Jornada 15: Real Sociedad 4-1 Real Unión
Histórico
El partido no tuvo mayor historia. El 3-1 al descanso lo dejaba todo cerrado. Si había dudas, era por el inquilino del banquillo visitante: Iñaki Alonso, el entrenador encumbrado a "gran estratega" tras la eliminatoria ante el Madrid. Nada más.
No era difícil entender el por qué de un marcador tan contundente en un choque que algunos anunciaban de alta tensión, brega, lucha, extramotivado, contienda, agitación, pugna, forcejeo, trabajo a destajo, intensidad y sin hermandades. No hubo nada de eso. Por ahí empezó a perder el Real Unión: Anoeta debió imponer más que el Bernabéu.
La Real no hizo mucho más que el propio Real Madrid en sus mejores tardes de la última época: controlar el partido, tenerlo donde quería -no es poco- y esperar a la ocasión propicia. Minuto ocho. Zapatazo de Labaka desde atrás que el Real Unión no sabe ver, control de Nsue que, aturullado, sirve bien a Bueno, ese killer de área que no corre más de tres metros a la redonda. El balón cayó en esa zona de influencia y movimientos. 1-0.
A buen seguro este tanto influyó en el equipo visitante, pero la Real se limitó a jugar como hasta entonces -apenas ofrecían alternativas vistosas-. Al tran-tran, llegó el segundo, obra de Ansotegi. Y ya que estaba, el tercero. Lo mejor de las gradas resultó ver a los aficionados de los dos equipos hacer la ola. En efecto, los unionistas habían venido de excursión a Anoeta y sus jugadores, que tantas páginas en periódicos y minutos de radio y televisión habían merecido durante la semana para prometer un nivel alto de motivación, se sumaron al jolgorio.
Ni Iñaki Alonso ni Martín Lasarte se fueron contentos al descanso. El segundo porque encajó un tanto en el descuento. El primero que recibía la Real en Anoeta tras los dos del Girona, allá por ¡el 20 de septiembre! Como bien reconoció en la sala de prensa al ser preguntado por las facilidades puestas por el conjunto visitante en los goles realistas, "hay una ley no escrita en el fútbol que dice que los goles suelen ser por errores del rival". Así marcó también el Real Unión y eso le molestó a Lasarte.
Por todo lo que rodeaba al partido, los realistas iban a lo suyo, pero el encuentro fue un calco a los aburrimientos ante Recreativo, Huesca o Córdoba. Salvados por momentos de genialidad o, novedad ayer, flagrantes errores del rival. El resto, eso, a aguantar. Con una defensa cogida por alfileres. Volvía De la Bella, una incógnita tras sus últimos encuentros. A verlas venir y guardar la ropa para nadar: Rivas y Elustondo. Por inercia más que por argumentos, la Real acaba reventando la defensa rival, aunque sea la del Cartagena -que acabó con otro expulsado desquiciado del ataque donostiarra, dígase Bueno-.
Iñaki Alonso, en cambio, tenía más motivos para el cabreo: como poco, tres goles en apenas 40' y una imagen mala en el día D. El del asalto al fortín. Nada de eso ocurrió. Ni hubo opciones para que se atisbara. Sentó a un lento Descarga y a Markel Robles en el descanso y metió a Gabarain y Durán. No hubo revulsivos. La endeblez defensiva del equipo en momentos puntuales había echado por tierra cualquier opción. Queda lejos, pero los de Gal llegaban tras un verano peculiar. De esos que en Donostia hubieran supuesto la toma de la Bastilla: Dimitrijevic, Odair, Danilo, Nininho, Wicha del Río, Silvani y Baggio pasaron a prueba por el equipo. Solo se quedaron con Pedro Alcalá a falta de una semana para el cierre del mercado de fichajes. Este jugador pretendido por el Real Madrid hace dos años, ayer fue expulsado en el minuto 62'.
Poco antes, los unionistas reclamaron penalty y expulsión -entre otras tantas cosas que pidieron a lo largo de la tarde-. Contra 10 y con 3-2, hubiese sido tiempo para soñar. Alonso lo insinuó en la sala de prensa. Nada más lejos de la realidad: pocos minutos más tarde, en el 74', Jauregi pareció salir a coger el Topo y la Real aprovechó esa salida falsa para marcar el 4-1. Mala cama para intentar soñar.
