8/10/08

En caliente, por Diego Carasusán

Vergüenza

El partido de Sevilla tenía todos los ingredientes para acabar bien. Un rival inferior -por lo menos en edad-; un estadio con dimensiones de Primera pero con una afición de Tercera; y el debut de un delantero extranjero avalado por sus números y alguna que otra imagen de You Tube.

Esperanzado, agarré la bufanda de la suerte, coloqué la estampita de la Virgen de Lourdes y encendí la televisión justo cuando ETB conectaba con el Sánchez Pizjuán. Fue entonces cuando vi cosas que no me gustaron. Pueden ser tonterías, pero hay condicionantes que a nuestro equipo no le van muy bien. Para empezar, el estadio sevillano parecía la Maestranza, con un contraste entre sol y sombra que incluso dificultaba la visibilidad de la imagen en pantalla. Los nuestros calentaban en manga corta, lo que significaba que hacía calor, y ya sabemos todos que eso del aire sur es sinónimo de tarde ‘bochornosa’ para la Real. La última mala noticia llegó cuando los responsables de la retransmisión sobreimpresionaron la alineación realista con Rivas de ‘cerebro’ en el centro del campo.

Mis peores augurios se confirmaron en cuanto el balón echó a rodar. Los dos centrales realistas se encargaban de sacar el balón jugado con los dos laterales muy adelantados. Rivas se ofrecía para desahogar el juego, pero el invento no funcionaba. Si tenemos que basar el inicio de nuestro ataque en una combinación entre Labaka y Rivas, vamos apañados. Con este panorama, no era extraño ver a Bravo jugando en la posición de libre pegando el típico patadón para arriba. ¿Han contado ustedes las veces que retrasa la Real el balón a su portero? Para mí es algo desesperante que se repite partido tras partido, desde hace años, y que me encoge el corazón cada vez que lo veo.

Con el insulso juego realista, y la timidez local, no había visos de que el marcador fuera a moverse a no ser que alguno de los contrincantes cometiera un error de bulto…, y ese fuimos nosotros. Gerardo sólo tenía que colgar el balón parado al área, pero decidió jugar en corto, sin contar con el defensa que tenía delante (casi igual que hizo Messi cuatro horas después). El Sevilla montó el contragolpe, pero sólo un jugador se aproximó al área realista. Los ‘lima limón’ que rodearon al atrevido sevillista debieron pensar que el rubio pelo que lucía se debía a alguna enfermedad contagiosa, ya que ningún defensor hizo ademán de arrebatarle la pelota. Ante tanta pasividad, el joven finés la clavó en plena escuadra, como hace unos años hizo Riquelme en Anoeta.

De ahí en adelante sólo hay una palabra para definir lo que ocurrió: vergüenza.


*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.