My way, por Jurdan Arretxe
Escándalo
Si no es un caso como el de Al-Ghandour en Corea o alguno que sufre el Real Madrid, olvídese de los escándalos arbitrales. No existen. Serán simples errores o confusiones que no habrán permitido la justicia en un rectángulo de juego. Nunca escándalos arbitrales.
Los que detestan el fútbol hablan de este deporte como el protagonizado por "veintidós tíos corriendo detrás de un balón". Siempre se olvidan del trío arbitral formado por cuatro hombres (el cuarto árbitro muchas veces es el que más irrita a un banquillo con sus exigencias incomprensibles). Y son los que tienen tanto por hacer como por callar.
El error involuntario se acaba perdonando. Muchos dicen que los colegiados "fallan". Pero fallan dos veces. Una al no señalar lo que debieron pitar. La segunda, cuando se autojustifican como se justificaría un rey absolutista o un dictador que está un escalón por encima de todos los demás. Con frases como "y si te tiras, tírate mejor", "el Sporting se juega mucho" o "tranquilos, que vais ganando" flaco favor se hacen a sí mismos. Tan solo que echan un poco más de leña al fuego arbitral.
Porque cuando llega la hora de responder ante la sociedad, ante los medios de comunicación, desaparecen. Los lunes, los teléfonos móviles de los árbitros suelen estar apagados. Si comparecen ante la prensa, será para, con la valiente bravuconería que da el escudo del silbato, dar largas larguísimas, no arrepentirse de nada y, en el peor de los casos, sostener que lo volverían a hacer. Inconscientes.
Ejemplo de ello es Alfonso Pérez Burrull. Tras el escándalo en el Bernabéu, no dudó en señalar a Santiago Zuza, del Diario de Navarra, que "sinceramente, no es justo lo que hacéis los medios de comunicación. A partir de ahí yo con quien tenga que hablar ya hablaré, tú por eso no te preocupes que ya somos mayorcitos".
Hablaron a las diez de la noche. El rotativo navarro publicó el martes 20 la breve conversación telefónica con el cántabro y un trabajado perfil del colegiado. Sin histerismos propios del postpartido más inmediato y con reposo. La llamada final a Pérez Burrull corroboró las tesis iniciales.
Y cuando no hablan -mayoría de las veces-, se esconden y se cubren los unos a los otros. Muchos se quejan de los médicos, pero el arbitral es uno de los estamentos más corporativistas que existen en este país. Ni siquiera los ex árbitros, agradecidos eternamente por todo lo que han ganado con el pito en la boca, son capaces de hacer autocrítica.
Si los que de verdad tienen el poder permiten esto, qué otras cosas permitirán. Me pregunto.
Los que detestan el fútbol hablan de este deporte como el protagonizado por "veintidós tíos corriendo detrás de un balón". Siempre se olvidan del trío arbitral formado por cuatro hombres (el cuarto árbitro muchas veces es el que más irrita a un banquillo con sus exigencias incomprensibles). Y son los que tienen tanto por hacer como por callar.
El error involuntario se acaba perdonando. Muchos dicen que los colegiados "fallan". Pero fallan dos veces. Una al no señalar lo que debieron pitar. La segunda, cuando se autojustifican como se justificaría un rey absolutista o un dictador que está un escalón por encima de todos los demás. Con frases como "y si te tiras, tírate mejor", "el Sporting se juega mucho" o "tranquilos, que vais ganando" flaco favor se hacen a sí mismos. Tan solo que echan un poco más de leña al fuego arbitral.
Porque cuando llega la hora de responder ante la sociedad, ante los medios de comunicación, desaparecen. Los lunes, los teléfonos móviles de los árbitros suelen estar apagados. Si comparecen ante la prensa, será para, con la valiente bravuconería que da el escudo del silbato, dar largas larguísimas, no arrepentirse de nada y, en el peor de los casos, sostener que lo volverían a hacer. Inconscientes.
Ejemplo de ello es Alfonso Pérez Burrull. Tras el escándalo en el Bernabéu, no dudó en señalar a Santiago Zuza, del Diario de Navarra, que "sinceramente, no es justo lo que hacéis los medios de comunicación. A partir de ahí yo con quien tenga que hablar ya hablaré, tú por eso no te preocupes que ya somos mayorcitos".
Hablaron a las diez de la noche. El rotativo navarro publicó el martes 20 la breve conversación telefónica con el cántabro y un trabajado perfil del colegiado. Sin histerismos propios del postpartido más inmediato y con reposo. La llamada final a Pérez Burrull corroboró las tesis iniciales.
Y cuando no hablan -mayoría de las veces-, se esconden y se cubren los unos a los otros. Muchos se quejan de los médicos, pero el arbitral es uno de los estamentos más corporativistas que existen en este país. Ni siquiera los ex árbitros, agradecidos eternamente por todo lo que han ganado con el pito en la boca, son capaces de hacer autocrítica.
Si los que de verdad tienen el poder permiten esto, qué otras cosas permitirán. Me pregunto.

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