02/12/09

En caliente, por Diego Carasusán*

¿Por qué soy de la Real?

Buceando por los foros realistas que abundan en Internet, me topé el viernes con una charla abierta por un tal ‘jonathan schweppes’ que no entendía cómo podía haber personas que, sin haber nacido en Guipúzcoa, fueran seguidoras de la Real.

Como bien sabrán ustedes, yo soy uno de esos. Nací en Tudela (Navarra) hace 32 años, aunque mi familia y amigos son del vecino pueblo de Ablitas, ubicado a tan sólo 10 kilómetros. Esta situación me ha generado siempre un problema de personalidad que mis allegados no me ayudan a resolver. Y es que, mientras mis colegas de Tudela me llaman el ablitero, los de Ablitas me apodan el tudelano. Pero eso sí, lo que todo el mundo sabe sin ninguna duda es que Diego Carasusán es de la Real “hasta la médula”.

Por ello, y como respuesta al tal ‘jonathan schweppes’, les contaré cómo un ‘muetico’ del sur de Navarra puede convertirse en un acérrimo seguidor realista sin necesidad de haber nacido, como Afrodita, de la espuma de una ola en la playa de la Concha.

A mediados de la década de los 70, cuando mi padre saboreaba eso de la mayoría de edad, le mandaron la carta para incorporarse al servicio militar en el cuartel de Vitoria. Ese era un destino muy frecuente para cientos de navarros, entre los que se encontraba el que iba a ser mi progenitor. En esa misma quinta, y dentro del grupo de navarricos a formar, estaba un pamplonés de nombre Jesús María y de apellido Satrústegui que, justo por aquel entonces, había dado el salto del modesto CD Pamplona a la Real Sociedad.

El sorteo de literas hizo que mi padre, al que el fútbol no le atraía demasiado, coincidiera con aquel jovenzuelo pamplonés que, entonces, no era más que una promesa. De todos modos, el hecho de contar con un futbolista en ciernes no pasó desapercibido en el cuartel vitoriano. Los compañeros de Satrus siguieron con atención su evolución en el club donostiarra y mi padre, poco a poco, fue aficionándose a la Real.

Ese veneno txuriurdin se metió en sus venas justo antes de casarse y de tener a su primer hijo, ése que ahora escribe estas líneas. La Real ganó las Ligas, y el apego al equipo fue a más. Por ello, cuando la Real jugaba en casa, mi padre convencía a mi madre y llenaba el depósito de aquel enorme SEAT Supermirafiori para poner rumbo a San Sebastián junto a su pequeño Diego.

Esos viajes al viejo Atotxa son uno de mis mejores recuerdos de infancia. Era como ir a otro mundo…, un mundo siempre verde y donde la lluvia parecía perenne. Y es que, al principio, lo que me fascinaba de esos viajes era cambiar por un día la pequeña Tudela por la gran San Sebastián. Era tan ‘mocoso’ que no prestaba mucha atención al fútbol pero, con el paso de los años, un gusanillo -que ahora tiene el tamaño de una anaconda- empezó a crecer en mi interior. Esas idas y venidas entre Tudela y Donosti me marcaron para toda la vida y, sin darme cuenta, ‘me hice’ de la Real.

Desde entonces, no ha habido un solo día en mi vida en el que la Real no haya estado presente. Está en mi cabeza, late al mismo ritmo que mi corazón, y es parte de mi alma.

Puede que haya guipuzcoanos que no entiendan cómo alguien de fuera pueda ser de la Real, pero quizás el hecho de ser incomprensible haga que ese sentimiento sea todavía más bonito y auténtico.


*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.

1 comentarios:

Nima dijo...

kaixo Diego, escribe siempre muy bien...!
Yo si que puedo entenderte... Soy de la Real y vivo en Roma...
Un abrazo!
Aupa Real!