Ni los casi 25.000 espectadores que se dieron cita en Anoeta ni los homenajeados Aitor Zabaleta y Aitor Escamochero desde el cielo. Nadie lo imaginaba. Los unionistas firmaban el empate y muchos soñaban con ganar. Los realistas temían más el hecho de perder opciones de ascender tras dejarse dos o tres puntos que el hacerlo ante el Unión. Bastantes realistas acabaron deseando la salvación tranquila del Unión, aunque prometieron ganar en Irun "y a partir de ahí también que ganen todos los partidos".
Hubo quien se enfadó tras perder el derby. "'Vaya tarde, vaya tarde'", recoge el árbitro -que agotó a unos y a otros- en el acta que le dijo el delegado unionista, Juanjo Francho, "a la vez que me señalaba con su dedo". Razón tenía el delegado, no mucho en lo del dedo. Valdría un diálogo de Don Quijote con su escudero: "Sábete Francho, que no es un hombre más que otro, si no hace más que otro". Ayer, el que hizo menos. Y lo pagó. Sin mayor historia. Tres puntos con los que se contaba al bolsillo y a Castellón.
No era difícil entender el por qué de un marcador tan contundente en un choque que algunos anunciaban de alta tensión, brega, lucha, extramotivado, contienda, agitación, pugna, forcejeo, trabajo a destajo, intensidad y sin hermandades. No hubo nada de eso. Por ahí empezó a perder el Real Unión: Anoeta debió imponer más que el Bernabéu.
La Real no hizo mucho más que el propio Real Madrid en sus mejores tardes de la última época: controlar el partido, tenerlo donde quería -no es poco- y esperar a la ocasión propicia. Minuto ocho. Zapatazo de Labaka desde atrás que el Real Unión no sabe ver, control de Nsue que, aturullado, sirve bien a Bueno, ese killer de área que no corre más de tres metros a la redonda. El balón cayó en esa zona de influencia y movimientos. 1-0.
A buen seguro este tanto influyó en el equipo visitante, pero la Real se limitó a jugar como hasta entonces -apenas ofrecían alternativas vistosas-. Al tran-tran, llegó el segundo, obra de Ansotegi. Y ya que estaba, el tercero. Lo mejor de las gradas resultó ver a los aficionados de los dos equipos hacer la ola. En efecto, los unionistas habían venido de excursión a Anoeta y sus jugadores, que tantas páginas en periódicos y minutos de radio y televisión habían merecido durante la semana para prometer un nivel alto de motivación, se sumaron al jolgorio.
Ni Iñaki Alonso ni Martín Lasarte se fueron contentos al descanso. El segundo porque encajó un tanto en el descuento. El primero que recibía la Real en Anoeta tras los dos del Girona, allá por ¡el 20 de septiembre! Como bien reconoció en la sala de prensa al ser preguntado por las facilidades puestas por el conjunto visitante en los goles realistas, "hay una ley no escrita en el fútbol que dice que los goles suelen ser por errores del rival". Así marcó también el Real Unión y eso le molestó a Lasarte.
Por todo lo que rodeaba al partido, los realistas iban a lo suyo, pero el encuentro fue un calco a los aburrimientos ante Recreativo, Huesca o Córdoba. Salvados por momentos de genialidad o, novedad ayer, flagrantes errores del rival. El resto, eso, a aguantar. Con una defensa cogida por alfileres. Volvía De la Bella, una incógnita tras sus últimos encuentros. A verlas venir y guardar la ropa para nadar: Rivas y Elustondo. Por inercia más que por argumentos, la Real acaba reventando la defensa rival, aunque sea la del Cartagena -que acabó con otro expulsado desquiciado del ataque donostiarra, dígase Bueno-.
Iñaki Alonso, en cambio, tenía más motivos para el cabreo: como poco, tres goles en apenas 40' y una imagen mala en el día D. El del asalto al fortín. Nada de eso ocurrió. Ni hubo opciones para que se atisbara. Sentó a un lento Descarga y a Markel Robles en el descanso y metió a Gabarain y Durán. No hubo revulsivos. La endeblez defensiva del equipo en momentos puntuales había echado por tierra cualquier opción. Queda lejos, pero los de Gal llegaban tras un verano peculiar. De esos que en Donostia hubieran supuesto la toma de la Bastilla: Dimitrijevic, Odair, Danilo, Nininho, Wicha del Río, Silvani y Baggio pasaron a prueba por el equipo. Solo se quedaron con Pedro Alcalá a falta de una semana para el cierre del mercado de fichajes. Este jugador pretendido por el Real Madrid hace dos años, ayer fue expulsado en el minuto 62'.
