12/08/09

“No pasa nada...” *


No era sólo un cántico. Era lo que de verdad sentían miles de realistas cuando el equipo contraria atacaba en el viejo Atotxa. No pasaba nada porque aunque sobrepasaran a todos los jugadores realistas que les salieran al paso, aunque se quedaran solos ante la portería txuri-urdin, todavía tenían que sortear el más difícil de los obstáculos. Al portero de las medias blancas. Al número 1 indiscutible de la Real durante casi quince años. Al único guardameta que ha logrado ser el menos goleado durante tres temporadas consecutivas. Luis Arconada. Al arquero de estiradas imposibles, de reflejos felinos, de carácter indomable. Al capitán más representativo de la historia moderna de la Real Sociedad. Al portero más grande que han conocido varias generaciones de aficionados, y no sólo entre aquellos que tienen el corazón txuri-urdin. A Luis Arconada.

La leyenda más imponente de la centenaria historia de la Real nació el 26 de junio de 1954, se formó en el Lengokoak y debutó con el primer equipo realista en 1975, frente al Liverpool y en Atotxa. Aquello no era todavía su oportunidad de hacerse dueño de la portería realista, pero eso tampoco tardó en llegar. En el tramo final de esa temporada ya le había arrebatado la titularidad a Urruti y, a partir de entonces, ya sólo lesiones y sanciones le apartaron de la portería txuri-urdin hasta que colgó las botas, en 1989 y al mismo tiempo que Jesús Mari Zamora.

En ese tiempo, jugó nada menos que 551 partidos y se convirtió en uno de los pocos realistas que han ganado todos los títulos de la Historia del club: las dos Ligas de las temporadas 80-81 y 81-82 (en estas y en la anterior, la del récord de imbatibilidad, fue cuando ganó el Trofeo Zamora) la Copa de 1987 y la Supercopa de 1983. En su caso, el dato es aún más importante, ya que como capitán recogió los cuatro trofeos.

Un año después de debutar en la Real, Arconada fue a los Juegos Olímpicos de Montreal. Y en 1977 dio el salto a la selección absoluta. Tras el Mundial de 1978, el portero de la Real era también el portero de España. A día de hoy, sigue siendo el jugador txuri-urdin que más encuentros ha disputado con ese combinado, nada menos que 68. Con la selección conoció el lado más ingrato del fútbol.

Hay quien sólo recuerda a Arconada por aquel balón lanzado por Platini en la Eurocopa de 1984, que se le escapó y que dejó a España sin aquel título. Quien lo hace, olvida que si España llegó a la final fue por las prodigiosas intervenciones de Arconada ante Alemania y Dinamarca. Su salida de la selección no se produjo por motivos deportivos y hasta su retirada hubo voces muy importantes que pedían su regreso al combinado nacional.

Tal era la categoría de Arconada, que impidió que grandes porteros tuvieran un hueco más grande en la historia de la Real. Esnaola, Artola, Urruti o Elduayen tuvieron que dejar San Sebastián para poder jugar en otro sitio. Este último fue el encargado de sustituir a Arconada cuando sufrió la única lesión importante de su carrera. Fue en el primer partido de la temporada 85-86, el primero que entrenaba John Toshack y ante el Celta. Su rodilla cedió y se perdió casi toda la campaña.

Atotxa sufrió con su capitán, pero durante meses reunió fuerzas para celebrar con júbilo, casi como un título más, el regreso de su portero. La grandeza de Arconada vino a suceder la del último gran portero vasco antes que él, el también guipuzcoano, aunque del Athletic, Iribar. Con el regreso de la selección vasca en 1979 se escenificó el relevo. Ambos jugaron aquel partido, ante Irlanda. Iribar como homenaje y Arconada por ser el mejor portero vasco del momento.

Gracias a Arconada, hoy son seguidores de la Real miles de chavales de entonces que ahora sobrepasan la treintena, niños guipuzcoanos y de cualquier parte del territorio español. Lo de Arconada tiene mucho más mérito si tenemos en cuenta que nunca quiso salir de la Real, un equipo pequeño que con él y otras cuantas leyendas consiguió alcanzar el Olimpo de los grandes.

El Barcelona de Núñez lo quiso fichar cuando el trofeo Zamora era casi su coto privado de éxitos. El Atlético de Madrid cuando Jesús Gil llegó a la presidencia y vio cómo el meta realista privaba a su equipo de una Copa del Rey dilucidada en los penaltis. Y el Real Madrid siempre, incluso un año antes de retirarse. Pero Arconada siempre quiso estar en la Real. Nada le hacía más feliz. Y eso le hizo aún más grande a ojos del aficionado txuri-urdin. Eso y todas las proezas que le vimos hacer bajo los palos durante tantos años.


* Por Juan Rodríguez Millán, editor de Corazón txuri-urdin.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Enhorabuena por el artículo. Que bonitos recuerdos me ha traído de mi infancia, cuando todos los niños de España queríamos ser como Arconada.

Para mi, el mejor de la historia. Sin duda.