04/03/09

En caliente, por Diego Carasusán*

Los palos de la baraja

Además de por sus patatas, Vitoria es ‘mundialmente’ conocida por ser sede de la empresa de fabricación de naipes Heraclio Fournier. Los dibujos de la baraja de esta empresa forman parte de la historia de España y han dado muchas alegrías y tristezas a quienes, alguna vez, las han tenido en sus manos jugando partidas y timbas con dinero -u otros bienes o servicios- de por medio.

Nuestra querida Real se presentó en el ‘reino’ de Fournier para jugar su particular partida. Tras ‘descartar’ las pocas bazas que tenían ante el Hércules, los nuestros acudieron a Vitoria a intentar hacer buena la carta que se suponía tenían bajo la manga, pero sólo consiguieron darse un paseo metafórico por los cuatro palos de la baraja.

El encuentro se presumía como un partido con las ESPADAS por todo lo alto. El recuerdo del penúltimo partido de la Liga pasada todavía estaba muy fresco en ambos conjuntos y el sentimiento de venganza planeaba en la hinchada donostiarra.

Todo se puso de cara cuando Abreu volvió a demostrar cómo se debe rematar de cabeza y aprovechó el pase de Marcos para poner el 0-1. Ese gol, en cualquier otro caso, hubiera significado tres puntos de ORO para el equipo visitante. Los locales, con el agua al cuello, veían cómo el contrario se adelantaba en el marcador y les dejaban contra las cuerdas de la clasificación. Pero cuando quien se pone por delante es la Real, los rivales tienen muy claro que eso no va a terminar así.

Con ese presentimiento planeando sobre la cabeza de los valientes realistas que se desgañitaron en la grada -y de los ‘imbéciles’ que seguimos el partido a través de la televisión-, comenzó la segunda parte. Los peores augurios se comenzaron a hacer patentes cuando los nuestros empezaron a sestear. Una vez más, en lugar de buscar la sentencia, los nuestros parecían haberse ido a tomar unas COPAS al bar de al lado, especulando con el resultado y contando los minutos para el final.

Como estaba escrito, el Alavés volvió a aprovecharse de la candidez de nuestra defensa, que demostró una falta de contundencia alarmante. Sólo era cuestión de tiempo. Los de Vitoria empataron y la grada rugió alertando de lo que estaba a punto de pasar: otra remontada frente a los ‘ñoñostiarras’. Y así fue. Los locales se convirtieron en el Rey de BASTOS y nos dejaron noqueados de un mamporro en el cráneo. Otra vez en la recta final. Otra vez en un saque de córner mal defendido. Otra vez nos fuimos de Vitoria humillados.

Lo peor de todo no es la pérdida alarmante de opciones para el ascenso. Lo peor es la desilusión que esta trayectoria lamentable genera entre los seguidores. De seguir así, muchos van a optar por pasar de ver a la Real y se decantarán por tirar sobre el tapete del bar a jugar al mus con la baraja del amigo Fournier.


*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.

1 comentarios:

Bocha dijo...

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