Una tarde feliz*
Porque aquel día, la Real demostró que iba en serio, que era un candidato fiable en la lucha por el título de Liga. No le había bastado hacer una primera vuelta excepcional en la que no perdió ni un solo partido. Tampoco haber empatado en el Bernabéu en la primera vuelta para defender su liderato. Faltaba la demostración de poder que se vivió aquella tarde en Anoeta. Una demostración que, además, llegó en el mejor momento. El Real Madrid llegó a San Sebastián habiendo desbancado a la Real del liderato de la Liga y con seis puntos de ventaja. Los mismos le sacaba al Deportivo. Los gallegos había derrotado en Riazor al equipo donostiarra una semana antes y se habían colocado segundos. Muchos descartaron entonces al equipo de Raynald Denoueix. Pero uno de los partidos más memorables de la historia reciente sacó a todo el mundo de ese error.
En el minuto 2, De Pedro sacó de banda hacia Aranzabal, que recogió el balón, se internó en el área regateando a Hierro y cedió el balón a Kovacevic. Cómo disfrutaba el serbio al jugar contra el Real Madrid, el equipo al que más goles le ha marcado con la camiseta txuri-urdin. El partido no había hecho más que empezar y la Real ya estaba por delante. En el minuto 19, los mismos protagonistas elaboraron el 2-0. De Pedro para Aranzabal, éste devuelve el balón al 10, que centra al área, como tantas otras veces, para que Darko haga gol. El delirio se apodera de las gradas de Anoeta, que está viendo a su Real devorar al Real Madrid y, de paso, acercarse un poquito más al liderato. Aquel instante es de los más felices que ha vivido el todavía joven estadio donostiarra. A partir de ahí, los cinco minutos más frenéticos que ha vivido la Real probablemente en sus cien años de historia hicieron el sueño aún más feliz.
En el minuto 31, Rekarte se interna por la banda derecha, cede el balón a Nihat y éste, con el único pensamiento de marcar gol, el mismo que mostró tantas veces a lo largo de aquella temporada, se interna en el área como un puñal. Hierro y Helguera ni le ven pasar. La desesperada salida de Casillas tampoco consigue detenerle. El turco hace el 3-0. En la siguiente jugada, Zidane lanza un pase estratosférico a Ronaldo, que hace lo que mejor sabe hacer, mandar el balón al fondo de la red de Westerveld y, al mismo tiempo, engrandecer el triunfo de la Real. 3-1. ¿Puede el Madrid remontar este partido? Minuto 32. Xabi Alonso recibe el balón y avanza hasta la frontal del área. Con un fabuloso derechazo, coloca el balón en la misma escuadra, donde Casillas no puede llegar. 4-1 y Anoeta enloquece. Saca el Madrid de centro y tras una rápida jugada Zidane envía el balón al palo. Ahora sí. Ahora ya hay convicción de que la Real ganará el partido.
El espectacular fútbol que sirvió para endosarle cuatro goles en apenas media hora al Real Madrid se convirtió entonces en una lección táctica. Denoueix le enseñó a Del Bosque cómo se mata un partido ante un equipo descomunal. Las grandes estrellas del Madrid se sintieron impotentes ante la exhibición de fuerza y talento de Aranburu y Xabi Alonso en el centro del campo, ante el apabullante trabajo defensivo de Kvarme y Jauregi, ante el carácter indomable de Karpin. El Real Madrid sólo pudo acortar distancias cuando faltaban siete minutos para el final, por medio de Porillo. El portentoso primer tiempo de la Real dejó la segunda parte ante todo un Real Madrid en un trámite para la Real y un deleite para los entusiastas de la táctica. Todo funcionó a la perfección: la presión desde los delanteros, la velocidad por las bandas y de un Nihat en estado de gracia, el olfato del mejor Kovacevic, la distribución de balón gracias a un Xabi Alonso impresionante, y una defensa seria y sobria.
“Hay que reconocer la superioridad de la Real. No ha habido color”, dijo Casillas tras el partido. “Ni yo ni nadie de la Real lo vamos a olvidar en mucho tiempo”, apostilló Denoueix. “La Real le deja temblando”, titulo Marca al día siguiente, mientras que As destacaba la “lección galáctica” que había recibido el Madrid. “Apoteósica Real”, decía El País. El Diario Vasco vio una “tarde de magia” y El Mundo Deportivo resumió lo que sentimos aquel día todos los realistas de nuestros jugadores: “Gigantes”. Todos. Desde el primero hasta el último, desde los titulares a los suplentes, desde su entrenador a los que no jugaron. Todos eran unos gigantes que llevaron a los 32.000 espectadores que abarrotaron Anoeta y otros muchos miles de realistas al sueño más bonito que hemos vivido en años. Lástima que no pudiera ser. Pero qué recuerdos más hermosos.
* Por Juan Rodríguez Millán, editor de Corazón txuri-urdin.





