29/03/09

Efectividad

Un paradón de Zubikarai y la respuesta de gente como Prieto y Marcos, claves

Los de Lillo no han encajado gol en la mitad de los partidos (15)




Y ya van cuatro. El equipo que no encadenaba hace unas semanas ni de chiripa una racha de dos victorias lleva cuatro consecutivas, y todas tienen algo en común: la eficacia. La efectividad.

Ese mismo equipo que hace unas semanas parecía abocado al descalabro, a quedarse en tierra de nadie. Muchos incluso se resignaban a llegar a salvarse con antelación para no tener sustos. El ascenso parecía algo imposible. Pero puede que mañana esté a dos puntos, a tres, o incluso a cuatro. En el peor de los casos seguirá a la misma distancia, porque la Real cumplió su trabajo ganando en un campo difícil.

Y ganó porque este equipo sabe lo que se juega, y porque, como diría Lillo, “la pelotita ha entrado”. Y a fin de cuentas esa es la máxima en el fútbol. El pulgar arriba o hacia abajo del César es lo que definitivamente decide si el equipo sigue o no con vida. Y de momento el equipo sigue vivo. Lo sigue porque ha creído en todo momento en que estaba vivo, porque ha querido demostrarlo, y, ¡qué leches! Porque ahora entra el balón.

No es casualidad, basta mirar cuantas ocasiones tuvimos en Xerez para ponernos 1-3 (tan sólo tres. Después llegaron otras dos), para ver que a la segunda oportunidad clara llegó el primer gol ante el Girona en un partido donde la Real no se acercaba a la puerta rival. Y ayer, bastaron tres ocasiones, tan sólo tres, para que el club txuri-urdin dejase muy tocado, al Castellón, a quien arrebata el sueño del ascenso.

Pronto comenzaron a rodar las cosas para los de Lillo. 0-1 en apenas siete minutos, una buena jugada de Sergio, que manda el balón a banda derecha para que aparezca Carlos Martínez y centre por el suelo a Prieto, que a puerta vacía adelanta al equipo. 0-1. La Real no se cerró atrás, pero tampoco fue arriba a por el segundo. Simplemente se limitaron a pasar los minutos con una buena solidez defensiva.

Carlos Martínez y Castillo volvían a sus fueros, los centrales estuvieron sensacionales. Si colgaban algún balón por arriba ese era de Zubikarai, soberbio en esas tareas y en las de los saques, haciéndonos no tener que añorar al chileno Bravo.

Esa solidez defensiva llegaba hasta Rivas, que volvía al once simplemente para eso, para cortar el fútbol rival. A partir de esa posición estaba el equipo con los problemas de siempre. Aranburu desaparecido en combate en diversas acciones, aparecía para cortar el fútbol pero no llegaba a hacer circular el balón con facilidad.

Lo mismo le pasaba a Sergio, que cuando el equipo no controla la bola sufre, y sufrió sin balones, en clandestinidad, hasta su sustitución por Agirretxe. Marcos a banda cambiada también no sabía a ratos donde estaba el fútbol, y Prieto en punta , a partir del gol se fue diluyendo. Salvaba un poco la papeleta Moha, que se le veía más pendiente de aportar defensivamente para cubrir la peligrosa banda derecha del Castellón, que ofensivamente.

Y pasaron los minutos, y cambió el tiempo y la cosa seguía igual de aburrida, pero suficiente para la Real, hasta que Lillo movió banquillo. Si había sorprendido no dando titularidad a ningún delantero, también sorprendió ver que Agirretxe volvía a salir al terreno de juego antes que Necati. Y a la primera que tuvo, apenas un minuto después de haber salido al campo, Castillo le envió un balón preciso que remató de cabeza al palo contrario.

Un golazo de quitarse el sombrero que ponía el 0-2. Unos minutos después Marcos hacía el 0-3 y el equipo disfrutaba de la cuarta victoria consecutiva, que se dice pronto, y ya piensa en el próximo choque para seguir enganchándose al tren del ascenso. Como dijo Lillo el jueves, esta vez, si ganamos al Nàstic... ganamos al Nàstic.


* Por Imanol López.