08/08/09

No es lo que era


Treinta años después de su saque inicial cerca de las minas de Riotinto, el fútbol español había dejado de ser el deporte noble importado desde Inglaterra. Las aficiones apedreaban los trenes en los que llegaban los rivales a la ciudad, los plumillas jaleaban como forofos y los jugadores, lejos de medir las entradas, se dejaban llevar por el ambiente.

La cercanía geográfica entre San Sebastián, Irun y Bilbao avivaba las tensiones. Daba igual el nombre de los clubes: si había partido, había gresca. La excepción fue la del Irun Sporting Club-San Sebastián Recreation Club (de camiseta verdeamarilla). Los fronterizos ganaron 1-0 en enero de 1907. La vuelta del desafío lanzado por los donostiarras por la prensa no valió: los segundos jugaron con tres futbolistas que no constaban entre los retadores. Victoria para el Sporting irunés.

La siguiente década fue la de la barra libre para los hooligans de sombrero de copa, levita y guante. A finales de 1909, la Real marcó un gol, el Athletic no estuvo de acuerdo, se retiró del campo y se armó el taco. En 1915, Atotxa presenciaba un escandaloso 2-5 a favor del Rácing de Irun cuando se suspendió el partido. Trifulcas en la grada y los Sena, Echart o Mariano Arrate estaban tan a punto de lesionar la pierna de un rival como de ver cómo la perdían ellos.

Las relaciones entre el Arenas de Getxo y el Athletic también se basaban en mamporrazos hasta que los árbitros dijeron basta en el Noticiero de Bilbao: “Como consecuencia de la ciega pasión que, tanto jugadores como público, demuestran hoy en día; y debido á la cual quieren hacer del noble sport del futbol una lucha innoble y peligrosa, hoguera de odios é ineducación, los abajo firmantes presentan, con carácter irrevocable, su dimisión de árbitros oficiales, cargos que venían ejerciendo sólo por su gran amor á este sport”.

1919 dejó un enfrentamiento similar al de diez años atrás. En la última jornada los dos lucharon por el título hasta que Pepito Angoso, harto del arbitraje “favorable” a la Real, dijo: “Me voy”. Otro jugador unionista fue expulsado y el resto del equipo se marchó detrás. El Real Unión fue eliminado, perdió la oportunidad de poder luchar por la Copa que había ganado el año anterior, billete que caía en manos de una Real que además lograba el primer campeonato guipuzcoano.

El descenso del Real Unión a Segunda en el ‘30 rebajó las tensiones pero los veinte años de broncas dejaron muchas canciones, una goleada increíble a un Boca Juniors que se había deshecho con facilidad de Barcelona, Real Madrid y Athletic ("¿He entendido bien lo del cuatro a cero a favor de los iruneses sobre el Boca?", preguntó el taquígrafo al cronista Joshé Elizalde, Ostikolari) y a una ciudad de Irun a la altura de la capital:

La gran ciudad de Irun, que no tiene rival, frontones, trinquetes y el Stadium Gal. Fábrica La Palmera, Puente Internacional, teatros como el Bellas y como el Principal, el monte San Marcial, el templo del Juncal, el velódromo de Gal, banda municipal… ¡Ya no tenemos envidia a San Sebastián!

La Guerra Civil del ‘36 cambió estos problemas por otros. Real Sociedad y Real Unión no coincidieron en la misma categoría salvo en la 64-65. Hasta este año.


Foto: campo del Racing de Irun (del libro Irun ayer-Irun atzo, de J.M. Castillo, 1983).