En caliente, por Diego Carasusán*
Aficionados vs. jugadores
Tengan en cuenta todos ustedes que, pase lo que pase con la renovación de Íñigo Díaz de Cerio, nunca sabremos exactamente el fondo de las conversaciones y esos supuestos acuerdos a los que hayan llegado una y otra parte. De hecho, todavía hoy, tantos años después, estamos discutiendo quién tenía razón en el caso Etxeberria y qué ocurrió entonces en los despachos de Real Sociedad y Athletic Club de Bilbao.
En el mundo profesional, y salvo honrosas excepciones, el tema de los sentimientos queda aparcado y priman intereses mucho más mundanos. Los seguidores que nos guiamos por el amor a un club y unos colores nunca comprenderemos cómo un tipo que todos los días realiza una labor que es el sueño de miles de personas se puede ir a otro equipo -incluido el máximo rival- por cuatro pesetas más. Pero hay que entender que cada persona es un mundo..., y sus circunstancias, con lo que no podemos juzgar a nadie desde tanta distancia como existe entre aficionados y jugadores profesionales.
Lamentablemente, nuestra querida Real es el segundo equipo del País Vasco en cuanto a seguidores y, por extensión, en cuanto a presupuesto. Por ello, con el talonario como principal arma para confeccionar un equipo de fútbol, nuestros vecinos de Bilbao tienen más atractivo. Sobra enumerar los casos de jugadores que han cruzado la A-8 tan sólo por el incentivo de cobrar más, ya que eso de “voy en busca de títulos” es algo que en Bilbao hace tiempo que se enterró.
Pero, como he dicho anteriormente, no quiero entrar a juzgar a nadie. Cada cual es mayorcito para firmar lo que considere oportuno y cargar con sus consecuencias, aunque no lo creyese así el juez que dictó sentencia en el caso Zubiaurre.
¿Han visto la película ‘Fanático’? Su trama es, de forma exagerada, el riesgo que corremos los seguidores de un equipo que ponemos en pedestales a jugadores que, luego, como humanos que son, nos suelen decepcionar.
Lo que deseo destacar en esta columna es algo que repetimos muchas veces, pero que tenemos muy poco interiorizado. A lo que me refiero es que, conforme pasan los años, jugadores, entrenadores, y presidentes pasan, pero los que nos quedamos en el barco somos los seguidores, pegados a ese sentimiento incondicional a un club que nos hace perder dinero, tiempo y salud.
*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.
En el mundo profesional, y salvo honrosas excepciones, el tema de los sentimientos queda aparcado y priman intereses mucho más mundanos. Los seguidores que nos guiamos por el amor a un club y unos colores nunca comprenderemos cómo un tipo que todos los días realiza una labor que es el sueño de miles de personas se puede ir a otro equipo -incluido el máximo rival- por cuatro pesetas más. Pero hay que entender que cada persona es un mundo..., y sus circunstancias, con lo que no podemos juzgar a nadie desde tanta distancia como existe entre aficionados y jugadores profesionales.
Lamentablemente, nuestra querida Real es el segundo equipo del País Vasco en cuanto a seguidores y, por extensión, en cuanto a presupuesto. Por ello, con el talonario como principal arma para confeccionar un equipo de fútbol, nuestros vecinos de Bilbao tienen más atractivo. Sobra enumerar los casos de jugadores que han cruzado la A-8 tan sólo por el incentivo de cobrar más, ya que eso de “voy en busca de títulos” es algo que en Bilbao hace tiempo que se enterró.
Pero, como he dicho anteriormente, no quiero entrar a juzgar a nadie. Cada cual es mayorcito para firmar lo que considere oportuno y cargar con sus consecuencias, aunque no lo creyese así el juez que dictó sentencia en el caso Zubiaurre.
¿Han visto la película ‘Fanático’? Su trama es, de forma exagerada, el riesgo que corremos los seguidores de un equipo que ponemos en pedestales a jugadores que, luego, como humanos que son, nos suelen decepcionar.
Lo que deseo destacar en esta columna es algo que repetimos muchas veces, pero que tenemos muy poco interiorizado. A lo que me refiero es que, conforme pasan los años, jugadores, entrenadores, y presidentes pasan, pero los que nos quedamos en el barco somos los seguidores, pegados a ese sentimiento incondicional a un club que nos hace perder dinero, tiempo y salud.
*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.

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