My way, por Imanol López
Impaciencia
Ya estamos con las dudas. Nos ha entrado el miedo únicamente de pensar en que llevamos dos partidos sin ganar. Los más críticos sólo ven eso, no quieren ver que el otro día si alguien hizo algo fue la Real durante 40 minutos. Tampoco quieren ver que en Alicante, inmerecidamente, nos llevamos un empate. No sé si decir inmerecido por el injusto gol en contra o porque realmente un punto era demasiado, pero es un punto de un campo difícil.
Pero algunos no quieren verlo. La gente sigue pensando que aquí somos la repanocha y en otros sitios nos tienen que dejar ganar. Al fútbol no juegan once personas, sino veintidós, diez jugadores de campo por cada equipo y los porteros. Pero para la gente da igual quién sea el rival, hace dos semanas todo era bonito, ahora feo. Y algunos aprovechan para criticar a Lillo. Sí señor, el mismo que con su sistema eliminó al Zaragoza, el mismo que empató en La Romareda, o anuló al Murcia de Clemente, si es que no se anula él solito.
La gente es resultadista. Y lo siento, pero da pena ver como muchos se las dan de Descartes del mundo del fútbol simplemente porque la pelota entre o no entre, como quien descubre el fuego. Hay mil formas de jugar a fútbol, casi todas buenas, y Lillo está arriesgando. Lo dije hace tiempo, un hombre avanzado a su época, puede funcionar o no funcionar, pero poner en duda a un entrenador con esos números es cuanto menos descacharrante. La Real no sólo tiene, con el tolosarra en el banco, unos números muy buenos, con una única derrota, y de qué manera. Esta Real tiene un estilo de juego, una idea clara, algo que ni la Real de Amorrortu, ni la de Arkonada (pedazo entrenador, tal y como ha demostrado el tiempo), ni la de Bakero. Ni siquiera Coleman o Eizmendi consiguieron darme esa sensación, aunque a favor del primero diré que la plantilla que tenía y la inexperiencia de muchos jugaba en su contra.
Sí, ahora aprovecharé para hablar del primer responsable de que el año pasado soñáramos. Ese entrenador que crucificó todo el mundo, pero al que después muchos aplaudieron por mantenerse en sus trece. Coleman acabó comportándose como un señor, fiestas aparte, y fue el encargado de crear un bloque sobre el que después se crearía lo que hay ahora. Lillo el año pasado tenía a un pedazo crack como Martí, Coleman no lo tuvo, tampoco lo tiene el guipuzcoano ahora, pero los números están para cogerlos. Puede ser un iluminado, pero que alguien me diga qué Real de los últimos cinco años tiene mejor pinta que ésta.

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