Poco antes, los unionistas reclamaron penalty y expulsión -entre otras tantas cosas que pidieron a lo largo de la tarde-. Contra 10 y con 3-2, hubiese sido tiempo para soñar. Alonso lo insinuó en la sala de prensa. Nada más lejos de la realidad: pocos minutos más tarde, en el 74', Jauregi pareció salir a coger el Topo y la Real aprovechó esa salida falsa para marcar el 4-1. Mala cama para intentar soñar.
Ni los casi 25.000 espectadores que se dieron cita en Anoeta ni los homenajeados Aitor Zabaleta y Aitor Escamochero desde el cielo. Nadie lo imaginaba. Los unionistas firmaban el empate y muchos soñaban con ganar. Los realistas temían más el hecho de perder opciones de ascender tras dejarse dos o tres puntos que el hacerlo ante el Unión. Bastantes realistas acabaron deseando la salvación tranquila del Unión, aunque prometieron ganar en Irun "y a partir de ahí también que ganen todos los partidos".
Hubo quien se enfadó tras perder el derby. "'Vaya tarde, vaya tarde'", recoge el árbitro -que agotó a unos y a otros- en el acta que le dijo el delegado unionista, Juanjo Francho, "a la vez que me señalaba con su dedo". Razón tenía el delegado, no mucho en lo del dedo. Valdría un diálogo de Don Quijote con su escudero: "Sábete Francho, que no es un hombre más que otro, si no hace más que otro". Ayer, el que hizo menos. Y lo pagó. Sin mayor historia. Tres puntos con los que se contaba al bolsillo y a Castellón.
Ficha técnica
Real Sociedad: Bravo, Dani Estrada, Ansotegi, Labaka, De la Bella, Rivas, Elustondo, Xabi Prieto (Carlos Martínez, min.82), Griezmann (Zurutuza, min.63), Nsue y Bueno (Agirretxe, min.76).
Real Unión: Jauregi, Descarga (Gabarain, min.46), Larrainzar, Alcalá, Gurrutxaga, Beobide, Robles (Durán, min.46), Juan Domínguez (Abasolo, min.74), Aitor Sanz, Brit y Goikoetxea.
Goles: 1-0, min.6: Bueno. 2-0, min.29: Ansotegi. 3-0, min.39: Ansotegi. 3-1, min.45: Domínguez. 4-1, min.73: Nsue.
Árbitro: Melero López (colegio andaluz). Amarillas a Prieto, Griezmann y Labaka; Juan Domínguez, Beobide, Gurrutxaga y Larrainzar; Alcalá, expulsado en el minuto 62 por doble amonestación.
Real Sociedad: Bravo, Dani Estrada, Ansotegi, Labaka, De la Bella, Rivas, Elustondo, Xabi Prieto (Carlos Martínez, min.82), Griezmann (Zurutuza, min.63), Nsue y Bueno (Agirretxe, min.76).
Real Unión: Jauregi, Descarga (Gabarain, min.46), Larrainzar, Alcalá, Gurrutxaga, Beobide, Robles (Durán, min.46), Juan Domínguez (Abasolo, min.74), Aitor Sanz, Brit y Goikoetxea.
Goles: 1-0, min.6: Bueno. 2-0, min.29: Ansotegi. 3-0, min.39: Ansotegi. 3-1, min.45: Domínguez. 4-1, min.73: Nsue.
Árbitro: Melero López (colegio andaluz). Amarillas a Prieto, Griezmann y Labaka; Juan Domínguez, Beobide, Gurrutxaga y Larrainzar; Alcalá, expulsado en el minuto 62 por doble amonestación.
- Crónica EFE.
- Crónica web Real Sociedad.
- Acta RFEF.

1 comentarios:
Que fácil es hablar después de visto...pero yo (un unionista orgulloso), ví antes del partido en muchos rostros realistas el respeto que cualquier club se merece, cosa que después, se perdió, para muestra un botón...yo solo recuerdos que la gran afición siempre está con su equipo, y no me vale de nada que la gente solo se suba a caballo ganador. ¿os a quedado claro? AUPA UNIÓN AUPA!! MÁS QUE NUNCA, porque los datos están ahí, un equipo a bajado su nivel y el nuestro a subido el suyo. Y para acabar, no sé por cuanto tiempo...pero de momento somos de la misma categoría y para saber donde está uno siempre, lo primero que debe hacer es asimilar donde está y repito, hoy por hoy, la Real está en segunda también. Espero que lo asimileis. Un fuerte abrazo desde la muga, y sobre todo felicidades por vuestra merecida vistoria, que al césar... lo que és del césar!
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