otras temporadas. Un calco de lo que hacían los de Lillo, Eizmendi o Coleman. Hoy, 35 puntos sobre 26. No es definitivo, ni suficiente pero es mejor llevar ventaja que tener que remontar la diferencia. Y más si la Real despacha rivales como hoy: transita por los partidos a sabiendas de que habrá momentos para todo. Sin inquietarse. Sin resquebrajarse: en dos partidos en casa ha encajado tres goles. En los otros siete, la portería a cero. Solo en uno se ha quedado sin marcar. El Betis encajó dos, no marcó ninguno: no es casualidad.
A Lasarte no le gusta ser fiel a un estilo hasta la muerte porque no le gusta morir: "Yo quiero ganar siempre". Perder porque es fiel a un estilo preciosista no le va y meditó echarse atrás. Al final dio la oportunidad a Zurutuza. El de Rochefort, que durante la semana había avisado ("saldremos a ganar") no le decepcionó. Comandó a los suyos durante los primeros minutos en los que la Real embotó al conjunto de Tapia. Sin agobios, pero con mando y autoridad: aquello era Anoeta, un aviso para gente como Arzu: "[La Real] no está haciendo un buen fútbol".
La discusión del buen fútbol o el fútbol preciosista estaba servido. La Real optó por responder en el campo. La sociedad formada por Prieto, Estrada y Zurutuza dejaba en paños menores a Vega. Nsue tenía explotaba de vez en cuando en mitad del frío. Bueno estaba agazapado esperando la suya. Atento. Atrás, lo de siempre. Sigue sin ser su puesto, pero González se muestra cada vez más seguro en el lateral. Labaka llega hinchado de moral tras su gol en Castalia y Ansotegi todavía le dura el subidón de hace dos semanas. Miel sobre hojuelas. El Betis quiso ganar y en casi cualquier otro campo de la categoría lo hubiese hecho, pero estaba en un Anoeta que entre la nieve escondía un cepo para Sergio García y Emaná.
Unos y otros favorecían el fútbol rápido. Tanto que la Real marcó el 1-0 con la misma facilidad que el Betis llegó a las inmediaciones de Claudio Bravo: uno y dos paradones que evitaron el empate al descanso. Hubiera sido otra historia, bien diferente, si Sergio García y Emaná hubiesen igualado en el 37' o en el 43'. No lo hicieron y la Real se fue al descanso con la tranquilidad de quien tiene un buen barco y ha conseguido poner el mar a su favor.
La vuelta fue más sencilla. Goiria, que había pedido cambio de campo en la primera mitad, se enfrentaba al sol y a la Real. Poco cambió. El Betis perdió fuelle y Antonio Tapia intentó controlarlo. En vano: Lasarte tenía a Griezmann y Aranburu para templar gaitas en el centro del campo. El uruguayo sólo hacía un gesto desde el banco. Brazos extendidos como un hombre crucificado, los subía y los bajaba: "Tranquilidad". Ganar, la Real quería ganar y poner tierra de por medio como el Numancia de hace dos temporadas.
La ansiedad aumentaba a cada ocasión fallada. Un balón que se va por poco, una vaselina que es despejada en la raya de gol... los sevillanos tenían capacidad suficiente para liarla y acabar de liarla en la misma jugada. El empate se mascaba hasta la aparición de Aranburu. El de Azpeitia sirvió un balón largo y raso de calidad a Prieto, que con tranquilidad, se fue del portero bético y marcó. Anoeta esperó a que el 10 estuviera a apenas un metro de la línea de cal para, sí, por fin, celebrar el segundo y desatar la euforia (si quedaba algo sin desatar).
Aquel primer Numancia de Arconada no estaba preparado para el ascenso. Retales de aquí, retales de allá, pero ascendió. A Lasarte le preguntan si ahora el ascender más que un premio puede convertirse en una obligación. Responde: "¿Cuándo dejó de serlo?". Lo hizo partido a partido. Como lo está haciendo la Real. Pese al colchón de ocho puntos que separa a los realistas de seguir un año más en Segunda. Ahora tocan las navidades y después una recta final larga, muy larga. Pero recta final en la que convendrá no descuidarse. "Señor Lasarte, ¿cree que la renta que lleva su equipo puede empezar a ser suficiente o teme perderla?": "Peores cosas se han visto en el fútbol". Pocos minutos bastan: Vitoria hace año y medio, Madrid en la víspera de Reyes de hace casi cinco o Sevilla en el '80. O Gijón 1981.
Eguberri on.
Peleó: a distancia. Como la que les separa de su rival de hoy. Los hinchas realisas vieron lo que era su equipo otras temporadas. Un calco de lo que hacían los de Lillo, Eizmendi o Coleman. Hoy, 35 puntos sobre 26. No es definitivo, ni suficiente pero es mejor llevar ventaja que tener que remontar la diferencia. Y más si la Real despacha rivales como hoy: transita por los partidos a sabiendas de que habrá momentos para todo. Sin inquietarse. Sin resquebrajarse: en dos partidos en casa ha encajado tres goles. En los otros siete, la portería a cero. Solo en uno se ha quedado sin marcar. El Betis encajó dos, no marcó ninguno: no es casualidad.
