Olentzero pasa por Albacete
De poder estar cuarta con los mismo puntos que el tercero, la Real se queda novena
Albacete no era una excepción. Por mucho que en los prolegómenos sonara La Guerra de las Galaxias por megafonía, el partido del Carlos Belmonte de galáctico no tenía nada. Un frío que pelaba, una ventolera de escándalo y poca gente en unas gradas pobladísimas en la temporada que Nihat atacaba para la Real ante la Juventus. Anteayer.
Prieto volvía al ‘once’ titular muchos partidos después. Lo hizo de enganche entre dos pivotes destructores que se destaparon como constructores y un Necati que volvió a fallar dos claras ocasiones para romper su virginidad y mojar de una vez. Eibar, Tenerife, Huesca, Celta, Alicante, Albacete y el turco sigue la estela del Andrija Delibasic reprendido por Badiola. Ayer, al acabar el partido, hizo lo mismo con Necati: no se puede perdonar tanto.
En tal caso, y con la fortaleza defensiva que ha mostrado la Real en los últimos partidos, era un final de 0-0. Como en Vigo, aunque sufriendo menos. Los alarmistas incidían mucho en lo peligroso del Albacete, que a sus atacantes había que tener más miedo que el que tenía Sancho Panza ante las ocurrencias de Don Quijote.
Lo que sí temían los albaceteños eran las jugadas de estrategia contra su portería. Lillo lo sabía y toda falta del centro del campo en adelante era para ser colgado en el área local. Uno tras otro, la Real puso más de doce balones en el área de Cabrero, que poco a poco se mostró más seguro, salvando bolas de fuego una detrás de otra. Lo que no lo mataba, lo hacía más fuerte.
Claudio Bravo murió de golpe. Jaime botaba una falta lejana que tras dar un bote en el área, entraba a la derecha de la cabeza del guardameta chileno. 1-0 al cuarto de hora del partido, el canguelo del Albacete era gloria y la Real estaba más congelada que el mástil de la bandera.
Para el descanso, el equipo donostiarra ya había conseguido asustar al guardameta del Albacete, pero el conjunto de Juan Ignacio Martínez se defendía como gato panza arriba y prometía hacerlo también a la vuelta de los vestuarios. Pero a los tres minutos, Marcos, que aunque ha ganado en precisión y calidad, interviene cada vez menos, rompía ese planteamiento.
Lo hacía tras un pase de Xabi Prieto caído a la banda izquierda. El donostiarra apenas pisó su zona natural, su banda derecha, y se dedicó a aparecer allá por donde los jugadores manchegos, más preocupados en defender que en atacar, se lo permitían.
Tras el gol, Lillo siguió igual que con el 1-0. Metido en el abrigo, cruzaba los brazos a la altura de la banda blanca horizontal de la prenda. El empate o la derrota era un resultado muy negativo ante un equipo que lo único valioso que mostró sobre el campo fue los ribetes dorados. Así era normal que el de Tolosa estuviera más enfadado que una mona y que no le faltara razón.
Porque ni con el empate que mantenía en marcha la media inglesa se salvaban los muebles. El Albacete se precipitaba a la hora de sacar las faltas, no acertaba en hilar pases por las bandas y por el centro Markel y Rivas anulaban toda opción que buscaban. El partido estaba sentenciado para que acabara con el 1-2 de la Real.
Hasta que los donostiarras cometieron un nuevo error que tiraba por la borda lo trabajado tras el fallo de Bravo. Markel Bergara echaba por los suelos todo el trabajo realizado al despejar mal un balón del que Diego Costa se valía para marcar, en el minuto 90, el 2-1. La diferencia estaba clara: Necati tuvo tres claras y no metió ninguna; Diego Costa, un regalo, un gol. Y a todo esto se sumaba la expulsión de Marcos en la siguiente y última jugada del partido. Con las faltas que habían hecho los locales y la tarjeta roja la tenía que ver la Real. Quién y un jugador "blando" como Marcos. González González se volvió a cubrir de gloria detalle a detalle hasta la derrota final.
La Real no acabó ganando por falta de ambición al final, falta de punch, falta de velocidad, falta de claridad de ideas, falta de continuidad, falta de insistencia… Y perdió por perder la seguridad atrás y cometer dos errores que el Albacete, como hizo contra el Rayo Vallecano, aprovechó sin necesidad ni posibilidad de hacer nada más. El nivel de los rivales cada día es peor en la Segunda División y la Real se ahoga en la mediocridad. La deportiva y la institucional. Que nos saquen de aquí.

