En caliente, por Diego Carasusán
Patatas podridas
Nunca había visto a mi equipo en Segunda y, desde entonces, nos hemos tenido que tragar muchos sapos. La verdad es que antes de bajar, los realistas sufrimos afrentas importantes en forma de remontadas difíciles de digerir y de puñaladas traperas protagonizadas por aquellos a los que muchos realistas consideraban “hermanos”.
Ahora, en esta Liga Adelante, tan lejos de las estrellas que un día tocamos con la mano, tenemos que sufrir un peregrinar por el desierto en el que seguimos penando y soportando vergüenzas deportivas que engullimos casi cada domingo.
Cierto es que el equipo ha comenzado bien la temporada, pero el sábado tuvimos que soportar que los del Alavés, a los que tantas ganas (siempre deportivamente hablando -que no se moleste nadie en Vitoria, ¡por Dios!-) tenemos, nos empataran un partido que ganábamos en el segundo 10. El autor del tanto realista fue el ex albiazul Sergio Rodríguez. Todo apuntaba a que la suerte nos iba a sonreír: gol tempranero y obra de un ex jugador del equipo rival…, ¡la historia al revés! Pero no. Llegó la lesión de nuestro mejor hombre sobre el campo y los de Vitoria se hicieron acreedores al gol que consiguieron.
En estos tiempos que nos han tocado vivir, los realistas tenemos que soportar considerar “derby de alta tensión” a esos partidos contra el Alavés que antes eran meros trámites para conseguir una victoria; o a los encuentros contra el Eibar, que sólo se veían en pretemporada o en el extinto Trofeo Euskadi que televisaba entre semana ETB.
Este sábado, sin ir más lejos, llegará otra humillación. La Real jugará en Sevilla, algo que, hace pocos años, era un encuentro clásico de la Liga entre dos equipos de la parte media alta. Ahora, nuestro equipo se tiene que medir al filial hispalense en la Ciudad Deportiva para no estropear el césped del Sánchez Pizjuán, ya que, al día siguiente, el Sevilla juega allí contra el Athletic.
Más vale que subamos a Primera cuanto antes, porque este olor a patatas podridas no lo aguanto más.
PD: Con motivo de mi último En caliente, hubo un buen número de comentarios de internautas sobre mi columna y una sarta de insultos hacia mi persona que retratan a sus autores. Entre ellos había uno que me llegó al alma. Era uno que me comparaba con el mismísimo Adolf Hitler. No creo que tenga mucho que ver con el dictador germano, pero tengo que reconocer que cuando el Alavés empató el partido… ¡me dieron ganas de invadir Polonia!
Ahora, en esta Liga Adelante, tan lejos de las estrellas que un día tocamos con la mano, tenemos que sufrir un peregrinar por el desierto en el que seguimos penando y soportando vergüenzas deportivas que engullimos casi cada domingo.
Cierto es que el equipo ha comenzado bien la temporada, pero el sábado tuvimos que soportar que los del Alavés, a los que tantas ganas (siempre deportivamente hablando -que no se moleste nadie en Vitoria, ¡por Dios!-) tenemos, nos empataran un partido que ganábamos en el segundo 10. El autor del tanto realista fue el ex albiazul Sergio Rodríguez. Todo apuntaba a que la suerte nos iba a sonreír: gol tempranero y obra de un ex jugador del equipo rival…, ¡la historia al revés! Pero no. Llegó la lesión de nuestro mejor hombre sobre el campo y los de Vitoria se hicieron acreedores al gol que consiguieron.
En estos tiempos que nos han tocado vivir, los realistas tenemos que soportar considerar “derby de alta tensión” a esos partidos contra el Alavés que antes eran meros trámites para conseguir una victoria; o a los encuentros contra el Eibar, que sólo se veían en pretemporada o en el extinto Trofeo Euskadi que televisaba entre semana ETB.
Este sábado, sin ir más lejos, llegará otra humillación. La Real jugará en Sevilla, algo que, hace pocos años, era un encuentro clásico de la Liga entre dos equipos de la parte media alta. Ahora, nuestro equipo se tiene que medir al filial hispalense en la Ciudad Deportiva para no estropear el césped del Sánchez Pizjuán, ya que, al día siguiente, el Sevilla juega allí contra el Athletic.
Más vale que subamos a Primera cuanto antes, porque este olor a patatas podridas no lo aguanto más.
PD: Con motivo de mi último En caliente, hubo un buen número de comentarios de internautas sobre mi columna y una sarta de insultos hacia mi persona que retratan a sus autores. Entre ellos había uno que me llegó al alma. Era uno que me comparaba con el mismísimo Adolf Hitler. No creo que tenga mucho que ver con el dictador germano, pero tengo que reconocer que cuando el Alavés empató el partido… ¡me dieron ganas de invadir Polonia!
*Diego Carasusán es escritor (autor del libro "Txapeldunak" en conmemoración de los 25 años de la primera Liga de la Real), presidente de la Peña Real Tudela y periodista del Diario de Navarra.

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