A Lasarte no le gusta ser fiel a un estilo hasta la muerte porque no le gusta morir: "Yo quiero ganar siempre". Perder porque es fiel a un estilo preciosista no le va y meditó echarse atrás. Al final dio la oportunidad a Zurutuza. El de Rochefort, que durante la semana había avisado ("saldremos a ganar") no le decepcionó. Comandó a los suyos durante los primeros minutos en los que la Real embotó al conjunto de Tapia. Sin agobios, pero con mando y autoridad: aquello era Anoeta, un aviso para gente como Arzu: "[La Real] no está haciendo un buen fútbol".
La discusión del buen fútbol o el fútbol preciosista estaba servido. La Real optó por responder en el campo. La sociedad formada por Prieto, Estrada y Zurutuza dejaba en paños menores a Vega. Nsue tenía explotaba de vez en cuando en mitad del frío. Bueno estaba agazapado esperando la suya. Atento. Atrás, lo de siempre. Sigue sin ser su puesto, pero González se muestra cada vez más seguro en el lateral. Labaka llega hinchado de moral tras su gol en Castalia y Ansotegi todavía le dura el subidón de hace dos semanas. Miel sobre hojuelas. El Betis quiso ganar y en casi cualquier otro campo de la categoría lo hubiese hecho, pero estaba en un Anoeta que entre la nieve escondía un cepo para Sergio García y Emaná.
Unos y otros favorecían el fútbol rápido. Tanto que la Real marcó el 1-0 con la misma facilidad que el Betis llegó a las inmediaciones de Claudio Bravo: uno y dos paradones que evitaron el empate al descanso. Hubiera sido otra historia, bien diferente, si Sergio García y Emaná hubiesen igualado en el 37' o en el 43'. No lo hicieron y la Real se fue al descanso con la tranquilidad de quien tiene un buen barco y ha conseguido poner el mar a su favor.
La vuelta fue más sencilla. Goiria, que había pedido cambio de campo en la primera mitad, se enfrentaba al sol y a la Real. Poco cambió. El Betis perdió fuelle y Antonio Tapia intentó controlarlo. En vano: Lasarte tenía a Griezmann y Aranburu para templar gaitas en el centro del campo. El uruguayo sólo hacía un gesto desde el banco. Brazos extendidos como un hombre crucificado, los subía y los bajaba: "Tranquilidad". Ganar, la Real quería ganar y poner tierra de por medio como el Numancia de hace dos temporadas.
La ansiedad aumentaba a cada ocasión fallada. Un balón que se va por poco, una vaselina que es despejada en la raya de gol... los sevillanos tenían capacidad suficiente para liarla y acabar de liarla en la misma jugada. El empate se mascaba hasta la aparición de Aranburu. El de Azpeitia sirvió un balón largo y raso de calidad a Prieto, que con tranquilidad, se fue del portero bético y marcó. Anoeta esperó a que el 10 estuviera a apenas un metro de la línea de cal para, sí, por fin, celebrar el segundo y desatar la euforia (si quedaba algo sin desatar).
Aquel primer Numancia de Arconada no estaba preparado para el ascenso. Retales de aquí, retales de allá, pero ascendió. A Lasarte le preguntan si ahora el ascender más que un premio puede convertirse en una obligación. Responde: "¿Cuándo dejó de serlo?". Lo hizo partido a partido. Como lo está haciendo la Real. Pese al colchón de ocho puntos que separa a los realistas de seguir un año más en Segunda. Ahora tocan las navidades y después una recta final larga, muy larga. Pero recta final en la que convendrá no descuidarse. "Señor Lasarte, ¿cree que la renta que lleva su equipo puede empezar a ser suficiente o teme perderla?": "Peores cosas se han visto en el fútbol". Pocos minutos bastan: Vitoria hace año y medio, Madrid en la víspera de Reyes de hace casi cinco o Sevilla en el '80. O Gijón 1981.
Eguberri on.
Ficha técnica
Real Sociedad: Bravo, Dani Estrada, Labaka, Ansotegi, Mikel González, Rivas (Markel, min. 83), Elustondo, Prieto, Zurutuza (Aranburu, min. 78), Nsue (Griezmann, min. 67) y Carlos Bueno.
Real Betis: Goitia, Nelson, Arzu, Melli, Fernando Vega, Emaná, Mehmet (Caffa, min. 57), Juanma, Iriney (Rodri, min. 76), Nacho (Capi, min. 70) y Sergio García.
Goles: 1-0, min. 29: Bueno. 2-0, min. 85: Prieto.
Árbitro: Hevia Obras (colegio castellano-leonés). Amarilla a Rivas y Bueno; Melli y Emaná.
Real Sociedad: Bravo, Dani Estrada, Labaka, Ansotegi, Mikel González, Rivas (Markel, min. 83), Elustondo, Prieto, Zurutuza (Aranburu, min. 78), Nsue (Griezmann, min. 67) y Carlos Bueno.
Real Betis: Goitia, Nelson, Arzu, Melli, Fernando Vega, Emaná, Mehmet (Caffa, min. 57), Juanma, Iriney (Rodri, min. 76), Nacho (Capi, min. 70) y Sergio García.
Goles: 1-0, min. 29: Bueno. 2-0, min. 85: Prieto.
Árbitro: Hevia Obras (colegio castellano-leonés). Amarilla a Rivas y Bueno; Melli y Emaná.
- Crónica EFE.
- Crónica web Real Sociedad.
- Acta RFEF.
Etiquetas: Crónica 0 comentarios en 23:45
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