Excepcional
La Real derrota al Salamanca con un buen partido y muchas bajas
La nota positiva: el debut de Javi Ros
La nota positiva: el debut de Javi Ros

En la mayoría de los partidos de Segunda, puede ganar cualquiera. Todos se agazapan y cubren su meta. A partir de ahí, a lo que salga: un día mejor y otro peor. Así durante muchas jornadas. Al principio, porque hay que consolidar conceptos, y después, porque es la fórmula mejor conocida y hay que aguantar lo que se tiene. Muchas veces, en muchos equipos, hasta aburrir.
Pero al final de una temporada, las urgencias pueden, de perdidos al río, obligar a cambiar estilo, juego, jugadores e incluso entrenadores. O no. En el caso de la Real, no. Salvo en Salamanca. Cuando todo apuntaba a que los de Lillo, con tanta baja, saldrían a aguantar la que cayera, firmaron el encuentro más completo del año. Desde el comienzo hasta el final.
El Salamanca salió con ganas y botó tres saques de esquina en el primer minuto. Y se acabó. Los donostiarras no se descompusieron y acabaron los primeros cuarenta y cinco minutos armando el taco. El centro del campo de los dos conjuntos andaba desaparecido. Markel no acertaba a ayudar a Rivas y enfrente únicamente destacaba Quique Martín, en tareas ofensivas. Detrás, nada. Sólo Necati, que repartía balones peligrosos a izquierda y derecha.
En uno de los últimos, Gerardo -muy participativo- picaba el esférico para la carrera de Prieto, que tras un buen control, ponía el balón en el corazón del área. Ahí estaba Agirretxe, un pelín adelantado. Forzado, se tiró al suelo para rematar la jugada y lanzar un trallazo sobre Biel Rivas. 0-1 en el 35'.
Era la guinda a una buena primera parte. El centro del campo de la Real se había equilibrado. Aunque Bergara había mejorado, se resintió de la lesión. Su lugar lo ocupó Javi Ros, que en sus primeros diez minutos ya había disparado a puerta desde lejos. Con carácter, el pamplonés se hizo con el mando de la sala de máquinas blanquiazul, escoltado por un Rivas que acabó inmenso.
Contribuyó que el Salamanca también se la jugaba. De perder, ni siquiera le quedaría seguir luchando por el ascenso a distancia. Por eso -y porque acostumbraba a jugar así- apostó por atacar. La Real lo aprovechó, como lo hizo en Zaragoza y en pocos partidos más. Equipos que se abren, a la cazuela. Eso ocurrió en El Helmántico y los de Amaral se pudieron llevar más goles en contra. Uno de ellos de un penalty cometido sobre Rivas -sí, llegó a aparecer en el área-.
Los dos entrenadores estaban muy activos. El local daba botes cada vez que los suyos no acertaban a realizar lo que les pedía. Lillo quería insuflar ánimos todo el rato. A punto estuvo de tener que sentar a Bravo por Zubikarai. Sacó a Marcos y a Estrada en lugar de Moha y Prieto. Así se lo pidió a Trujillo Suárez, que mostró el cartelón de los de toda la vida para los cambios de la Real.
Para los locales, había un marcador electrónico. No sirvió de nada. Los cambios de Amaral acabaron por desdibujar al Salamanca. Enfrente tenían un rival que, lejos de hacer lo que suele acostumbrar con el resultado a favor, presionaba arriba. Robaba los balones en el centro del campo tal y como quería Lillo. Las únicas dudas sobre el 0-1 estaban en si la Real sería capaz de cambiar su número.
El partido estaba finiquitado. Cuando Agirretxe marca, la Real puntúa. Lo hizo contra el Rayo en casa, en Castellón o en Alicante. Otro más para la lista: Salamanca. Esto y la aparición de Ros son las dos mejores noticias que deja el partido de El Helmántico. Un partido de excepción. Ahora toca hacer uno igual en Anoeta. Después, quién sabe...
Pero al final de una temporada, las urgencias pueden, de perdidos al río, obligar a cambiar estilo, juego, jugadores e incluso entrenadores. O no. En el caso de la Real, no. Salvo en Salamanca. Cuando todo apuntaba a que los de Lillo, con tanta baja, saldrían a aguantar la que cayera, firmaron el encuentro más completo del año. Desde el comienzo hasta el final.
El Salamanca salió con ganas y botó tres saques de esquina en el primer minuto. Y se acabó. Los donostiarras no se descompusieron y acabaron los primeros cuarenta y cinco minutos armando el taco. El centro del campo de los dos conjuntos andaba desaparecido. Markel no acertaba a ayudar a Rivas y enfrente únicamente destacaba Quique Martín, en tareas ofensivas. Detrás, nada. Sólo Necati, que repartía balones peligrosos a izquierda y derecha.
En uno de los últimos, Gerardo -muy participativo- picaba el esférico para la carrera de Prieto, que tras un buen control, ponía el balón en el corazón del área. Ahí estaba Agirretxe, un pelín adelantado. Forzado, se tiró al suelo para rematar la jugada y lanzar un trallazo sobre Biel Rivas. 0-1 en el 35'.
Era la guinda a una buena primera parte. El centro del campo de la Real se había equilibrado. Aunque Bergara había mejorado, se resintió de la lesión. Su lugar lo ocupó Javi Ros, que en sus primeros diez minutos ya había disparado a puerta desde lejos. Con carácter, el pamplonés se hizo con el mando de la sala de máquinas blanquiazul, escoltado por un Rivas que acabó inmenso.
Contribuyó que el Salamanca también se la jugaba. De perder, ni siquiera le quedaría seguir luchando por el ascenso a distancia. Por eso -y porque acostumbraba a jugar así- apostó por atacar. La Real lo aprovechó, como lo hizo en Zaragoza y en pocos partidos más. Equipos que se abren, a la cazuela. Eso ocurrió en El Helmántico y los de Amaral se pudieron llevar más goles en contra. Uno de ellos de un penalty cometido sobre Rivas -sí, llegó a aparecer en el área-.
Los dos entrenadores estaban muy activos. El local daba botes cada vez que los suyos no acertaban a realizar lo que les pedía. Lillo quería insuflar ánimos todo el rato. A punto estuvo de tener que sentar a Bravo por Zubikarai. Sacó a Marcos y a Estrada en lugar de Moha y Prieto. Así se lo pidió a Trujillo Suárez, que mostró el cartelón de los de toda la vida para los cambios de la Real.
Para los locales, había un marcador electrónico. No sirvió de nada. Los cambios de Amaral acabaron por desdibujar al Salamanca. Enfrente tenían un rival que, lejos de hacer lo que suele acostumbrar con el resultado a favor, presionaba arriba. Robaba los balones en el centro del campo tal y como quería Lillo. Las únicas dudas sobre el 0-1 estaban en si la Real sería capaz de cambiar su número.
El partido estaba finiquitado. Cuando Agirretxe marca, la Real puntúa. Lo hizo contra el Rayo en casa, en Castellón o en Alicante. Otro más para la lista: Salamanca. Esto y la aparición de Ros son las dos mejores noticias que deja el partido de El Helmántico. Un partido de excepción. Ahora toca hacer uno igual en Anoeta. Después, quién sabe...


