06/09/09

El cabrón simpático*


No hay término medio. O se adora a John Toshack o se le odia. La expresión que él mismo acuñó para definirse, la del cabrón simpático, le define a la perfección. El galés llegó a San Sebastián para convertirse en el tercer técnico extranjero de la historia de la Real y salió, después de haberse sentado en su banquillo en tres etapas diferentes, convertido en el segundo entrenador que más partidos ha dirigido al conjunto realista, nada menos que 386, y siendo el único, junto a Alberto Ormaetxea, en ganar un título para la Real.

En el libro en el que recoge sus dos primeros años en el equipo, Historias del galés, Toshack recuerda para qué le ofrecieron relevar nada menos que a Ormaetxea. “Se me pedía devolver al club a las competiciones europeas, fomentar un estilo de juego más vistoso y ofensivo, conseguir que la Real marcara más goles y brindar oportunidades en el primer equipo a los jóvenes de la cantera. ¡Casi nada!”. Caiga bien o caiga mal, lo que es indiscutible es que, con esos exigencias sobre la mesa, Toshack triunfó en la Real.

El galés ya conocía a la Real cuando le ofrecieron ser su entrenador. Como jugador del Liverpool disputó la eliminatoria de UEFA de la temporada 75-76 contra el conjunto txuri-urdin. Entonces ya le gustó Atotxa, donde marcó un gol a Luis Arconada en su primer partido con el primer equipo de la Real. En el verano de 1985, a Toshack, recién salido del Sporting de Lisboa, le habían llamado algunos equipos ingleses y algún árabe. Pero apostó por la Real, cuatro décadas después del último técnico extranjero del club, Harry Lowe.

Desde el principio, Toshack tuvo que enfrentarse a problemas y polémicas. En su primer partido de Liga, Arconada se lesionó de gravedad en la rodilla y se perdió toda la temporada. Pocas semanas después, el equipo viaja a Oviedo para jugar una eliminatoria de Copa. Pierde, pero algunos jugadores cenan entre risas. El galés decide viajar en plena madrugada y la prensa acude a Zubieta a primera hora de la mañana para ver la llegada del equipo. El célebre madrugón de Oviedo causó sensación en la hasta entonces tranquila Real.

En apenas un par de meses, ya había quedado claro que la controversia iba a acompañar al nuevo técnico, también por su costumbre de motivar a los jugadores a través de mensajes a la prensa. Y el panorama no era nada halagüeño, puesto que uno ve los objetivos, el de marcar más goles, no se estaba consiguiendo. La Real sólo hizo quince en la primera vuelta de la temporada 85-86. Pero en la segunda todo cambió y el equipo sumó 49, culminando la Liga con una gran goleada, 5-3, ante el Real Madrid. Campaña salvada y optimismo para el futuro.

La grada empezó a dividirse cuando el galés empezó a sacar del equipo primero y del club después a los jugadores campeones. Satrústegui recibió su homenaje al comienzo de la campaña 86-87, Celayeta ya había dejado la Real durante el verano y, cuando quedaba algún tiempo para el final de la competición, anunció que no iba a contar con López Ufarte para la 87-88. Atotxa ya tenía dos bandos, los que estaban a favor de Toshack y los que estaban en contra.

Ambas partes tuvieron que unirse cuando el equipo, con el técnico a la cabeza, alcanzó la final de Copa. López Ufarte, en su último partido de txuri-urdin, marcó el primer gol. Si la grada de La Romareda gritó “No pasa nada, tenemos Arconada” cuando el partido desembocó en los penaltis, Toshack pensó lo mismo. Y cuando paró el penalti decisivo, Toshack disfrutó del momento sobre el campo y después se marchó al vestuario y se bebió una cerveza. Acababa de entrar en la historia de la Real con su primer título de Copa. Tras la final, dijo que un año después volvería a jugarla. Y lo hizo.

Poco a poco, Toshack iba consolidando el relevo generacional en el equipo. Seguían veteranos como Zamora y Arconada, sí, pero esta su Real ya no era la de Kortabarria, Satrústegui y López Ufarte, sino la de Rekarte, Txiki Begiristain y Bakero. Con un fútbol espléndido, el equipo consiguió quedarse a las puertas de los dos títulos en la temporada 87-88, el de Liga (sólo superado por el imponente Real Madrid de la Quinta del Buitre) y el de Copa (la Real fue favorita en la final después del memorable 0-4 en el Bernabéu, pero el Barcelona, siempre el Barcelona, le dejó sin el título).

Y entonces llegó el Real Madrid. Cuando Toshack fichó por la Real sólo pidió que le dejaran marchar si llegaba el club blanco. Y llegó. E hizo historia allí con el famoso Real Madrid de los 107 goles. No duró mucho en el banquillo del Santiago Bernabéu, y regresó pronto a la Real. Primero a la dirección deportiva e inmediatamente al banquillo. Todavía se recuerda en San Sebastián la carrera que se pegó al centro del campo de Atotxa para abrazar a Carlos Xabier cuando éste marcó el gol del empate en el primer encuentro contra el Madrid desde que el técnico volvió a la Real.

En esta segunda etapa, Toshack mantuvo las señas de identidad y sacó numerosos potrillos del Sanse, devolvió a la Real a las competiciones europeas y vivió el cambio de Atotxa a Anoeta. Cuando fue cesado, al poco de iniciarse la temporada 94-95, el galés aseguró que “se puede quitar a Toshack de la Real, pero no a la Real del corazón de Toshack”.

Tras pasar por Deportivo, Besiktas, Real Madrid por segunda vez y Saint-Ettiene, Toshack volvió a la Real. Comenzaba así la tercera etapa. El objetivo era salvar al equipo del temido descenso a Segunda en la temporada 2000-2001, y lo consiguió. Pero la siguiente campaña fue aún más dura. Asumió la labor de manager y quiso poner a otro entrenador en el banquillo, pero la directiva no le dejó. Fue cesado a pocas jornadas del final. Olabe finalizó la tarea de dejar a la Real en Primera.

Es difícil decir si fue un adiós para siempre, pero la tercera etapa de Toshack será probablemente la última. No muchos se lo han reconocido, pero cuando se marchó dejó la base del equipo que un año después estuvo a punto de ganar la Liga. Él trajo a Westerveld, Nihat y Kovacevic en su último mercado de invierno, y repescó a Xabi Alonso. Ese fue su legado. Su techo, la Copa de 1987. Y muchos grandes momentos, tanto para adorarle como para odiarle.


* Por Juan Rodríguez Millán, editor de Corazón txuri-urdin.